El mundo en una burbuja – 6 de mayo

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Australia y Nueva Zelanda van a crear la primera burbuja de viajes del mundo. La primera ministra neozelandesa la llama Burbuja de Trans Tasmania, el nombre de los dos mil kilómetros de mar que les separa. Pero les une que el virus está en retirada y que hablan inglés con el acento de los emigrados o los renegados: las colonias son expansión y huida. La primera ministra llama a la prudencia: viajaremos en la burbuja solo cuando todo esté controlado. Jacinda Ardern ha brillado en las dos crisis que le ha tocado gestionar. La otra fue un ataque nazi emitido en directo. El terrorista quería una burbuja blanca y cristiana. Las colonias son también paraíso e infierno.
Sebastian Kurz quiere brillar como canciller de Austria y ha propuesto su propia burbuja viajera. Esta cubriría el sur de Alemania, Austria, Eslovenia y Croacia: una reedición de los dominios del imperio austrohúngaro ahora basado en el concepto de viajes libres a países seguros. En este caso,  viejos territorios que siguen hablando algo de alemán. Cuando se llamaban Yugoslavia no eran dominios de Viena y Berlín. Quizá por eso Alemania fue el primer país que reconoció la secesión de Croacia: porque quería tener un acceso directo al Mediterráneo. Libertad, Seguridad, Sanidad: este es el lema del nuevo imperialismo.
De la burbuja austrohúngara quedan naturalmente fuera Portugal, Italia, Grecia y España. Pigs: verano de playas vacías de cuerpos rosados, hígados rotos y carteras llenas. Europa celebra su día el 9 de mayo como si no estuviera pasando nada, como si en el corazón del Benelux no se practicase un racismo explícito con los países más golpeados por la peste. «No les des dinero a italianos y españoles», le grita un camionero al primer ministro holandés. Y Mark Rutte se ríe y dice «no, no, no». En el corazón de Europa se ha formado una burbuja de aire protestante que vuelve a ver al sur como cigarras perezosas y se contempla a sí misma como una gran nación de laboriosas hormigas. Y sanas.
«¿Cómo podemos dormir mientras nuestras camas están ardiendo?», se pregunta el hit de Midnight Oil, la banda australiana que pedía devolverles las tierras robadas a los indios. Hoy proliferan las teorías de la deuda metafísica: la enfermedad es una venganza de la Madre Tierra y por eso debemos volver a la vida campestre. O a las islas. Burbujas. Podría ser, si la Tierra tuviese voluntad. O moral. Los indios australianos creen que sí. Peter Weir, director de cine, lo reflejó en La última ola: cambia el virus por el agua en un canto siniestro y ecologista. El arte lleva décadas oliéndose el apocalipsis y alertando de que hasta los reinos más bellos se fundan sobre espadas y mentiras.

Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero
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