Cine y TV

El mundo del cortometraje: la enormidad de lo breve

El Festival Internacional de Cortometrajes de Oberhausen, fundado en 1954, es el festival de cortometrajes más antiguo del mundo. Se celebra cada año entre abril y mayo en esa ciudad alemana, ubicada al oeste del país, a menos de 60 km de la frontera con los Países Bajos. Al 68º Festival Internacional de Cortometrajes de Oberhausen de 2022 se presentaron 163 cortometrajes de 67 países. La intensidad de lo corto se palpitó en la urgencia de contar algo, a veces con humor, a veces con angustia; otras, con poesía, pero siempre con inmensidad dramática. Corren tiempos duros y hay mucho que decir.

Sobrevivir con arte

La selección cosmopolita del Festival tuvo algunas presencias que merecen ser destacadas. Una de ellas, la de la talentosa artista multimedia Anna Vasof. De madre griega y padre sirio, Anna nació en la República Checa. Se crio y estudió Arquitectura en Grecia y a los 25 años se mudó a Viena, donde estudió Arte y Cinematografía. Sus obras son pequeñas joyas audiovisuales desbordantes de creatividad, originalidad e ingenio, creadas a partir de objetos cotidianos o de su propia invención. No sorprende que semejante exuberancia creativa sea innata.

«De niña quería ser inventor de juguetes o narradora de historias. No soy exactamente un inventor de juguetes o un cuentacuentos, pero tampoco me siento muy lejos de estas profesiones». De hecho, así se podría definir su método y meta: jugar con la magia del cine. La mayoría de sus cortometrajes no llegan al minuto de duración, pero, efectivamente, narran historias completas, paradojas sociales, ilusiones visuales, reflexiones sutiles a partir de la unión de cosas o situaciones aparentemente contradictorias; unidades de tiempo mínima que tienen la profundidad de un largometraje.

Un buen ejemplo de ello es el cortometraje Saving Some Random Insignificant Stories (Rescatando al azar algunas historias insignificantes). Con humor inteligente, ironía, un toque sutil de melancolía pero jamás cayendo en el dramatismo, Anna visita con su cámara la casa de sus padres en Lamia, Grecia, que ha quedado devastada tras una una inundación. Una terrible tormenta, causada por el indomable cambio climático, ha provocado el desborde de un río cercano y los habitantes de doscientas casas han debido ser rescatados en bote. Muchos han quedado traumatizados y en ruinas. En su visita postinundación, Anna rescata algunos pocos objetos y sobre todo jugosas anécdotas (en absoluto insignificantes) que ilustran su infancia y adolescencia. Para ese recorrido, aunque pletórico de gracia, ternura y capacidad de resiliencia, sus padres aún no están preparados. «No han visto mi película (admite Anna). Se la enseñaré dentro de unos años, cuando estén más distanciados de los hechos».

La forma en que Anna describe aquello que la motivó a convertir la tragedia en tragicomedia podría constituir per se una filosofía de vida. «Quería rescatar literariamente mis historias relacionadas con los objetos destruidos. En una crisis siempre es fundamental intentar recordar las cosas bonitas que te han pasado. A veces esto parece imposible; sin embargo, si encuentras razones para sonreír durante tus tragedias es al menos un buen analgésico».

Festival Internacional de Cortometrajes de Oberhausen

Sobrevivir con coraje

Como cada año, la política pisa fuerte y este año el Festival honró su propio lema, «El camino al vecino», proyectando realizaciones ucranianas y rusas. «Intencionalmente, la selección incluye una contribución rusa, Bobok», comunicaron desde el Departamento de prensa. A diferencia de una gran mayoría que lleva a cabo un boicot al dictador Putin incluyendo la exclusión cultural de artistas rusos, el Kurzfilmtage en Oberhausen optó por la reconciliación. Y quizá porque la sensibilidad de los artistas siempre halla un punto en común, el corto ruso (igual que el de su vecino ucraniano), versa sobre la desolación. Haciendo referencia al interés de Dostoievski por las situaciones límites como la muerte, el narrador de Bobok se dedicará a escuchar a los muertos que hablan entre sí.

