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Sequía en América: sed y codicia – 5 de mayo

Las altas llanuras de Estados Unidos sufren la peor sequía del siglo. Tres cuartas partes de Dakota del Norte están en sequía extrema. Lo mismo sucede en partes importantes del Medio Oeste, de Indiana a Nebraska. Según los científicos, pueden entrar en un estado de sequía permanente: una mega-sequía no vista en 1.200 años. No llueve, y en varios territorios se preparan ya para dejar de recibir agua del río Colorado. Es el caso de California y sus cuarenta millones de habitantes. Las grandes plantaciones de maíz y soja sufren los efectos. Dicen en la Universidad de Arizona que la gente tiene motivos para preocuparse, pero que todavía no hay razones para el pánico.

La mayor sequía del siglo en América también se siente en el sur. En Brasil, las plantaciones de maíz de Paraná y Mato Grosso do Sul están en situación crítica: la producción es escasa o se ha estropeado. El expolio de las terras roxas de los indios guaraníes no da frutos, y el segundo mayor exportador de maíz del mundo ha tenido que reducir sus expectativas de producción, lo que hace subir los precios. Las voraces granjas de cerdos de China, las mayores del planeta, están dispuestas a pagar lo que sea para alimentar a los animales, que a su vez nutren al imperio naciente. Las consecuencias serán globales: comida más cara, especialmente para los que no pueden pagarla.

El agua de las Américas escasea en el cielo, pero cotiza en bolsa. En la de Chicago, donde también se negocian los precios mundiales futuros del maíz, el trigo, y el azúcar: la comida básica de la humanidad. Y desde el año pasado, la bebida, concretamente en forma de acciones de un artefacto llamado The Nasdaq Veles California Water Index. «Solo medimos el agua de California y es para evitar la especulación», aseguran los mercaderes, mientras la sequía dispara su precio como producto financiero. Explica la Bolsa: «el agua es crucial para mantener una actividad económica continuada». La libertad era meter la vida en una botella y hacerse rico con la sed de los otros.

El dinero no se puede comer, advertían los indios cree, hoy confinados en Montana. La búsqueda de fortuna fue el motor de la conquista del Oeste. Hollywood hizo de las High Plains, las altas llanuras, el escenario del mito fundacional estadounidense: donde John Wayne mataba pieles rojas en nombre de la familia o la bandera. Luego llegaron Vietnam y las sospechas, y el western se hizo crepuscular. Clint Eastwood lo sintetizó en High Plains Drifter: su personaje abre en canal las miserias de una villa de pioneros que han vendido su alma al diablo por las riquezas de una mina. Eastwood los castiga: viola, mata, destruye. Y hace justicia cambiándole el nombre al pueblo: de Lago a Infierno, leemos mientras el ángel vengador cabalga hacia el desierto.


Notas de extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

 

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