El seriéfilo: septiembre de 2018

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Comenzamos una nueva temporada, aunque parezca que la anterior nunca se fue. Al fin y al cabo, hace solo un mes que comentábamos aquí la cantidad de estrenos de calidad que nos había deparado el verano. Quizás la única señal  que nos permite identificar este inicio de curso sea la vuelta de muchos viejos conocidos: septiembre es, al fin y al cabo, un mes de reencuentros; un mes para el retorno de las series que han sobrevivido al juicio del público soberano y regresan con nuevas historias, pero protagonizadas por personajes de antaño.

Y hay que reconocer que hay retornos que han sentado muy bien. Es el caso de la segunda temporada de The Sinner (USA Network). Esta vez el único nexo de unión con la anterior es el del detective interpretado por Bill Pullman, que vuelve a su pueblo natal para resolver un caso incluso más impactante. En esta ocasión se enfrenta a un homicidio múltiple cuyo presunto culpable es un niño de trece años. Aunque los primeros capítulos son igual de potentes que en la primera entrega, esta segunda temporada consigue mantener la coherencia a pesar de reservarnos sorpresas que darán cohesión a su relato. La introducción del tema de las sectas hace más creíble el conjunto, algo que en la anterior historia, protagonizada por Jessica Biel, era realmente difícil. El truculento asesinato del lago no calaba en el espectador; pero ahora, superado ese problema de guion, la serie avanza sobre sólidos raíles y consigue mantener nuestra intriga y desconcierto.

La pérdida de una actriz tan carismática como Jessica Biel se solventa de forma magistral con la incorporación de la brillante Carrie Coon, que construye un personaje misterioso y complejo, muy alejado del de su predecesora, pero que funciona de maravilla junto a Bill Pullman. Sin llegar a ser una serie perfecta, porque tiene un final un tanto rocambolesco y efectista, mejora bastante la primera entrega y hace desear que el detective Harry Ambrose vuelva a visitarnos el próximo verano.

Más difícil lo tenía la vuelta de American Vandal (Netflix), ya que el formato de falso documental de calidad amateur fue una de las grandes y refrescantes sorpresas del año pasado. Al repetir la fórmula, los chicos de Netflix tenían muy difícil pillarnos desprevenidos. Sin embargo, y aunque efectivamente no lo han hecho, han mantenido el nivel de forma sublime.

Si hace un año buscábamos a un misterioso dibujante de penes, esta vez la gamberrada que se fue de las manos es totalmente escatológica: ahora buscamos a alguien que echó una gran cantidad de laxante en la limonada del comedor de un colegio, provocando un auténtico caos diarreico.

Se agradece la intención de los creadores, que intentan mantener la ilusión de realizar otro documental amateur. En el primer capítulo, muestran que su investigación había sido mucho más cutre y que la nueva realización se llevó a cabo después de que Netflix contactara con ellos, una vez su documental se había vuelto viral. En esta ocasión, contando desde el principio con el patrocinio de la cadena digital, American Vandal ha contado con todos los medios necesarios para realizar su segunda temporada.

No dudo que la hilaridad que provocan en mí todos estos asuntos escatológicos se deben principalmente a mi inmadurez, pero creo que es necesario reconocer que el nombre del responsable de la gamberrada es insuperable: El zurullo vengador (Turdburglar en inglés), el cual es el principal ingrediente de la mezcla de una comedia adolescente, con su humor grueso; el ritmo de un thriller policiaco; y un componente pedagógico que estaba más atenuado en la primera temporada. Esta segunda entrega se aprovecha para hablar de forma seria sobre el bullying, los abusos de poder, las relaciones entre los jóvenes, la dependencia de las redes sociales, la inseguridad, la soledad… Muchos temas de los que productos en teoría más serios no logran enfocar de forma tan acertada.

