Brasil: disparar a la pobreza – 5 de junio

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La policía de Río de Janeiro ha matado a quinientas cincuenta y ocho personas en los cuatro primeros meses del año. Quinientos cincuenta y ocho muertos en ciento veinte días: 5,58 por cada sol. Algunas jornadas fueron especialmente sangrientas. La ONG Redes da Maré relata un episodio en el que la policía militar ejecutó a cuatro personas en una casa de la favela carioca. Una vecina vio cómo dos sospechosos se habían rendido pero un agente dijo: «mi orden es matar». Y los mató. La policía suele llevarse a sus víctimas al hospital, donde ingresan naturalmente cadáveres. «No resistió a las heridas», dice el atestado eterno. La escena del crimen se viola por sistema. El crimen de Estado es un ahorro para los forenses.

«Estamos en el buen camino», decía estos días el jefe de los policías cariocas, el gobernador Wilson Witzel. Antes de político fue juez: no hay impunidad sin tribunales cómplices. Witzel es del partido del presidente, Jair Bolsonaro, ese que posa haciendo que pega tiros. El gobernador se hace selfis en helicópteros artillados, también es fan de armar a la gente y de dar licencia para matar a las fuerzas de seguridad. Según él, Río va bien porque en abril cayeron los homicidios aunque los números sigan siendo los de una guerra. Cuatrocientas noventa y dos víctimas de asesinato, robo o agresión seguidos de muerte al mes. La policía que mata no elimina el crimen. Simplemente engorda las estadísticas.

«Bandido bueno es el bandido muerto», lleva años diciendo la derecha brasileña. El deporte asesino ya se practicaba antes de Bolsonaro, pero con el capitán en la presidencia se ha abierto la veda. La ultraderecha empieza normalizándose en el lenguaje y acaba haciendo natural la apología del crimen de Estado. «Cavaremos más tumbas», dice el gobernador de Río cuando le señalan que su mano dura multiplica los cadáveres. Vecinos, activistas y diputados de la oposición denuncian un «genocidio» contra la pobreza, una pena de muerte de hecho en las favelas cariocas. Los votantes de Witzel, envueltos en la bandera de Brasil, le piden más balas desde Copacabana.

La guerra de clases se practica a tiros, a votos o con sentencias judiciales. En Brasil votaron a quien prometió un nido de ametralladoras contra el enemigo pobre. En Europa se aprovechan las fronteras naturales: el Mediterráneo limpia la sangre desheredada. Quinientas dieciocho personas han muerto este año intentando cruzar este viejo mar, tan lejos de Brasil, tan cerca de su apartheid contra la miseria. La cifra es inferior a la de 2018. No falta quien dice que vamos por el buen camino. Salvini, guardián del mar, ha arrasado en las elecciones europeas. Es amigo de Bolsonaro. Y de Trump. Les gusta decir que el mundo está cambiando. La derecha sin complejos se ha adueñado del voto con fusil.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero

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