HIM: cuando el amor y la muerte se abrazan (y no se separan hasta ocho discos después)

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En España, excepto para los afortunados que tuviesen televisión por cable o satélite, HIM (His Infernal Majesty) era un grupo desconocido hasta el año 2000, momento en el que, a lomos del que se iba a convertir en su disco bandera, Razorblade Romance, llegaron directamente a los circuitos de radiofórmula tras arrasar en las listas europeas. Antes, en su Finlandia natal, y en Alemania, juez de referencia continental en lo que a géneros rockeros se refiere, se habían ganado un puesto de honor como una de las bandas más prometedoras del momento: su refrescante propuesta de rock oscuro y espíritu romántico, aderezada con la estudiada imagen de su líder, Ville Valo, quintaesencia del frontman maldito, se presentó como un cóctel imbatible para una audiencia que por entonces aún se dejaba seducir por los sonidos metaleros. No se puede entender el interesante resurgir gótico de comienzos de siglo (y la cuestionable aparición posterior del EMO) sin el éxito de Su Majestad Infernal. Ahora que su carrera llega al final (la gira de 2017 será la última), parece un buen momento para rememorar una historia que, como a ellos tanto les gusta, está repleta de luces y sombras.

Su Majestad Infernal: amor y muerte llegados desde el frío

Es evidente que el frío y la falta de luz de los países escandinavos nos ha proporcionado un número casi infinito de artistas memorables. Para desgracia de los nórdicos (cuentan con el mayor índice de suicidios del mundo y con unos niveles de alcoholismo que ríete tú de los botellones españoles), el clima les ha dotado de una atávica melancolía que, no obstante, en el arte de la música se ha traducido en una sensibilidad creativa deslumbrante. En estas lides, y en concreto en el ámbito del rock, Finlandia ha sabido conjugar como nadie contundencia guitarrera y sentimiento nostálgico. La lista de nombres que lo atestiguan es apabullante.

De entre todos ellos, quizá sean HIM quiénes más rédito comercial le han sabido sacar a la fórmula. Pese a que su monótono devenir artístico les ha empujado poco a poco a cierta indiferencia (tampoco demasiada, sus conciertos han seguido colgando el cartel de sold out por medio mundo), no se puede ignorar que la banda de Ville Valo se ha ganado, con justicia, la consideración de estandarte del rock melancólico.

El grupo nació en Helsinki y la leyenda cuenta que su primera demo vio la luz en 1992. La supuesta grabación, de nombre Witches and Other Night Fears, estaría en posesión de su líder y fundador, aunque no debemos descartar que se trate en realidad de una casete cutre con la grabación de unos colegas aporreando sus instrumentos. De lo que no cabe duda es de que la primera maqueta oficial apareció en 1995, de título This is Only the Beginning, con la cual consiguieron que la discográfica BMG los contratase atraída por su versión del Wicked Game de Chris Isaak. En 1996, Hiilli Hiillesma, productor que se convertiría poco después en referencia del metal gótico europeo, se los llevó a los estudios Fintvox para grabar el E.P. 666 Ways to Love: Prologue. HIM, por entonces His Infernal Majesty, contaban ya con el núcleo de miembros que se mantendría inmutable hasta hoy: Ville Valo como vocalista, compositor y letrista, Mikko Lindström (de nombre artístico Linde Lazer) a la guitarra, y Mikko Paananen (Migé Amour) en el bajo. Juhana Rantala completaría el cuadro tocando la batería. La personalidad de la banda, aún en formación, ya ofrecía entonces su distintivo espíritu Sabbath, tanto en la pesadez sonora como en la oscuridad de sus letras, las cuales además empezaban a mostrar esa recurrente obsesión por la fatalidad del amor que se acabaría convirtiendo en su seña de identidad lírica: mucho amor y mucha muerte, con un atrezo satánico de andar por casa.

