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Mandy: Nicolas Cage y sus cosas

A Nicolas Cage lo adoras o lo detestas, justo como pasa con algunos amigos. A menudo suele moverse en el filo de la navaja tanto en sus actuaciones como proyectos, a punto de caer en un montón de estiércol o sobre mullidas almohadas . Un tío que se cambia su apellido de Coppola a Cage por el superhéroe negro de Marvel, Luke Cage, merece todo mi respeto. Además, con aquel movimiento estaba plantando la semilla de algo que podía llegar a ser increíblemente demencial.

La gente en los 70 sabía lo que era la elegancia

Desde Corazón Salvaje de David Lynch a Besos de Vampiro de Robert bierman, que la pillabas en el videoclub por la portada con la esperanza de que saliesen vampiros haciendo algún sexy time y lo que te aportaba era una experiencia cercana a la fiebre estomacal, Nicolas Cage da todo en sus interpretaciones y si hace falta babea, aúlla, se ríe como un demente o come m&ms de una copa de Martini mientras ve vídeos de chimpancés haciendo kárate.

«No te atrevas a juzgarme. ¿Me da uno señor Cage? ¡N0!»

Mandy, de Panos Cosmatos, es la película ideal para Nicolas Cage; aquella en la que puede dar rienda suelta a todo su poder y mostrarnos que, en todo el firmamento, solo existe una estrella y esa es la supernova Cage. Bueno, pues no. Debo decir que para ser una peli tan loca, con un actor tan loco, Nicolas Cage está más controlado que de costumbre. No me malinterpretéis: controlado para Nicolas Cage es como cuando sales una noche de tranquis y acabas durmiendo con un pingüino en el zoo. Y cuando el formato encaja con Nicolas Cage, cuando da la sensación de estar mas acotado y, por qué no, más dirigido, nuestro amigo ofrece grandes resultados.

Mandy es como Nicolas Cage: una puta locura. La historia narra cómo un leñador (dejar a Nicolas Cage con un hacha en sus manos no es buena idea, como se verá más adelante) y su novia son atacados por unos sectarios jipiosos rollo Manson, porque el sumo sacerdote de esta familia feliz se quiere zumbar a la novia del protagonista. Los chunguisectarios invocan a unos motoristas infernales que parecen cenobitas de Hellraiser para que les hagan el trabajo sucio y rapten a la chica. Cuando el rehén se encuentra delante del líder de la secta, se parte el culo en su cara y el tipo, que se cree una especie de dios, no se lo toma a bien. Así que queman a la chica viva y a Cage lo dan por muerto, cosa que lamentarán más adelante. Cage se libera y emprende una venganza inmesericorde y sangrienta contra todos estos individuos, enseñándoles lo que es el verdadero terror. Si hay varias personas con las que no te tienes que meter, una de ellas sería, sin lugar a dudas, Nicolas Cage. Otras quizás sean DiCaprio, Clint Eastwood y Bugs Bunny.

Tener barba te lleva de sujetar a señoras que parecen veinte años mayores que tú en la cubierta de un trasanlántico a quemar sectarios con un lanzallamas

Es un estilo de venganza que podrían emprender Conan, Ash de Evil Dead… Tíos capaces de subir por la espalda de un mal venido de otra dimensión para sacarle las tripas por los ojos; un estilo de venganza propio del tío que lleva la máscara de Jason en Splatterhouse que, para quien no lo sepa, es un videojuego en el que, también, unos demonios secuestran a la novia del prota y este, ni corto ni perezoso, se pone una máscara de hockey mágica que le da superpoderes para desmenbrar monstruos. Es una copia de Evil Dead, con una enorme cantidad de gore de muy buen gusto y que, no se si por coincidencia, se parece mucho al argumento de Mandy. De todas formas, Nicolas Cage no necesita máscara mágica para helar la sangre del diablo. Tiene la suya.

Podemita aplicando medidas abortivas

Ya sé que las muecas de Nicolas Cage podrían ocupar una galaxia entera, pero también hay que hablar del resto de la película. A mí me recuerda a la portada de un disco de un grupo de los 70, con sus doncellas guerreras volando encima de pegasos con un arcoiris de fondo. Ese espíritu se cuela en la cinta a través de los cuadros repartidos por la casa de la parejita feliz: tigres en paisajes psicodélicos, con el filtro rojizo-morado que tan bien representa al estilo de esa época. Una especie de cálido flujo sanguíneo inunda toda la película e incluso en ocasiones rezuma por encima de ella. Posiblemente, lo más reseñable es la técnica que Panos Cosmatos, el director, emplea para que la película parezca un viaje por el organismo de un adicto al LSD. Lo consigue de forma magistral con su fotografía y el montaje, pero también con el atrevimiento de incluir trozos de animación e incluso un anuncio de televisión de lo más perturbador, en el que sale un goblin que vomita macarrones con cheddar sobre unos niños. Todo es sólido y los distintos elementos se suman hasta construir una sola entidad, como lo hacen los zords que dan forma al Megazord en Power Rangers.

En breves en la casa de sus abuelas, junto al cuadro 3d de La última cena

Si viera Mandy con diecisiete años, sería como la primera vez que vi Evil Dead. Entretenida, salvaje, sangrienta y otra vez entretenida. El ritmo de la película no te deja ni un segundo para pensar «¿quién es más fuerte, Goku o Superman?». Por supuesto, Goku. Además, es tan climática que consigue meterte de lleno en la historia de venganza de Nicolas Cage haciéndote olvidar su careto. Mandy es un paseo al infierno y, como el inframundo, está llena de cabareteras. Así que es un lugar muy diver para quedarse.

Nicolas Cage absorbiendo almas por sus ojos

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7 comentarios

    1. Habría que ser un sectario para no deducir que una película como esta, con referencias bastante obvias, iba a alimentar (como tantas otras) opiniones bastante coincidentes. Por lo demás, este artículo es cortito y gracioso, y no tarda 402 días en completar su órbita.

  1. Me imagino al autor de este artículo, gordo, con moño y barba con migas de Doritos, con un albornoz robado de un spa de Torrevieja y unos gayumbos Tarzán, que se llevó una silla de la cocina al ordenador porque la del ordenador le jode la espalda.
    Si eres tú, búscame en friknder, tengo salsa barbacoa y fingers del masymas

    1. Yo en cambio te imagino en tanga de leopardo fustigandote las nalgas peludas y con tarzanitos mientras lloras y recitas como un mantra soy normal! Soy normal!

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