The Cult – Edie (Ciao Baby)

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Pocos nombres de un grupo han sido tan auto proféticos como el de los británicos The Cult. La banda liderada por la explosiva pareja Astbury – Duffy ha pasado a la posteridad como una de las grandes formaciones de culto de la historia del rock, logro meritorio pero, a todas luces, insuficiente con un legado digno de los más grandes de la escena. Los caminos del reconocimiento musical son incognoscibles.

Todo en The Cult es sobresaliente: su música, su actitud, su estética y su profundo y misterioso mundo lírico. Sin embargo, y pese a haber despachado discos imprescindibles, el tiempo y la memoria popular no parecen haber sido del todo justos con ellos. No obstante, los anaqueles de la música (y de los escenarios: este mismo 2018 han estado de gira internacional) nos ofrecen una permanente segunda oportunidad.

Nunca es tarde para revisitarlos y nada mejor que hacerlo con su disco canónico, aquel que ya desde su propio título (Sonic Temple) y portada (ese Billy Duffy con majestuosa pose de poder y su brazo levantado hacia la infinidad del cielo) se erigió en catedralicio templo del rock.

Era el año 1989 y The Cult completaban su particular viaje de endurecimiento sonoro preludiado con el excelente Electric (1987), periplo con el que se habían ido alejando de sus inicios más post-punk para abrazar el zeitgeist hardrockero del momento. A los mandos del cotarro se situaba Bob Rock, célebre productor que lanzaría a Metallica hacia el éxito masivo definitivo dos años más tarde (con ellos, de hecho, habían ido de gira los británicos con su anterior disco) y que supo dotar a la banda de un sonido decididamente americano.

A la contundente y pulida base rítmica de Mickey Curry y Jamie Stewart, se le sumaba la guitarra de un Duffy en estado de gracia y la proverbial voz de Ian Astbury, especie de Jim Morrison resucitado (no en vano, acabaría saliendo de gira en los 2000 con The Doors, peinado clónico incluido) que con su mesiánica personalidad otorgaba a sus letras, además, una trascendencia mística que los diferenciaba y dignificaba frente a excreciones coetáneas como Mötley Crue y similares.

Para esta Rockola podríamos elegir cualquier canción de un track list redondo: clásicos instantáneos como Fire Women, trallazos arrolladores como Sweet soul sister, himnos de reminiscencias zeppelianas como Soul Asylum o avalanchas rockeras como New York City (con Iggy Pop en los acompañamientos vocales); finalmente nos decidimos por Edie (Ciao Baby), su power ballad dedicada a la memoria de Edie Sedgwick, malograda musa de Andy Warhol y amiga íntima de Bob Dylan (hay quien apunta que varias de sus canciones se inspiraron en ella, como Like a Rolling Stone).

La actriz y modelo se fue a mejor vida por una sobredosis de barbitúricos, pero su recuerdo ha perdurado hasta hoy. Así lo atestiguan bares con su nombre, poemas, libros, películas y canciones que han servido de homenaje a una figura icónica de la cultura pop. The Cult aportó su particular contribución a la causa con un tema hipnótico, de cuidados arreglos y sentido estribillo que coronaba un disco capital de la historia del rock. Ciao baby!

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Twitter: @MarcosGGuerre

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