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Groenlandia y el Ártico: nueva fiebre de conquista – 14 de abril

Groenlandia puede frenar una de las minas de tierras raras más grandes del mundo. La izquierda ecologista ha ganado las elecciones con la promesa de detener el proyecto de Kvanefjeld (Quieniefiel). La decisión final depende de los pactos de gobierno, pero la mayoría de los groenlandeses, dicen los sondeos, no quieren mina por los riesgos medioambientales. Del yacimiento se sacaría uranio, pero también neodimio, usado en los vehículos eléctricos. Cada motor de un Toyota Corolla, el híbrido más vendido del mundo, carga un kilo de neodimio. Los coches Eco limpian el aire agujereando la tierra.

Las tierras raras son el oro de Groenlandia, que necesita el dinero de la metrópoli Dinamarca para sostener este protoestado de cincuenta y seis mil habitantes. Los ingresos de la mina pagarían la independencia total de esta gran isla de hielo. El calentamiento global está despejando el paso hacia lugares antes inaccesibles, como la mina en disputa. Ocurre en todo el norte del planeta. Un carguero cruzó el Ártico en febrero, lo que nunca antes había ocurrido a esas alturas del año. El deshielo está descubriendo un nuevo mundo, describe el periodista Marzio Mian: casi un planeta en nuestro patio trasero.

Las potencias se están disputando el Gran Norte. China está detrás de la mina de Groenlandia; Rusia está modernizando sus bases en el Ártico y estaría probando armas, como un torpedo de nombre Poseidón. Estados Unidos cree que también tiene derecho a mandar sobre el Ártico. En Groenlandia ya cuenta con la base de Thule y Trump llegó a especular con comprarse el territorio. No sería algo inédito. Alaska fue rusa hasta que el zar se la vendió a Washington por siete millones de dólares. Luego llegó la fiebre del oro que relató Jack London, y los hombres murieron de frío y avaricia.

Groenlandia fue poblada por inuits y vikingos. Según la leyenda, Eric el Rojo la llamó Greenland, tierra verde, para atraer con engaños a nuevos colonos. En la serie Vikingos fabulan con los primeros escandinavos. El personaje Ketil, obsesionado con ser rey, pierde la cabeza cuando una ballena queda varada en su parcela y se niega a compartirla con el resto de colonos, que están hambrientos y luchan por ella. Su hijo muere, pero Ketil gana la batalla. Y ríe enajenado porque ser rey es más importante que la vida. Solo le acompañan el llanto desesperado de su esposa y el cadáver putrefacto de la ballena.


Notas de extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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