Seriéfilo: octubre de 2019

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Como quien no quiere la cosa nos plantamos en octubre, mes rotundo sobre el que se levanta el infranqueable muro que separa el verano del invierno (obviamos la primavera y el otoño por eso del cambio climático). Y es que da igual lo revuelto que venga el tiempo, que lleguemos a casa en camiseta de tirantes o bajo kilos de plumíferos y capas de ropa; con paraguas y botas de agua o con chanclas y gafas de sol. Octubre tiene algo que va más allá de los fenómenos meteorológicos y que señala el comienzo de la oscuridad: es, nada más y nada menos, el mes del cambio de hora, ese gran invento que permite que oscurezca una hora antes y que nosotros, audaces seriéfilos, aprovechamos para refugiarnos en nuestras madrigueras para disfrutar de un capítulo más (o incluso dos, si se trata de una comedia al uso). Octubre será recordado por dar el pistoletazo de salida a una larga serie de dolorosas despedidas que, además, no acabará hasta bien entrado el 2020 y que nos dejará huecos en la parrilla televisiva difíciles de reemplazar. No obstante, no avancemos acontecimientos. Vamos a comentar todo lo ocurrido durante este atípico mes.

Recalcando este calificativo, atípico y sin que sirva de precedente, empezaremos este resumen hablando sobre una película. Quizás lo más esperado del mes para la comunidad seriéfila era la película, anunciada a bombo y platillo por Netflix, de El camino (Vince Gilligan, 2019), una secuela de la obra de culto Breaking Bad (AMC) y que trata de dar luz a la pregunta, nunca formulada por los seguidores de la serie, sobre qué había pasado con Jesse Pinkman.

Tan innecesaria como prescindible, El camino es una película que no molesta, pero que tampoco aporta nada al universo de Breaking Bad; pequeñas pinceladas que no descubren nada nuevo y que transcurren mansamente sobre las aguas de la intrascendencia. Es cierto que no se hace pesada, pero parece más bien un capítulo innecesariamente alargado de mitad de temporada que una película que pretendía ser el colofón final a una serie que ya de por sí fue superlativa.

Nos reencontramos aquí con viejos personajes, recuerdos pasados de Jesse, diseminados en escenas costumbristas de un universo que ni luce por sí mismo ni por lo que cuenta la producción. La cinta parece metraje desechado de la serie original, carente de escenas nuevas potentes que pudieran conformar una película de primera fila. No molesta, como digo; es entretenida sin más y, aunque se esperaba mucho, al menos no estropea el legado de Walter White. Para los más nostálgicos de la serie original, Better Call Saul (AMC) sigue siendo la mejor opción. Ella sí que complementa los acontecimientos sucedidos en Breaking Bad y consigue aportar un trasfondo para entender mucho mejor a los personajes de la serie original.

Volviendo al mundo de las series, empecemos por las despedidas, alguna más dolorosa que otras. Tras cuatro temporadas nos deja Preacher (AMC), esa alocada adaptación del cómic del mismo nombre que, para ser honestos, nunca pensé que pudiera cerrarse tal y como los guionistas planearon. Hay que reconocer que logra transmitir el espíritu de Garth Ennis y el dibujante Steve Dillon y, a pesar de las licencias que se toma, el aire gamberro, cínico, malsano y áspero del cómic está presente a lo largo de todos los capítulos. A pesar de ello, hay cosas que el papel aguanta y el celuloide no y, siendo sinceros, el tema no era fácil de domesticar.

Lo positivo es que la serie se cierra de forma satisfactoria y que la primera temporada, aunque más lenta que el resto de la serie, funcionó muy bien. Por el medio, dos temporadas erráticas que vagaban entre locuras y subtramas que sorprendían en su planteamiento porque eran salvajes y estaban pasadas de vueltas, pero que enseguida se venían abajo. Tengo que reconocer que en varios momentos de la tercera temporada y alguno al comienzo de la cuarta, me vi tentado a abandonar la serie por la deriva tan dispersa que había tomado (y eso que yo me he leído el cómic, por lo que no quiero ni imaginar lo perdidos que se habrán encontrado aquellos que, sin conocerlo, se hayan adentrado en esta experiencia tan bizarra). Creo que una temporada menos le hubiese venido bien a la serie y habría proporcionado un resultado final más redondo.