Un poco a destiempo, pero por fin he terminado de ver Dietland (AMC), la serie que ha recabado tan buenas críticas últimamente. A pesar de ser muy esperada por la participación de Julianna Margulies, el suyo no es el personaje más relevante ni, desde luego, es por lo que destaca la serie. Dietland hace una disección crítica del mundo de la belleza femenina, con esa obsesión enfermiza por la pérdida de peso. La protagonista, Plump, una chica obesa que trabaja como escritora fantasma en una revista de belleza contestando cartas de adolescentes, comienza a verse involucrada en actos de grupos feministas que cuestionan el mercantilismo al que se ve sometida la mujer. A partir de ese momento, Plump deberá elegir hasta qué punto se quiere involucrar, debatiéndose entre la urgencia de los fines y la proporcionalidad de los medios.

La serie acierta con el debate que plantea en torno al feminismo, mostrando varios prismas que hacen reflexionar al espectador. De hecho, Dietland logra algo bastante inusual en estos días: no toma partido por ninguna de las propuestas que plantea, mostrando los puntos grises de todas y cada una de ellas. Con una realización sublime, esta producción muestra perfectamente la lucha interna por conseguir lo más difícil: aceptarse y quererse a uno mismo sin que importe lo que piensen los demás.

Lamentablemente, el final adquiere un cariz que no responde al resto del desarrollo de la serie y, por desgracia, a finales de septiembre se anunció su cancelación. Ya no podremos saber qué tenían preparado los guionistas para encauzar la situación; pero, a pesar de ello, Dietland se va al cementerio de las series dejando a su paso una producción cuidada, un ritmo sólido y una historia interesante y fresca que nos hizo pensar. Más que suficiente para recomendar a cualquiera su visionado.

Y, aunque resulte repetitivo, no puedo dejar pasar este mes sin nombrar Better Call Saul (AMC), de vuelta con su cuarta temporada. Cada vez está más cerca el momento en que James Mc Gill se convierta definitvamente en Saul Goodman y, mientras tanto, el negocio de Los Pollos Hermanos sigue creciendo. La forma en que la serie combina ambas historias para mantener al espectador pegado a la pantalla, a pesar del ritmo pausado de la serie, es algo digno de estudio. Sigue siendo una de las grandes del momento. Temporada tras temporada, nunca falla y mantiene un nivel de sobresaliente. Sin duda, es un spin-off a la altura de la serie madre, Breaking Bad.

Los superhéroes también han tenido su representación este mes con la segunda temporada de Iron Fist (Netflix) que, lamentablemente, sigue representando lo más insulso del universo Marvel en la pequeña pantalla. Aunque el conjunto mejora lo ofrecido en la primera temporada, la historia sigue siendo bastante intrascendente y el Iron Fist de Danny Rand sigue siendo pisoteando en cada capítulo, proyectando una desagradable sensación de que cualquiera puede vencerle y, además, es fácil de engañar. Desde luego, puede decirse que se está abriendo una gran brecha entre la punta de lanza de los personajes Marvel como Daredevil, Castigador y Jessica Jones, y los personajes más grises como Luke Cage e Iron Fist. Una verdadera pena.

Pero no iban a ser malas noticias para Netflix. Para acabar voy a recomendar una serie a la que no se le dio mucho bombo antes de su estreno, pero que ha cosechado buenas críticas desde entonces. Ozark fue una grata sorpresa que se estrenó el año pasado y que trata sobre un asesor financiero que se dedica a blanquear dinero para un cártel de la droga mexicano. La original historia, que mezcla la vida de una familia corriente con la búsqueda de métodos para lavar dinero sin levantar sospechas, fue algo original y que caló bien. En esta segunda temporada, a pesar de que la trama se centra en el único objetivo de conseguir levantar un casino para el cártel, la serie mantiene un ritmo frenético y la sensación de estar siempre con el agua al cuello. El cóctel formado por la policía, el FBI, algunos personajes locales y el cártel es explosiva y, como resultado, la trama se convierte en una trepidante huida hacia adelante en la que el bueno de Marty tendrá que ir poniendo parches para salvar a su familia.

Y con esta recomendación me despido hasta el próximo mes, porque la avalancha de estrenos que me esperan no me deja tiempo para escribir. Corto, cambio y mando a distancia.

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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