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Assange en el patíbulo – 9 de septiembre

Julian Assange vuelve a sentarse en el banquillo de los acusados por desvelar cómo las democracias matan, espían y corrompen. Estados Unidos ha pedido que lo extraditen desde el Reino Unido, donde está preso el fundador de Wikileaks. La vista de extradición transcurre en Old Bailey, juzgados centrales de Londres: en cuatro semanas, la jueza debe decidir si entrega a Assange a Washington, donde podrían condenarlo a ciento setenta y cinco años de cárcel. La Fiscalía de Trump no le reconoce el derecho a la libertad de prensa porque es extranjero. Pero sí quiere castigarle como si fuese estadounidense por publicar los crímenes de su política imperial: prisión hasta más allá de la vida.

Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras denuncian los vicios del proceso. Los últimos: nuevos cargos contra Assange que la defensa no ha tenido tiempo de estudiar. Los abogados del periodista apenas han podido verle en los diecisiete meses que ha estado encerrado en la prisión de Belmarsh. Y alertan de que, si es extraditado, será sometido a medidas de aislamiento y luego examinado por un jurado del estado de Virginia compuesto por residentes del entorno de la CIA y sus empresas satélites. Lo llaman el tribunal de Seguridad Nacional. Por eso no creen que el juicio vaya a ser justo, pero sí ejemplarizante, como el procedimiento: una sentencia, según Kafka.

Ninguno de los doscientos cincuenta mil cables y quinientos mil documentos oficiales publicados por Wikileaks ha matado a un solo soldado, agente o informante de Estados Unidos. «Vergonzoso, pero no dañino», describió el propio Departamento de Estado de Hillary Clinton, certificando que el honor es más importante que la vida: «por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida», decía don Quijote en tiempos de otro imperio. El de hoy ataca con tribunales y autopistas de su información: contra Wikileaks, mareas de filtraciones anónimas, indistinguibles, combustible de protesta e infiltración para que, al final, todo se olvide en la niebla de la guerra.

Las filtraciones de Assange desvelan las mentiras de las guerras del siglo XXI, que se disputan en Asia: Irak, Afganistán. En el XVIII, Europa era la revolución: el siglo de la locura y de la razón, decía Dickens. De los juzgados de Old Bailey escribe que por allí pasaban los acusados de traición, inevitablemente condenados al descuartizamiento, método bárbaro, pero ley: «tened cuidado con cómo habláis de la ley». En el ocaso de la Guerra fría, Alan Moore imaginó una Inglaterra gobernada por fascistas a los que desafía un vengador enmascarado. En su vendetta, V destruye la estatua de la justicia, dama vendada que, en el fondo, está enamorada de los hombres de uniforme.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero
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