Tras abrirse un incipiente hueco en la escena underground finesa, HIM se metieron al estudio en 1997 para grabar su primer disco, Greatest Lovesongs Vol. 666, que sería publicado el 20 de noviembre de ese año. La formación había añadido para la ocasión a un teclista oficial: Antto Melasniemi. De nuevo con Hiillesma en labores de producción, facturaron un álbum que sorprendió a la crítica especializada por su madurez y que se coló en lo más alto de las listas de ventas con temas perfectamente radiables como Your Sweet Six Six Six (lo de las referencias al número de la bestia empezaba ya a parecer algo tan gratuito como preocupante), o su primer gran éxito, Wicked Game, canción que sirvió de carta de presentación perfecta para la banda: una combinación de pop melancólico con guitarras pesadas y estética oscura. Una declaración de principios que se mantendría impertérrita hasta el último single de su discografía, al igual que la omnipresente imagen de su líder (especie de Jim Morrison redivivo en clave byroniana), la cual sería explotada sin disimulo para atraer la atención del público femenino.

Greatest Lovesongs Vol. 666 supuso un debut deslumbrante, en la línea del mejor metal gótico de bandas vecinas como Sentenced (con la que, por cierto, compartirían productor), pero con mucha más gancho comercial. Si bien sorprende encontrarse en un disco de solo nueve canciones con otra versión nada menos que del (Don’t Fear) The Reaper de Blue Oyster Cult, una auténtica joya revisionada con piano y coro femenino; temas tan redondos como The Heartless, When Love and Death Embrace, Our Diabolikal Rapture, It’s All Tears (Drown In This Love) o For You, demostraban que HIM eran mucho más que un grupo de covers.

Convertidos en la banda joven más importante del momento en su país y habiendo llamado la atención de un público rockero tan exigente como el teutón, su desembarco en Europa parecía cuestión de tiempo.

Un romance cortante con el que seducir a Europa

El potencial internacional de HIM era evidente, y para su segundo larga duración BMG puso toda la carne en el asador: contando con un nuevo batería (el inmenso, en todos los sentidos, Gas Lipstick) y un nuevo teclado (Juska Salminen, aka Zoltan Pluto, músico que les había acompañado en parte de sus conciertos anteriores y que dotaría a la banda de un sonido definitivamente distintivo), se fueron a los Rockfield Studios de Gales (Bohemian Rhapsody, What´s the Story – Morning Glory?) y se pusieron en manos de John Fryer (Depeche Mode, Nine inch Niles, White Zombie, Paradise Lost, Cradle of Filth). El resultado estuvo a la altura de lo esperado.

Razorblade Romance fue publicado en Finlandia el 19 de Diciembre de 1999 y poco más tarde, amparado por el número 1 conseguido en su país y en Alemania, daría el salto a Europa en una versión internacional en la que se incluirían, regrabados, los dos temas más populares de su primer disco (Your Sweet Six Six Six y Wicked Game). Sus ventas en toda Europa rondarían los dos millones de ejemplares, todo un hito para un grupo de procedencia finlandesa.

A esas alturas, HIM ya habían perfilado completamente su personalidad: la nota de prensa del álbum en España los definía como los hijos bastardos de un cruce entre Depeche Mode, Iggy Pop y Black Sabbath, y por una vez la mercadotecnia discográfica no daba gato por liebre. Con un sonido más depurado que su predecesor, la producción de Fryer fundía las guitarras de escuela Sabbath con melancólicos teclados y melodías pegadizas, aderezado todo ello por una sugerente y juguetona voz, tan pronto aterciopelada como cargada de gravedad. Al combo había que añadirle el oscuro romanticismo de sus letras, así como una renovada imagen liderada por un andrógino vocalista que jugaba las cartas del glam rock desde la provocativa portada (en rosa chicle, a decir del propio grupo, para dejar con el culo torcido a los fans que esperasen una carátula cargada de goticismo), hasta sus afectados ademanes en directo. En palabras de Ville Valo, estábamos ante un cóctel denominado love metal, y el heartagram, símbolo de la banda (una mezcla entre un pentagrama y un corazón), era su emblema. Que se presentasen guasonamente como una especie de «Bon Jovi oscuros» (sic), dejaba a las claras el palo del que iban y el hecho de que realmente no se tomaban demasiado en serio a sí mismos. Esto quedaba demostrado con el título temporal que manejaron para aquel segundo disco: Slippery When Dead (Resbaladizo cuando está muerto), un claro homenaje-coña al Slippery When Wet de los de Nueva Jersey.

