El Seriéfilo

Seriéfilo: noviembre de 2021

Rebañando el fondo del plato, si se es tenaz y persistente, siempre se encuentra algo. Y en esas estamos, rascando en la recta final del año para completar la mochila seriéfila del 2021, para bien o para mal. Afortunadamente, las productoras siempre se guardan alguna bala para sorprender a los espectadores resabiados que, tras diez meses de visionados, llegan al último sprint seguros de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Una de esas balas ganadoras es, sin lugar a duda, Dopesick: Historia de una adicción (Hulu). La miniserie, que se puede ver en la plataforma de Disney+, se mete de lleno en la epidemia del consumo de opioides que arrasa EEUU desde la segunda mitad de los años 90. Para entender este fenómeno, la producción se centra en una serie de fechas clave: veremos el momento en el que la farmacéutica Purdue Pharma logra homologar y poner a la venta un medicamento altamente adictivo como era el OxyContin, en 1996, y pone en marcha sus agresivas técnicas de comercialización; iremos avanzando y retrocediendo en el tiempo para ver los efectos que tuvo esa droga, primero en los pueblos mineros de Virginia y, finalmente, en todos los rincones del país. También seguiremos las investigaciones de una agente de la DEA y los intentos de un grupo de fiscales federales por llevar a los dueños de la empresa a juicio.

Estos saltos entre las distintas historias y fechas es lo que puede hacer que, al principio, cueste seguir el hilo conductor; pero el buen hacer de los actores, Michael Keaton está tremendo, y la potencia del relato logra mantener nuestra atención el tiempo suficiente como para que conozcamos a todos los personajes, sintiéndonos cómodos en todas las líneas temporales. Tener a Barry Levinson dirigiendo los primeros episodios, desde luego ayuda.

Nuestra recompensa será una crítica feroz del sistema sanitario y farmacéutico norteamericano; de las puertas giratorias, el tráfico de influencias y la corrupción en las altas esferas; de la desigualdad y la falta de ética, del desprecio de las grandes fortunas por el sistema de justicia. Y todo fantásticamente filmado y narrado. Una serie tan adictiva como el producto que retrata.

Pero no todo iban a ser alegrías en la plataforma de Mickey Mouse, que este mes falla de forma clamorosa con la adaptación del laureado cómic de Brian K. Vaughan, Y: EL último hombre (FX). Su premisa podía haber supuesto un soplo de aire fresco para el género postapocalíptico, pero se queda en un quiero y no puedo. Que un virus acabe de forma inexplicable con todos los mamíferos con cromosoma Y del mundo, excepto con dos, Yorick, protagonista de la historia, y su mono Ampersand, es un inicio potente y original. Sin embargo, ya se muestra perezoso en el primer episodio. Una pesada lentitud hace acto de presencia en todos los capítulos y la trama sobre cómo organizar el nuevo gobierno de EEUU se revela como una historia bastante aburrida; lo único que hace es ralentizar aún más el viaje de Yorick y la agente 355 a través de este nuevo mundo habitado únicamente por mujeres, que es lo que realmente interesa, pero cuyo desarrollo es desesperadamente lento. Si a eso le añadimos unos personajes muy poco carismáticos, bastante estereotipados, y que nadie se toma muy en serio la misión, tenemos como resultado lo esperado: una serie cancelada. Una lástima, porque el comic en el que se basa era un fantástico story board en el que basarse, pero los guionistas decidieron tirar por otros derroteros.

Otra bala perdida es la segunda temporada de Morning Show (AppleTV+), una serie que estuvo entre las mejores del año pasado y que intentó renovar su éxito manteniendo al completo el magnífico plantel encabezado por Reese Witherspoon, Jennifer Aniston y Steve Carell. No obstante, después del final de la temporada pasada, que resultó ser una bomba de relojería que dinamitó los cimientos de la serie, la decisión de mantener el statu quo de los personajes como si nada hubiera pasado conlleva acometer forzadas piruetas. Tantas que, finalmente, pasan factura a la serie y acaban desconectando completamente al espectador.

La plataforma podría haber compensado este mazazo con otra serie muy esperada, pero no consigue resarcirse del todo. Adaptar una serie de novelas de uno de los escritores icónicos de la ciencia ficción, Isaac Asimov, conlleva mucha responsabilidad y es difícil contentar a todos. Vaya por delante que no me he leído los libros, por lo que mi opinión se basa únicamente en la serie en sí y, en ese sentido, como producto puramente audiovisual, Fundación (Apple TV+) es una buena serie de ciencia ficción, pero no sobresaliente. EL aspecto técnico está muy cuidado y transmite perfectamente la inmensidad de la galaxia y lo insignificante que resulta un ser humano dentro de esta vastedad espacial y temporal.

La producción parece en un primer momento inabarcable, presentando hechos sucedidos a lo largo de miles de años y en lugares dispares de la galaxia. Esto, por una parte, consigue transmitir esa sensación de insignificancia del ser humano pero, al mismo tiempo, dificulta la narrativa clásica de una historia con uno o varios protagonistas con un camino por recorrer. La inmensidad de la historia se canaliza y simplifica pasado el primer tercio y la serie gana en ritmo e interés, completando, con algún que otro altibajo, una historia mucho más sencilla de lo que en principio sugiere. Serie, en cualquier caso, muy entretenida y con unos valores de producción muy altos que hacen que desde el punto visual sea una gozada y eso, en la ciencia ficción, se agradece y mucho.

