Ne me quitte pas: La más bella canción de amor, y la más versionada del mundo

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Bajo los títulos If You Go Away, Don’t Leave Me, Bitte geh nicht fort, Lasko prokleta, Non andare via, Não me deixes mais, Se Você Partir, Laat me niet alleen, Al tilchi mikan, Ne ostavljaj me, No me dejes, No em deixis mai; versionada por Nina Simone, Frank Sinatra, Marlene Dietrich, David Bowie, Sting, Alex Harvey, Nina, Dyango, Tom Jones, Julio Iglesias, Madonna, Barbra Streissand, Celine Dion, Dalida y, la más hermosa versión para quien escribe, Scott Walker, entre más de mil otros; Ne me quitte pas aspira, si no es, a ser la canción moderna más interpretada por más artistas.

Ilustración de Carlos Rivaherrera

Compuesta en 1959 por Jacques Brel, belga universal, no era la letra de esta canción dedicada sino directamente implorada; un mensaje directo de redención y disculpa, arrepentimiento y contricción del autor hacia Suzanne Gabriello, la mujer con quien había tenido un romance fuera del matrimonio y a la que abandonó, negó, rechazó, volvió la espalda y repudió cuando se quedó embarazada. Escrita con dolor, desde las entrañas, dejándose el alma al interpretarla, se volvería su canción más popular, pero nunca jamás encontraría perdón pues en realidad, en la canción, nunca lo pidió. En 1966 abandonó la música y se mudó a la polinesia francesa, donde compró una avioneta y se dedicó al aero-taxi. Gravemente enfermo, regresó a París para grabar un póstumo álbum que costeara los gastos de su entierro, y así falleció solo, en 1978, de un cáncer de pulmón.

«No me abandones, hay que olvidar, todo se puede olvidar, ya pasó: olvidar el tiempo de los malentendidos, olvidar el tiempo perdido, a saber cómo olvidar esas horas que mataban, a veces, a golpes de porqué, el corazón de la felicidad.

Yo te ofreceré perlas de lluvia llegadas del país donde nunca llueve, yo cavaré la tierra incluso después de mi muerte para cubrir tu cuerpo de oro y luz. Haré un país donde el amor será rey, el amor ley, tú reina. No me abandones.

No me abandones, yo te inventaré unas palabras absurdas que tú comprenderás: yo te hablaré
de esos amantes que vieron dos veces sus corazones, yo te relatare la historia de este rey, muerto por no haber podido encontrarte.

A menudo se ha visto renacer el fuego de un volcán que se creía demasiado viejo: es verdad que las tierras quemadas dan más trigo que el mejor abril, y que cuando viene la noche, para que un cielo brille, el rojo y el negro se unen.

No me abandones, no voy a llorar más, no voy a hablar más. Me esconderé ahí, para mirarte bailar y sonreír. Para escucharte cantar y, después, reír. Déjame volverme la sombra de tu sombra, la sombra de tu mano, la sombra, de tu perro, si es necesario. No me abandones.»

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