El salto a la fama de HIM con Razorblade Romance puede verse como un movimiento cuidadosamente estudiado, pero la propuesta no era simple artificio, ya que venía acompañada del que iba a ser el listado de canciones más inspirado de toda su carrera. La archiconocida Join Me In Death (que además de pasar a la historia como el single más vendido de su país, suponía el epítome perfecto de su música), trallazos como Right Here In My Arms, Razorblade Kiss o Death Is In Love With Us, intensas baladas como Gone With The Sin y Bury My Deep Inside Your Heart, o medios tiempos irresistibles como Poison Girl o Resurrection, atestiguaban que estábamos ante uno de los últimos grandes discos de rock comercial de la década.

Que Ville Valo era el santo y seña de HIM, demiurgo omnipresente del grupo (componía, cantaba y escribía), fue algo que saltó a la vista desde sus inicios. No solo porque su omnívora presencia eclipsase a los demás componentes del grupo, si no porque el propio rechazo inicial de estos a conceder entrevistas ayudó a confundir al personal, hasta el punto de que en sus primeros pasos por Europa se pensase que se trataba de un proyecto personal y no de una banda convencional. Que la portada de sus discos mostrasen solamente el careto del cantante con sonrisa Profident, también contribuyó al asunto. Ya de inspirarse en Bon Jovi, había que hacerlo en serio.

Pero el éxito de HIM con su segundo disco no se limitó a lo puramente comercial. A fin de cuentas, sus ventas fueron generosas, pero lejos de las mastodónticas cifras que otros artistas escandinavos ligados más directamente con el pop llevaban despachando desde hacía décadas (suecos sobre manera). Su logro radicó en que supuso la punta de lanza de una nueva oleada de grupos que coqueteaban con sonidos y estética siniestra, y que a su amparo surgieron de Finlandia para exportar su música al continente: bandas coetáneas como To/Die/For, Charon, Entwine, The 69 Eyes, Nightwish o The Rasmus, desde sus personales coordenadas, aprovecharon el rebufo de los de Helsinki para transitar las sendas de la melancolía guitarrera de tintes pop. No es casualidad que poco después el público europeo recibiese con los brazos abiertos a Evanescence, fugaz (pero popularísima) propuesta gótica procedente de Estados Unidos.

Sombras más profundas que el brillo de los haces de luz

Visto a posteriori, en el siguiente paso de HIM pueden apreciarse signos inequívocos de que el éxito había trastornado a la banda hasta el punto de cambiarla para siempre: una de las virtudes del grupo hasta entonces residía en que había sabido equilibrar con acierto pop, rock e imaginería oscura. Era una propuesta tan estudiada como honesta; Ville Valo repetía por activa y por pasiva que le gustaba tanto Madonna como Type O Negative, y que su música quería reflejar precisamente ese eclecticismo. En sus directos se podían escuchar versiones de Depeche Mode o Billy Idol, pero también de Backstreet Boys, en lo que sin duda era una demostración de inofensiva provocación cuya valía radicaba en ser toda una declaración de intenciones. El problema surgiría cuando ese peligroso equilibrio se descompensase por el lado más débil de la balanza: el del pop.

Aprovechando la inercia ganadora, HIM publicó en agosto de 2001 Deep Shadows and Brilliant Highlights. Un vistazo rápido a sus créditos refleja que los fineses andaban bastante perdidos respecto a la dirección que tomar. El disco no solo fue grabado y mezclado a salto de mata entre varias localizaciones, sino que hasta cuatro productores diferentes metieron las zarpas en el sonido de la banda repartidos en diferentes canciones: John Fryer, T. T. Oksala (Stradivarius, Negative, Lordi), Kevin Shirley (Led Zeppelin, Iron Maiden, Aerosmith, The Black Crowes) y Chris Lord-Alge (The Rolling Stone, Bruce Springsteen, Madonna, Prince). Ese desbarajuste se reflejó en el resultado final, demasiado disperso y sobreproducido.