La película The Wind Probably (Probablemente fue el viento), del realizador ucraniano Yuri Yefanov, por su parte, imprimió al Festival una fuerte dosis de impacto político y emocional. Las imágenes de Kiev, la ciudad natal de Yuri, están tomadas de la realidad pero cinceladas de modo que parecen una animación y nos empujan al borde del abismo; persiste un clima fantasmagórico, irreal. En menos de once minutos, el filme retrata un mundo apocalíptico. Es entonces inevitable hacer ciertas preguntas a su autor…

– ¿Cómo nació el corto The wind probably?

– Empecé a trabajar en la película a mediados de 2020. Por aquel entonces, el retrofuturismo seguía en el aire en la cultura de masas. El neón volvía a estar de moda, la estética de 8 bits estaba firmemente establecida en la publicidad online y el diseño industrial rebosaba de formas rectangulares de los inolvidables años 80. Cuando pensé en las especulaciones sobre el futuro, decidí que sería interesante jugar con todo esto. Además del aspecto visual, el mundo del texto se llenó de diversas teorías oscuras. El realismo especulativo, la teoría del actor-red y la ontología orientada a los objetos, antes reconocibles en estrechos círculos profesionales, se tradujeron a muchos idiomas del mundo y se infiltraron en las grandes masas, incluso influyendo en la escena artística. En mis últimos años de estudiante, sufrí de trastornos neuróticos. Había momentos en los que una calle familiar por la que caminaba en el centro de la ciudad podía convertirse de repente en algo totalmente desconocido para mí. En esos momentos, me preocupaba no sólo la pregunta «¿dónde estoy?», sino también «¿qué está pasando realmente?», como si no estuviera viendo a la gente moverse pacíficamente por la ciudad, sino una escena de alguna película absurda. Después de un tiempo, empecé a encontrar la confirmación de mis sentimientos en la ecología oscura de Timothy Morton, la idea de que probablemente ha llegado la era de una extinción masiva. Lo mismo que con los dinosaurios, pero ahora con nosotros. La oscuridad reside precisamente en este probablemente. En mi película incluí un personaje imbuido de esta no-comprensión en una situación en la que tiene que entender algo porque el apocalipsis se acerca.

– Este cortometraje se realizó antes del ataque de Putin a Ucrania, pero sus imágenes son impactantes porque parecen creadas a posteriori. ¿Hubo allí una intuición de que el apocalipsis se acercaba?

– Claro que tuve una premonición de un apocalipsis seguro, pero no de este. Me parece que las amplias conversaciones sobre una invasión rusa a gran escala comenzaron a ser tomadas en serio sólo en el invierno de 2021. Así que no me llamaré profeta. No quería creer que esto sucedería. ¿Quién quiere creer que una mañana te despertarás en tu cálida cama con la noticia de que misiles balísticos comenzaron a caer sobre tu ciudad? Sin embargo, cuando vi mi película en el festival Oberhausen, me di cuenta de repente de lo mucho que pegaba en la atmósfera actual. Por lo visto, hay cosas que pasan por tu voluntad, de las que sólo puedes enterarte después de algún tiempo. Kiev vive ahora en un estado de amenaza constante de una nueva invasión. Esta es la sensación cuando sabes que probablemente nada terrible para la ciudad ocurrirá hoy, pero no sabes cómo irán las cosas mañana. La ansiedad permanente se convierte en la normalidad de la vida de la ciudad e incluso en un factor estimulante que le permite a uno seguir haciendo cosas, funcionar plenamente, incluso mejor que en una época más tranquila. Ahora, más que nunca, aprecio cada día que vivo, cada encuentro con los amigos y con la familia. La situación apocalíptica me inculcó una gran gratitud por cada momento de mi vida.

Yuri sigue viviendo en Kiev…

Ana Valentina Benjamin
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