Cinefórum XCVI: Un método peligroso

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Pocas maneras más oportunas de continuar con los misterios de la mente humana que rescatando Un método peligroso (2011), film de David Cronenberg que primero fue libro y después obra teatral, pero que antes había sido historia; la de un «ménage à trois» (palabras del director) psicológico entre Sabina Spielrein, Carl Jung y Sigmund Freud.

A comienzos del siglo XX, Sabina (Keira Knightley), una joven e inteligente chica rusa, se convierte en paciente de Jung (Michael Fassbender), quien le aplicará exitosamente el método del psicoanálisis mientras ambos establecen una convulsa y secreta relación pasional. Al mismo tiempo, Jung crea un intenso vínculo profesional y personal con Freud (Viggo Montersen), mentor y amigo que con el tiempo y por discrepancias teóricas se acabará separando de él mientras acoge como discípula a la propia Sabina.

Sostenida por la solvencia interpretativa del trío protagonista y espoleada por un guion de claras hechuras literarias y una sobria puesta en escena, la historia se presenta como el relato de una turbulenta madeja personal en la que las pasiones humanas y los debates intelectuales se entremezclan humanizando a tres psiques tan privilegiadas como vulnerables. Porque, en su camino hacia las profundidades de la mente humana, la figura del investigador y del paciente se entremezclan, transformándose y determinando lo que son.

No obstante, la estética y el armazón narrativo de corte clasicista de Un método peligroso no deben engañarnos: en ellos subyacen las obsesiones recurrentes del cine de Cronenberg. Desde los vaivenes de la razón y lo irracional, hasta la pulsión de la sexualidad, la dualidad cuerpo-mente o la delgada línea que puede separar ciencia y misticismo. De hecho, es precisamente la luminosidad aparente de su propuesta la que nos puede cegar para no ver que, en realidad, los espectadores hemos sido psicoanalizados por el cineasta.

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