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La película del año es china: el imperio es Oriente – 17 de diciembre

La película más taquillera del año es china. La batalla del lago Changjin lleva recaudados casi mil millones de dólares. Costó doscientos. Es un éxito para el Departamento de Publicidad del Partido Comunista, que la encargó con motivo del centenario del partido. Es una película de guerra: cuenta la gran batalla entre China y Estados Unidos en Corea en el invierno de 1950. Ganó Pekín a un alto precio. Puso cuarenta mil muertos: congelados, tiroteados o quemados con napalm. Medios anglosajones como Forbes o The Independent consideran que la película es propaganda. En Malasia no se puede ver: en la antigua colonia británica, el comunismo está prohibido.

China también hace comedias. Hola, mamá es la segunda película más taquillera del año. Pero le pasa como a la de guerra: que fundamentalmente se ha visto al este de la Gran Muralla. La globalización sigue hablando en inglés. James Bond ha sido el tercero más taquillero, pero con vistas en casi todo el mundo, incluida China. No time to die, sin tiempo para morir, como cantaban Burning en aquel rock and roll suicida. 007 lucha desde hace años contra enemigos difusos, sin rostro ni bandera. En esta termina en el mar que separa Rusia y Japón. Corea está en el horizonte, como una negra sombra, tinta de calamar.

Los nazis pusieron el cine en blanco y negro a su servicio. El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, va de las nubes a la carne, del Olimpo a los asesinos. El arte también puede ser un crimen. Estados Unidos formó un ejército de cineastas para subir la moral en tropas y retaguardia. John Ford filmó en el Pacífico, esa guerra de infamia de la que la propaganda tiende a recordar solo el principio. Pero después de Pearl Harbor estuvieron las matanzas de Guadalcanal e Iwo Jima. Hasta Clint Eastwood ha desmontado las mentiras de las banderas de sus padres. A las bombas de Hiroshima y Nagasaki no les hicieron película en Hollywood. Poder es saber lo que se cuenta.

El imperio de Estados Unidos arranca en Asia, no en las playas de Normandía, a donde las potencias coloniales anglosajonas mandaron a la muerte a los hijos de las trincheras. Senderos de Gloria, de Stanley Kubrick y guion de Jim Thompson, es de 1957: habla de Francia en la Primera Guerra Mundial para sortear la caza de brujas mientras la máquina de propaganda escupía balas de John Wayne. Por entonces ya no sonaban los cañones en Corea sino en Vietnam. Los soldados estadounidenses viajarían a Bangkok a descansar y recrearse. La guerra también es la madre del turismo sexual. O del amnésico: en Bali, los militares llenaron las playas de cadáveres de comunistas con ayuda del americano impasible. Bajo la sonrisa del Pacífico hay fuego y tinieblas.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

Víctor García Guerrero

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