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La ultraderecha quiere la calle – 13 de mayo

Las manifestaciones han vuelto a Hong Kong. El domingo, los que protestan contra el poder chino se concentraron en centros comerciales, donde estuvieron jugando al gato y al ratón con la policía. Hubo doscientos cincuenta detenidos. El retorno de las protestas de Hong Kong demuestra que la normalidad vuelve a la antigua colonia británica, aunque la pandemia impone formas heterodoxas de protesta: con tapabocas a los dos lados de la barricada, en lugares cerrados como un hipermercado, o usando flashmobs; protestas de usar y tirar con más vida en las redes que en la calle. Hong Kong se ha especializado en la protesta de imagen, de ahí el Pulitzer a los fotógrafos.
En Brasil han puesto de moda las manifestaciones en coche. Las anima el presidente Jair Bolsonaro. La primera fue en Curitiba: buenos coches conducidos por gente bonita de piel blanca y melenas lisas. Y muchas banderas de Brasil. La bandera contra el virus: la Biblia contra el Covid-19. Mejor que las mascarillas, el gel y el aislamiento. El confinamiento es de comunistas, ya se sabe. Y el coche es el símbolo de la libertad, o sea, del capitalismo: encienden los motores por la bolsa antes que por la vida. En Sao Paulo se manifiestan camiones a favor del presidente Messias y tocan el claxon frente al Hospital das Clínicas: contra la ciencia, la bocina de la fe.
En un restaurante de comida basura de Raleigh, Carolina del Norte, una docena de manifestantes pro Trump ha entrado a comprarse un bocadillo armados hasta los dientes. Uno carga un bazuka y dos revólveres; otro se pasea con una ametralladora browning que lleva matando gente desde 1921. Los grupos anticonfinamiento de Estados Unidos agitan banderas y biblias, cargan fusiles, y comen bocadillos prohibidos en Instagram. Y se manifiestan en coche: la bici también es roja. En las redes sociales se ríen de ellos. Hay una modernidad que piensa que la democracia se defiende con memes y paternalismo. Quizá las armas de guerra den una pista de que los chistes se quedan cortos.
El humor no es patrimonio de la izquierda. Ni las manifestaciones. En Brasil, la dictadura militar empezó en la calle. Y en Estados Unidos, el derecho de reunión ha sido ejercido por todo el espectro político, con pistolas o sin ellas. También en tiempos de peste. Como en Filadelfia, el 28 de septiembre de 1918, cuando en las calles de la ciudad se concentraron doscientas mil personas para apoyar a los veteranos de la Gran Guerra. La gripe que llamaban española no había remitido del todo y se cebó con la ciudad, que tuvo que enterrar a los muertos en fosas comunes. Hay pocas fotos de aquella marcha letal. En las que sobreviven se ven menos máscaras que banderas.

Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero
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