Seriéfilo noviembre 2021

Otro producto que no llega al sobresaliente pero que funciona bien es American Rust (Showtime), que recuerda en algunos aspectos a la maravillosa Mare of Easttown (HBO), aunque se queda varios peldaños por debajo. Aquí, se repite la investigación de un asesinato como excusa para hacer un retrato de la llamada White Trash, la población blanca, rural y pobre de los Estados Unidos; los grandes olvidados del sueño americano. El abuso de las pastillas con y sin receta médica, los desahucios, la explotación laboral o la falta de perspectivas de futuro son algunos de los temas que oscurecen un cuadro pesimista y desconchado de una realidad a la que los focos de la actualidad no suelen prestar atención.

Jeff Daniels y Maura Tierney consiguen dar peso a una historia cuyo mayor problema es lo mucho que se dispersa entre tan variados temas, encontrando dificultades para que la investigación policial se imponga sobre el resto de subtramas, perdiendo mucha fuerza y diluyéndose entre tantos frentes abiertos.

Mientras tanto, en Netflix ha pasado muy desapercibido el estreno de la última temporada de Narcos: México, una serie que tuvo la desgracia competir contra el carisma, la mística y la popularidad del patrón del mal, Pablo Escobar, y a la que le costó arrancar con una primera temporada que parecía una fotocopia de baja calidad del original. Lastimosamente, la serie empezó a brillar cuando ya nadie miraba para ella, con una segunda temporada que presentaba una fuerte identidad propia. Esta última temporada mantiene el punch de la anterior, con un ritmo frenético que no te suelta hasta el final y logrando el más difícil todavía: aupar a los altares del mal a un nuevo villano, Armando Carrillo Fuentes, muy distinto a los Escobar y a los Félix Gallardo, pero armado con el mismo magnetismo. Al final, la serie nos acerca un mundo completamente corrupto, con un antagonista a la altura y una historia basada en hechos reales llena de ambición, traición y mucha, mucha acción.

La propuesta patria del mes la encontramos sin cambiar de plataforma: El tiempo que te doy (Netflix) destaca más por la forma que por el fondo… y eso no siempre es bueno. Diez capítulos de once minutos que empiezan con un minuto de tiempo presente y diez en el pasado para, luego, acabar con nueve minutos en la actualidad y solo uno de recuerdos. Esta es la forma en la que esta producción trata de reflejar la evolución de una ruptura amorosa: cómo se pasa de buscar refugio en los recuerdos felices de la relación a pasar página; cómo dejamos de vivir en el pasado y seguimos adelante con nuestra vida. Una lástima que la historia no aporte nada especial y sea más de lo mismo, dejando la serie en un entretenimiento curioso, pero sin mayor recorrido.

Al mismo tiempo, regresa a SundanceTV la segunda temporada de la finlandesa Shadow Lines (ZFO), continuando de forma orgánica las tramas abiertas en su anterior entrega. Vuelve la tensión y el aroma a película de espías clásica, con la amenaza latente de un conflicto armado entre Finlandia y Rusia. Con muchos más giros y sorpresas, crece la desconfianza entre todos al surgir una nueva amenaza, esta vez en el interior del país. Se mantiene la genial ambientación de los años 50 y la historia sigue a la altura, por lo que no puedo más que recomendar a todos los que disfrutaron la primera temporada que perseveren con esta producción.

Para terminar con nuestra ya característica sonrisa final, vamos a recomendar dos series que no pueden considerarse comedias como tal, pero en las que el humor es el ingrediente secreto que las hace especiales. Por un lado, está la miniserie australiana Sospechosas inesperadas (SBS), que se puede disfrutar en Filmin y nos cuenta, en clave de humor y sin escatimar crítica social, el robo de un collar muy valioso en una fiesta de cumpleaños infantil. Aquí todos los asistentes son sospechosos, desde la dueña de casa, hasta su vecina y amiga, una conocida influencer, pasando por las niñeras filipinas de sus hijos. Una historia muy divertida, cargada de cinismo y mala leche, pero siempre bajo la apariencia del buen rollo y la impostada cordialidad de uno de los barrios más pijos de Sidney.

Por otro lado, con un tono radicalmente distinto, la nueva serie de Taika Waititi, Reservation Dogs (FX), que se puede ver también en Disney+. Esta producción nos lleva a una reserva india de la mano de un grupo de adolescentes que hacen trapicheos varios para ahorrar lo suficiente e irse lejos, en busca de un futuro mejor. Con un humor surrealista y cargado de referencias cinéfilas, esta serie presenta una atmósfera mucho menos luminosa que la australiana y, bajo su gruesa capa de humor, esconde diversas tragedias con las que deben lidiar los miembros de la comunidad indígena. Por suerte, siempre asoma un hilo de esperanza al que los protagonistas pueden agarrarse para no darse por vencidos… Y nosotros con ellos.

Con estas dos últimas recomendaciones dejamos el terreno preparado para lo que viene a continuación: luces navideñas, villancicos y, sobre todo, rankings, listas de series, las últimas joyas ocultas, lo mejor y lo peor del año… Para quien escribe, una época que supone un chute de estrés odioso, pero en la que, por supuesto, es obligatorio participar. Y, siendo así, preparaos. Porque, cuando menos os lo esperéis, estaré aquí de nuevo cumpliendo con la gran tradición navideña del buen seriéfilo…

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