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Escuela de golpistas – 2 de febrero

El teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba es el nuevo líder de Burkina Faso gracias a un golpe de Estado. Hasta ahora, era el comandante de una de las tres regiones militares del país africano, o sea que ha traicionado a su gobierno. Las bocas de los fusiles se llenan de la palabra lealtad hasta el próximo disparo. Damiba es un militar bien entrenado: en la última década no se ha perdido un solo curso del programa de operaciones especiales que el Ejército de Estados Unidos organiza para sus aliados africanos. También ha entrenado con la inteligencia militar estadounidense y hasta con el Departamento de Estado. El golpismo no nace, se hace.

El nuevo líder de Burkina se suma a la lista de golpistas africanos previamente entrenados por los Estados Unidos. Desde 2008, recuerda The Intercept, han sido nueve. Triunfaron en ocho ocasiones, en cinco países: Burkina Faso, Mali, Guinea, Mauritania y Gambia. El coronel Doumbouya gobierna Guinea después de que le formasen los boinas verdes y el también coronel Goita era un habitual de las Operaciones Especiales estadounidenses antes de gobernar Mali. Sanogo, otro golpista maliense, habla inglés con acento de Texas, donde se formó: «América es un gran país», dijo después del golpe que dio en 2012, «he intentado poner en práctica lo que aprendí allí».

Estados Unidos ha regado a los ejércitos del África Occidental con mil millones de dólares para dar estabilidad. Los golpes no entran en esa categoría, y que sus antiguos alumnos los lideren lo consideran incoherente con el entrenamiento recibido. Sin embargo, los investigadores Savage y Caverley han demostrado lo contrario: que precisamente el paso de cientos, miles, de militares por las aulas de guerra de Estados Unidos aumenta la probabilidad de un golpe en los países de origen de esos oficiales. La razón: la propia formación. Los militares están más preparados para mandar que los políticos, lo que produce una mayor propensión al golpe. Los golpistas saben lo que hacen.

«Yo tenía una granja en África». La memoria de Europa y Estados Unidos sobre África es la propiedad, de recursos y de personas: de los esclavos a los coroneles y los minerales. Por eso París y Washington se enfadan ahora porque China y Rusia merodean en sus dominios. Los consideran invasores. John Le Carré dedicó a África dos de sus últimas novelas. El protagonista de La canción del misionero es el traductor entre enemigos ávidos de las inmensas riquezas del continente. Le Carré fue espía antes que escritor. Decía que Conrad había encontrado en el Congo belga el «teatro de la monstruosidad»: el corazón de las tinieblas bombea la sangre de la colonización y el saqueo.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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