Menos dudas presenta la segunda despedida del mes, ya que se va una de las grandes historias de los últimos años; una de esas que solo el binomio HBO y David Simon parecen saber producir. The Deuce nos deja tras tres temporadas en un último acto sobresaliente. Una historia atemporal que se podrá revisitar en cualquier momento y que, con toda seguridad, no perderá vigencia. Los bajos fondos de Nueva York nunca resultaron tan acogedores ni las clases desheredadas tan cercanas. Prostitutas, proxenetas, encargados de tugurios, traficantes… Simples números en las estadísticas, perdedores de manual, chusma sin rostro de la que Simon nos muestra un pedazo, con sus sueños y sus defectos, sus debilidades y sus ganas de mejorar. Todo expuesto desde una brutal honestidad que hace que sintamos ese barrio de Nueva York como algo vivo, que no se detiene con los títulos de crédito finales, porque tras ellos y lejos de nuestra mirada mantienen su lucha por seguir adelante y sobrevivir.

Otra serie incomoda, áspera, y que, sin saber cómo o desde cuándo, acabas echando de menos en cuanto se termina. Es entonces cuando somos conscientes de que hemos presenciado algo muy grande.

Por otra parte, y sin ser un gran conocedor de la música rap, siempre me han fascinado las historias que se esconden tras esos poetas callejeros estrafalarios, en muchos casos portavoces de los gritos ahogados de todos aquellos que no tienen voz. Si hace tres años Netflix nos acercaba a este mundillo en forma de fábula adolescente con The Get Down, ahora nos llega la otra cara de la moneda con Wu Tang: An American Saga (Hulu) una historia  cruda y realista sobre el nacimiento de una de las bandas de rap más influyente y rompedora de principios de los años 90, Wu Tang Clan. Más allá de la música, muestra la vida sobre el alambre en los suburbios de Nueva York, la marginación, la pobreza y la violencia con la que los jóvenes conviven a diario y que se refleja en sus letras. Sin ser una serie perfecta, cuenta con unas interpretaciones correctas, posee una historia interesante y un ritmo creciente que se precipita en los últimos capítulos para terminar bruscamente en el momento álgido.

Y para terminar, tengo que hacer mención a la segunda temporada de Kobra Kai (Youtube Red), esa delicatessen nostálgica que nos devuelve los personajes de Karate Kid (John G. Alvidsen, 1984) treinta y cinco años después. La serie remarca los aciertos de la primera temporada, recuperando personajes emblemáticos de la película original e incidiendo en la rivalidad entre Johnny Lawrence y Daniel LaRusso; sin embargo, también repite los mismos errores. Y es que las tramas adolescentes siguen siendo muy simples y los personajes demasiado infantiles y planos, quedando muy descompensados en relación con los adultos. Quizás gente más joven lo vea justo al revés y no aprecie las referencias a las películas antiguas, pero eso no impediría que la serie se quede a medio camino. Aun así, y gracias a unos episodios muy ágiles, lo bueno brilla muy por encima de los aspectos más flojos y, aunque deja un regusto amargo, eso convierte Kobra Kai en una serie muy disfrutable.

Hasta aquí las novedades del mes. A partir de ahora nos adentramos en una época oscura que será más llevadera gracias a estrenos como el de Watchmen (HBO), con un piloto que hace prever grandes cosas, o la vuelta de una de las sorpresas terroríficas del año pasado, Castle Rock (Hulu),  basada en los escritos de Stephen King. Ideal para las noches otoñales de fantasmas y brujas. De todas ellas y muchas más hablaremos ya en el aquelarre del próximo mes. Estáis todos convocados.

El seriéfilo

Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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