El seriéfilo: febrero de 2020

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Que este mes no iba a tener nada que ver con su tranquilo hermano mayor, era algo demasiado obvio para los que llevamos años observando el panorama seriéfilo. Febrero siempre va cargado y, como buen hermano menor, se esfuerza por dar guerra y demostrar que tener menos días no importa, que se puede ser mes corto pero dejar huella.

La mecha ya se había prendido a finales de enero, con ese buen sabor de boca que dejaron los primeros capítulos de la nueva serie de HBO, The Outsider, adaptación de otra obra del prolífico Stephen King. Y ha sido durante este mes de febrero donde hemos podido saborear del todo esta historia, dejarnos atrapar por cada escena. A estas alturas, a falta de dos capítulos, puedo decir sin temor a equivocarme que posiblemente hemos asistido a la mejor adaptación de una obra de King a la televisión. Y digo esto a sabiendas de que el listón está muy alto.

La adaptación de HBO es una delicia, un viaje hacia la más oscura fantasía que nunca deja de parecer real. La caza de un demonio planteada desde un mundo totalmente racional. Y lo mejor es que nunca se duda de que lo que estamos viendo pueda estar pasando: es algo que fluye como una pesadilla entre la gris realidad. Un reparto coral con personajes bien definidos, tan escépticos sobre lo sobrenatural como cualquiera de nosotros, logra dejar abierto a pesar de ello un resquicio para la duda cuando la investigadora Holly Gibney guía a los protagonistas hacia El Cuco. Ni más ni menos el que amenazaba con ir a comerte en el Duérmete niño, duérmete ya, y que aparece como responsable de unas muertes muy sospechosas.

Como dato curioso, el personaje de Holly Gibney también aparece en la serie Mr. Mercedes (Audience), otra adaptación, aunque mucho más floja, de otra obra de Stephen King. Por suerte, en The Outsider no se han basado en aquella producción y nos muestran una Holly más adulta, con más confianza en sí misma y que casa mucho mejor con el tono de la serie.

Visto lo visto, podría parecer que la última producción de HBO fuese la serie más esperada del mes, pero no es así. Febrero ya estaba marcado en rojo por otro estreno; es más, el mundo seriéfilo estaba esperando este mes por otra adaptación de una obra de otro King. La gran estrella del mes venía de la mano de Netflix, que nos traía a la pantalla un cómic escrito por Joe Hill, hijo de Stephen King, para que todo quede en familia. Y, aunque puede que a los neófitos de la novela gráfica esto no les diga nada, lo cierto es que Joe Hill publicó entre el 2008 y el 2013 Locke & Key, obra que acumuló un porrón de premios y hoy está considerada como una historia de culto dentro del género de la fantasía oscura y el terror.

Aunque pueda parecer cosa de frikis, multitud de productoras (Dreamworks, Fox, Universal e incluso el mismísimo Steven Spielberg) han tratado desde 2010 llevar a la gran pantalla esta novela gráfica; no obstante, ninguno de estos proyectos llegó a materializarse. Ha sido finalmente Netflix la que consiguió rodar una historia con personajes de carne y hueso.

Y Netflix hizo lo suyo, que es lijar todas las aristas y poner una capa de brilli brilli para que todo el mundo pueda disfrutar de esta obra de arte. Pero en este proceso totalmente industrial la historia pierde toda su excepcionalidad, la obra de arte desaparece. Porque no nos confundamos: la serie de Netflix es muy entretenida, incluso  acierta en la forma de llevar plasmar algunos efectos que, fuera del cómic, podrían rechinar, logrando que resulten espectaculares (por ejemplo, la llave cabeza o la introducción de la llave cerilla, que no aparece en el cómic pero en pantalla luce genial. Toda escena con fuego y cosas ardiendo es bien). Pero la constante dulcificación de las historias es un problema. Y, aunque es algo que Netflix suele hacer y muchas veces funciona, las píldoras de humor y buen rollo desdibujan el tono que le sentaría bien a esta historia.

Porque esta es una historia oscura, deprimente, con personajes atormentados y una familia que se resquebraja tras la muerte violenta del padre. Una familia que intenta rehacer su vida empezando de cero en la abandonada mansión familiar, la casa de las llaves, pero no puede librarse de los demonios internos que les persiguen desde aquel fatídico día. Aunque las licencias que se toma para adaptar la historia de las llaves son entendibles (con la excepción  del abuso de las escenas en el instituto que en el comic son casi inexistentes y aquí rompen el ritmo de lo que realmente importa), lo que realmente estropea el producto final es el tono, demasiado optimista y positivo para una historia que debería ser mucho más oscura y opresiva. Buena serie, en definitiva, entretenida y divertida, pero con adjetivos que se quedan demasiado cortos para el libreto original del que partían; una historia convertida en verdadera obra de culto dentro del género fantástico.

