Cinefórum LXX: Los cinco venenos

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Las artes marciales son uno de los subgéneros más reconocibles del séptimo arte. Lo de no elevarlas a género con todas las de la ley seguramente sea un ejemplo claro de esnobismo por parte de cierta crítica, pero no vamos a liarnos con ese tema ahora. Porque si algo tiene este tipo de cine es que nació para divertir al espectador más que para tratar de causar discusiones bizantinas y levantar ampollas entre teóricos. Ese cine de artes marciales que podríamos calificar de puro (no confundir con maridajes de todo tipo sin importar lo interesantes que puedan resultar, como por ejemplo el caso de Beautiful Boxer), es en el fondo un brindis por la vertiente más lúdica y juguetona del celuloide. Y en esas coordenadas es donde debemos entender una película como Los cinco venenos (Wu du – Ng Duk, 1978).

El Hong Kong de los setenta era el paraíso de las artes marciales. La cosa venía de antes, pero a principios de la década explotó la figura incomparable de Bruce Lee y todo cambió. De su mano llegó la popularidad en todo el mundo y la capacidad de las productoras como la Shaw Brothers para convertirse en referentes mundiales. 1978 fue uno de los años clave en la historia del cine de artes marciales: se estrenó Las 36 cámaras de Shaolin (Shao Lin san shi liu fang, 1978), Jackie Chan explotó definitivamente gracias a La serpiente a la sombra del águila (Se ying diu sau, 1978) y descubrimos la saga de la terrible secta de los cinco venenos.

La película de Chang Cheh puede ser uno de los ejemplos más depurados de la mezcolanza entre el wuxia y las artes marciales. Se ambienta en un periodo poco concreto de la historia china, pero en realidad nos traslada a un mundo fantástico en el que los clanes de artistas marciales dotados de poderes místicos comparten la existencia con los meros mortales, y sus cuitas y enfrentamientos son el centro del universo. Ahí encontramos el sentido a los sucesos puestos en marcha por un maestro que ve llegar su muerte y quiere redimir a su escuela de los actos más oscuros de sus seguidores.

La excusa argumental parte de una búsqueda y una intriga tan básica como efectiva. Nuestro protagonista, el joven luchador interpretado por Chiang Sheng, debe encontrar a los cinco antiguos aprendices de su maestro, descubrir cuáles son malvados y cuáles no, salvaguardar el tesoro del clan para que no caiga en manos de los malvados y, por si esto fuera poco, descubrir quién lo guarda en la ciudad. Todo está preparado para que el aprendiz y sus predecesores tengan enfrentamientos, forjen alianzas, traten de descubrir a sus enemigos y finalmente lo solucionen todo con una lucha como mandan los cánones.

El cine de Hong Kong de los años setenta siempre destacó por su capacidad para apelar a los elementos más puros del entretenimiento del espectador. Se trata de una filmografía casi esencialista en la que nunca se pierde la posibilidad de depurar tanto la trama como la imagen; todo está supeditado al divertimento y el disfrute; todas las emociones son tan intensas como el brillo del sol, las rivalidades forjan enfrentamientos sin fin y las amistades construyen historias épicas. No hay lugar para el gris en un mundo construido por y para el público que llenaba las salas de la antigua colonia británica. Hoy en día, tristemente, el común de los consumidores de cine seguramente no esté preparado para darse un festín cinematográfico cocinado con los ingredientes de Los cinco venenos, pero para aquellos que mantengan la capacidad para sorprenderse y que sepan disfrutar del entretenimiento en estado puro, la película se mantiene tan fascinante como en el momento de su estreno. Necesitamos más cine como este: un soplo de aire fresco con la única intención de entretenernos sin ningún tipo de vergüenza ni excusa.

Ismael Rodríguez Gómez

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Lovecraftiano con solera y sherlockiano tardío. Veo demasiadas películas. Twitter: @Darth_Azirafel

1 comentario

  1. «Las 36 cámaras de Shaolin» es una mala traducción de «The 36th Chamber of Shaolin» (https://www.wikidata.org/wiki/Q572563) donde la partícula «th» indica el ordinal de 36. En Shaolin, según la película, existían 35 cámaras. El título hace referencia a la número 36, o trigésimo sexta, creada por el personaje protagonista. Es decir, la traducción correcta sería «La trigésimo sexta cámara de Shaolin», o como también se conoce la película, «La cámara 36 de Shaolin» (http://es.doblaje.wikia.com/wiki/La_c%C3%A1mara_36_de_Shaolin). Y no digo que sea un error del autor del blog, sino que es algo que viene de lejos. Gracias por la entrada.

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