Deep Shadows and Brilliant Highlights es el primer disco fallido de HIM y lo es precisamente porque, como suele ocurrirles a muchos artistas después de un éxito considerable, la miopía del momento les hizo desaprovechar un material de partida excelente. Porque el álbum está repleto de buenas canciones (Pretending lo volvió a romper en los charts de media Europa) que sin embargo no parece que sean desarrolladas de acuerdo a su verdadero potencial. Además, hubo un hecho aparentemente menor, pero que se dejó notar en la atmósfera sonora del elepé: Janne Puurtinen (Emerson Burton) sustituyó en el teclado a Zoltan Pluto, quien abandonó el grupo llevándose con él parte de su espíritu más distintivo. El tono soft general del disco fue definido por esa máquina de hacer etiquetas musicales que es Valo como escandinavian blues o goth and roll (ni rastro del metal que acompañaba al love de sus anteriores discos), pero la realidad se asemejaba más a un goth and pop que los acabaría de estigmatizar definitivamente como un grupo para nenazas entre la forofada rockera.

Por supuesto, el álbum se vendió considerablemente bien, engrosó con unos cuantos hits el cada vez más abultado saco de singles de la banda y nos dejó rarezas maravillosas, como la tarantiniana Salt in Our Wounds, o la negrísima e hipnótica Love You Like I Do. Pero dejó a muchos de sus seguidores un poso de inquietud: parecía que HIM habían vendido su alma al diablo, aunque esta vez no fuese invocando el número de la bestia sino entregándose por completo a la radiofórmula.

La resurrección del love metal

Pese a la buena acogida comercial de Deep Shadows and Brilliant Hightlights, en el seno del grupo las críticas a su reblandecimiento parecieron pasar factura. Por eso, cuando decidieron volver al estudio dos años más tarde, lo hicieron con el objetivo de reencontrarse con sus raíces, y para ello nada mejor que titular a su nuevo disco como Love Metal, e ilustrarlo de paso con el simbólico heartagram. Por primera vez, el inmaculado rostro del cantante no aparecería en la portada. La idea era recuperar la contundencia sonora de sus inicios y de paso dar el salto definitivo al mercado anglosajón. Para ello, volvieron a dar los mandos de la nave a su primer capitán, Hiili Hiilesmaa, que para completar el viaje trasatlántico contó con la ayuda del ingeniero británico Tim Palmer (The Cure, Ozzy Osbourne, Pearl Jam): el disco fue grabado en Los Ángeles y salió a la venta el 14 de abril de 2003.

Ya en tiempos del Razorblade Romance, HIM habían hecho sus primeros conciertos por tierras británicas y publicado en Estados Unidos rebautizados como HER (debido a problemas legales con su nombre). No obstante, ambas tentativas pasaron sin pena ni gloria ante la indiferencia de su discográfica. Para 2003, y con autoridad legal para utilizar su verdadero nombre en yankilandia, el nuevo material fue distribuido allí por Universal Records y consiguió un puesto destacado en los charts especializados del Billboard. Mientras, en Europa, se confirmaban como un valor seguro en las listas de ventas, aunque el público más crítico comenzase a olerse que la cosa no daba para mucho más.

Porque Love Metal resultó un disco notable, sin material de relleno y cargado de canciones con gancho (The Funeral of Hearts alcanzaría el puesto 14 en Reino Unido), pero esa vuelta a las esencias originales de la banda, por fructífera artísticamente que fuera, denotaba que la fórmula HIM estaba próxima a agotarse. Demasiado desamor melangótico, demasiado rock para todos los públicos.

De hecho, hay un acontecimiento de aquella etapa que no está relacionado con la banda en lo musical y, sin embargo, parece que contaminó su espíritu de una forma intangible pero evidente: la amistad de Ville Valo con Bam Margera, fan encarecido de la banda, skater profesional y zoquete nivel premium del programa Jackass de la MTV (y de su propio espacio, Viva La Bam). Esta relación fraternal, además de proporcionar a HIM promoción gratuita entre un público potencialmente mongoloide, trajo consigo el inicio de una colaboración audiovisual que se prolongaría en el tiempo más de lo que era adecuado dados sus pobres resultados. Uniendo sus pasos con los de Margera, quien parecía por aquellos años padecer un enfermiza obsesión homo-platónica por Ville Valo y su música (le copiaba tatuajes, estilismo y poses), HIM perdieron definitivamente su personalidad, enigmática y genuinamente europea, y nunca más la volvieron a recuperar.