Siguiendo con el mundillo de las viñetas, continuamos el mes con otra adaptación de cómic, Stumptown (ABC), que nos cuenta la historia de una detective que vive con su hermano con síndrome de Down. Esta vez, el espíritu del cómic se refleja de forma más fiel, pero la calidad de la historia de partida no llega a la altura de la obra de Joe Hill. El cómic en el que se basa esta serie podría enmarcarse dentro del consumo rápido, un género que puede parecer algo despectivo, pero funciona de forma maravillosa en la pantalla. Aquí encontramos un tono más amable, con casos sencillos, sin demasiados vericuetos, que se resuelven en uno o dos capítulos y que sirven de excusa para que las relaciones personales de los cuatro protagonistas avancen. La detective Dex, su hermano Ansel, el dueño del bar donde pasan sus horas libres, Grey y el detective Miles, protagonizan una serie amable de fácil consumo, que se deja ver muy bien y, dentro de su estilo, funciona.

Con tanta novela gráfica, casi se me olvida otro buen regreso, el de Narcos: México, aunque después de su no demasiado buena primera temporada incluso la propia Netflix parecía bastante perezosa en su promoción. Por suerte, desde el primer capítulo se intuye que esta vez van a por todas y la serie sorprende con un ritmo trepidante que engancha de principio a fin. El equipo de la DEA que quiere vengar la muerte del agente Camarena y los continuos problemas de Félix Gallardo para mantener unidas a todas las familias del narcotráfico mexicano, crean una historia apasionante en la que siempre pasa algo y que no nos suelta hasta el final. Y hay acción, mucha acción. Si eres de los pocos que lograron terminar la primera temporada, esta es tu recompensa.

Y para acabar, vamos a cerrar el círculo con más terror. Bueno, quizá es un calificativo demasiado fuerte, dejémoslo en drama sobrenatural, que es más light. Porque miedo, lo que se dice miedo, no se pasa durante toda la serie: Evil (CBS) es la última aventura del matrimonio King, que por suerte no gira exclusivamente alrededor de esos tribunales tan frecuentados por Alicia Florrick y Diane Lockhart. Dicho eso, tampoco esperéis que los abandonen del todo, porque hay bastantes pinceladas de la historia que se suceden entre fiscales y abogados defensores. No es fácil dejar esos vicios de golpe.

La protagonista es una psicóloga no creyente que es contratada por un cura de la iglesia católica para que le ayude investigando casos de milagros, posesiones, apariciones… para poder discernir si son reales o no.  Aunque la idea suena algo rocambolesca, los King se las apañan para que todo nos parezca totalmente normal y la historia avance como la seda. Como suele ser habitual, cada capítulo nos propondrá un caso sobre el que se sustenta un arco argumental más amplio que, a pesar de todo, no penaliza mucho a quien no sea fiel seguidor de la serie. Es decir, cada capítulo tiene identidad propia, aunque haya ciertos detalles y eventos que vertebren una trama más general.

Como ocurría en The Good Wife (CBS), abundarán los casos extraños que en ocasiones rozarán el surrealismo pero que, en lugar de desentonar, le sientan bien a la serie por la forma que tienen de narrar los King. Algo que creo que mejora con respecto a series anteriores de estos autores es el papel que juega la familia dentro de la serie: mientras en The Good Wife esta era un complemento necesario, pero muy secundario e incluso engorroso, aquí juega un papel muy orgánico dentro de la historia. Me atrevería a decir que las escenas más malrolleras de la serie las protagonizan las hijas y la madre de la protagonista. Todo un acierto.

La serie, que empieza pareciendo una más y se ve para pasar el rato, te atrapa sutilmente y, cuando quieres darte cuenta, ya te has encariñado de los personajes y necesitas saber qué les va a pasar. Nunca dudes de los King.

En fin, parece que nos ha quedado un mes un tanto sombrío. Al ser tan corto, no me ha dado tiempo a hablar de comedias; prometo incluir alguna el próximo mes para animar con una sonrisa el año. Alguna ya despunta, como es el caso de Avenue 5 (HBO) o Mythic Quest: Raven ‘s Banquet (Apple TV). Así que ya sabéis: risas y  mucho más en nuestro próximo encuentro seriéfilo, dentro de un mes. ¡No os lo perdáis!

El seriéfilo
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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y a través de La Soga se comunicará con el mundo.

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