Panamá, el buen dios del dinero – 8 de mayo

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Dios está en racha en América Latina. «Que Dios, el amor a la patria y nuestra bandera nos unan», ha escrito Nito Cortizo, presidente electo de Panamá. «El primer obrero presidente», dice de sí mismo este empresario y político que ha sido asesor, diplomático, diputado y ministro. Hay una clase obrera que sí va al paraíso. El presidente Cortizo ha sido ya felicitado por Juan Guaidó, primer baluarte venezolano del altísimo. Es un gesto con intención. Panamá es uno de los dos países del mundo que reconoce a los embajadores de Guaidó. El otro es Estados Unidos.

El nuevo presidente de Panamá promete luchar contra la corrupción: «vamos a poner la casa en orden, se acabó el relajo». Disciplina e higiene, ora et labora, como el Císter. Los políticos de la fe imaginan sus naciones como un gran monasterio. Tiene mérito ejecutar la obra en un país donde la estafa y el fraude son parte del PIB y aloja a los Panamá Papers: los 2,6 terabytes de información sobre lavado de dinero ejecutado por un despacho de abogados local al servicio de personas y empresas de los cinco continentes. El dinero no tiene patria, pero los corruptos y sus lavanderías vuelan con pasaporte.

Circula un vídeo por las redes sociales donde se compara a Panamá con Cuba. Treinta años de capitalismo: rascacielos, sol, mar turquesa. La prosperidad. Cuba, el socialismo, ese invento del diablo color pardo. Pero la economía de Panamá, que crece estos años como un ciclón, no reparte para todos. En siete de las diez provincias del país, las que no lindan con el Canal de los milagros, la pobreza llega al ochenta por ciento de la población. A Cortizo no le reprocharán si la gente se sigue muriendo de pobre. Si toca el Canal made in USA, sí: China acecha en el patio trasero. Que Nito rece a su dios, pero que no se confunda de bandera.

Estados Unidos logró en Panamá la proeza de invadir un país que ya era suyo. En Panamá mandaba Noriega, antiguo elemento de la CIA y narcotirano. «Nuestro hijo de puta», hasta que Noriega pidió cerrar la Escuela de las Américas, o sea, de torturas, en su territorio. Sacarlo del poder prestado costó miles de muertos. Al periodista español Juantxu Rodríguez lo mataron las balas marines. Su compañera Maruja Torres escribió que la democracia se impuso con bombas y que junto a ellas cayeron las televisiones armadas de «información embustera». La revolución, desde Panamá, dejó de ser televisada.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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