A esas alturas, los miembros de la banda eran unas celebridades absolutas en su tierra natal, acaparando su líder la atención tanto de los medios musicales como del papel cuché. Eran tiempos de excesos típicos de la fama y del rock and roll way of life, y los directos del grupo comenzaron a resentirse, especialmente por la podredumbre vocal de su cantante. HIM habían conseguido dar el salto a tierras americanas, pero Ville Valo iba a pagar el viaje demasiado caro.

Apagando lentamente la llama

Visto con perspectiva, HIM ya había dado en 2003 todo lo que tenía dentro musicalmente. Lo que vendría después (dos recopilatorios, dos discos de rarezas, un álbum en directo y cuatro de estudio) sería más de lo mismo, pero sin la chispa de los primeros años y con una peligrosa tendencia hacia la norteamericanización de su sonido.

Si es recurrente achacar a Noel Gallagher haberse pasado dos décadas componiendo básicamente el mismo álbum una y otra vez, algo parecido puede decirse de Ville Valo y sus secuaces. Transitando entre su vertiente blanda y dura, o una mezcla de las dos, la carrera de HIM, entrada en el mercado latinoamericano aparte, se quedó estancada en una zona de confort de la que ya no sabrían (ni posiblemente querrían) escapar. Bastante parecía tener su compositor con salir y entrar de centros de rehabilitación a causa de sus adicciones. Por el camino, no obstante, se llevaron el digno reconocimiento de ser la primera banda finesa en conseguir un disco de oro en Estados Unidos y Gran Bretaña (Dark Light, 2005), un tímido pero meritorio intento de separarse de la comercialidad (Venus Doom, 2007), su mayor resbalón artístico (Screamsworks: Love in Theory and Practice de 2010), y la que a la postre sería una más que digna despedida (Tears on Tape, 2013).

En 2015, Gas Lipstick afirmó que dejaba la banda en busca de nuevas aventuras musicales. Al poco tiempo, Su Majestad Infernal tranquilizaba al personal asegurando que ya tenían un sustituto para la batería. La confirmación a finales de 2016 de un nuevo tour mundial parecía vaticinar que había HIM para rato. Sin embargo, a comienzos de este año saltó la sorpresa con el anuncio de que los conciertos de 2017 serían finalmente una gira de despedida.

No han trascendido razones personales para el adiós (por más que Ville Valo haya participado en mil y un proyectos alternativos, y Linde haya venido liderando una banda, Daniel Leoneye, en la que temporalmente participaran algunos de los miembros del grupo). Según la nota de prensa al respecto, «HIM ha completado su curso innatural y debe despedirse para emprender un camino de vistas, perfumes y sonidos inexplorados. Hemos completado el patrón, hemos resuelto el puzle y hemos dado con la clave». Tras este críptico mensaje, parece esconderse lo que sus compatriotas y camaradas góticos de Charon supieron decir más claramente a la hora de colgar los instrumentos: «no tenemos nada más que aportar al género». O sea, que se les había muerto el amor de tanto matarlo.

Parece claro, por tanto, que la otrora luminosa llama infernal de HIM finalmente se ha apagado. Quizá debieron extinguirla mucho antes, cuando era grande y poderosa, pero de las cenizas de su fuego pueden rescatarse dos discos casi perfectos y un puñado más que, pese a recurrentes, no desagradarán a los que se dejaron quemar por sus primeras llamaradas. El love metal ha muerto… ¡Viva el love metal!

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Twitter: @MarcosGGuerre

1 comentario

  1. Genial, dando en el clavo, Fueron mi banda favorita pero a ratos, siempre esperando a cada disco que volvieran a ser los mismos, decepcionándome cuando los escuchaba pero sin poder de parar de hacerlo…
    Gracias por el artículo.

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