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El Seriéfilo

Seriéfilo: enero de 2021

Volvemos a la carga con un nuevo año que comienza, como era de esperar, igual que terminó el anterior. Y es que, aunque la creencia popular nos explique que la la película de cada año es distinta, la realidad es que cada año es una nueva temporada de la misma serie. Y, como sabemos los seriéfilos de pro, la finale y la premiere suelen ir de la mano.

En nuestro universo catódico particular, observamos que se mantiene la tendencia de la proliferación de miniseries y, también, poca disposición por parte de las cadenas a asumir riesgos excesivos. Se sigue apostando más por la producción de nuevas temporadas de series ya consagradas y, en menor medida, se prueba suerte con alguna novedad. Quizá es un signo de los últimos tiempos que nos ha tocado vivir. En fin, veamos cómo se presenta el panorama de este 2021 seriéfilo.

Los primeros días del año nos trajeron el final de Vikingos (Prime Video) serie que pedía a gritos desde hace años una muerte digna para ascender así al Valhalla y que su creador, Michael Hirst, se empeñó en hacer languidecer durante dos larguísimas temporadas que no consiguieron hacer olvidar las andanzas de Ragnar Lothbrock. Y es que la sombra del primer protagonista de la serie ha sido tan alargada que ha logrado ensombrecer la figura de todos los personajes que intentaron coger las riendas de la serie. Le ha pasado a Bjorn Ironside, pero también a Ivar el deshuesado. Por fin, nos despedimos de la serie con un final verdaderamente vikingo, repleto de muertes. Lástima que muchas de ellas hayan resultado ya descafeinadas porque, siendo sinceros, hace tiempo que ya no nos interesaba demasiado lo que le sucediera a estos personajes.

Otro final que llegó rápidamente fue el de Las escalofriantes aventuras de Sabrina (Netflix), que publicó sus ocho últimos capítulos el día de nochevieja. Al igual que sucedía con Vikingos, la cadena tampoco ha buscado un final digno y fiel al espíritu de la serie, pero no ha sabido dar con la tecla de la continuidad: el planteamiento de capítulos autoconclusivos, con un ligero hilo narrativo que nos lleva poco a poco hacia el desenlace, no es el más adecuado para la serie porque acaba de un plumazo con nuestra ilusión de asistir a una gran traca final. De nuevo, nos vemos arrastrados por una temporada muy convencional, hacia un final bastante soso.

Mientras tanto, Netflix ha tratado de recuperarse con un golpe de efecto: el adelanto del estreno de la tercera temporada de Cobra Kai, cuyas dos primeras entregas, recordemos, se habían estrenado bajo el sello de YouTube Premium. El día 1 de enero por la mañana, nos encontramos con una serie dividida en tres bloques perfectamente diferenciados: la trama juvenil que, como viene siendo habitual es la más floja, llena de lugares comunes y personajes poco carismáticos; el viaje de Daniel LaRusso a Japón, toda una muestra como no debe usarse la nostalgia; y, finalmente, la parte en la que Johnny Lawrence hace cosas propias de Johnny Lawrence, que es la que hace de Cobra Kai una serie distinta al resto. Todo brilla por fin cuando Johnny está presente: ahí sí, la nostalgia funciona en su enfrentamiento con John Kreese; el tono juvenil funciona cuando visitamos la relación maestro-aprendiz de Johnny y Miguel; y la revisión de la película original nos engancha a través del triángulo formado por Daniel, Johnny y Ali. Hoy, más que nunca, Cobra Kai es Johnny Lawrence.

El resto de las cadenas, como decíamos, siguen apostando por las miniseries de calidad. Y aquí es donde dominan los europeos. The Serpent (BBC), nos cuenta la escalofriante historia basada en hechos reales del asesino en serie Charles Sobhraj, que durante los años 70 se dedicó a robar y matar a mochileros occidentales que viajaban por el sudeste asiático. Aquí, seguiremos la investigación de un trabajador de la embajada holandesa en Bangkok que empieza a tirar del hilo a partir de una denuncia recibida por la desaparición de dos jóvenes holandeses. Poco a poco, iremos recopilando junto a él pruebas de muchas desapariciones que apuntan a una misma persona. La serie da continuos saltos en el tiempo y el espacio mientras encajamos las piezas del puzle y disfrutamos unos capítulos que se hacen verdaderamente amenos. La historia, como suele pasar en esos casos en los que la realidad supera a la ficción, es tan brutal e inverosímil que se nos antoja imposible que una persona así haya existido de verdad.

A finales del año pasado, con el hype de las miniseries españolas de 2020 en máximos históricos, HBO estrenaba otra serie que parecía ratificar el gran estado de forma de la ficción patria. 30 monedas, de Álex de la Iglesia, comenzaba poniendo toda la carne en el asador: nos encontramos con un piloto con alma de película, de duración extra larga, efectos especiales potentes y con una historia que mezclaba religión, brujería, costumbrismo y un humor bizarro, marca de la casa. Si bien es cierto que el cine del director vasco no es para todo el mundo, para cualquiera que se interesase mínimamente por sus películas este piloto era toda una promesa; colmaría todas sus expectativas y le dejaría con ganas de más. El arreón inicial aguanta hasta la mitad de la serie, momento en el que la historia empieza a mostrar alguna que otra costura y el presupuesto comienza a escasear. A pesar de todo, se consigue mantener la serie a flote hasta el episodio final, donde se acaba la vía y el tren descarrila de forma estrepitosa. Una lástima, pues apuntaba muy alto en sus comienzos… pero se quedó sin gas mucho antes de llegar a la meta.

Mientras tanto, Filmin nos trae la serie noruega Nobel (NRK), centrada en la historia de un soldado que vuelve a Oslo tras servir en Afganistán y se ve envuelto en una turbia trama política internacional. La sobriedad nórdica hace que las escenas de acción sean pocas y estén muy contenidas, pero que, a pesar de ello, logren transmitir la tensión del momento. Una historia bien hilada que dosifica con precisión los giros de guion, saltando hábilmente entre las misiones del pasado en Afganistán y la investigación presente en la ciudad de Oslo. Sin duda, una de las series destacadas del mes, aunque en su país de origen se estrenase allá por 2016.

De vuelta a las islas británicas, los creadores de la impactante Years and Years (BBC) nos llevan esta vez al Londres de los años 80 para mostrar la cara más amarga de aquella época. El vehículo escogido para su proyecto es el impacto del SIDA en la comunidad homosexual, un colectivo ya de por sí discriminado y que, a raíz de este estigma social, se vio todavía más encerrado en los estragos causados por la mortal enfermedad. It’s a Sin (Channel4) es un drama amargo, filmado con gran sensibilidad y que, también, trata sobre la amistad, el amor, los sueños, el rechazo, la muerte… Temas universales que se sienten y sufren a través de las diversas orientaciones sexual y que Russell T. Davies logra explorar con gran respeto y humanidad. Unas interpretaciones muy inspiradas, así como una banda sonora icónica armada con el mejor pop inglés de los 80, configuran una producción que, aventuro, estará entre las mejores miniseries del año (y eso que todavía estamos en enero).

Siguiendo con los estrenos, regresamos a Netflix para encontrar una de las sorpresas agradables del primer mes del año: la francesa Lupin, sin llegar ni de lejos a la excelencia que nos brindó la inglesa Sherlock (BBC), consigue modernizar con habilidad un personaje icónico de la literatura francesa como el famoso ladrón de guante blanco Arsène Lupin. Omar Sy es un protagonista carismático y la trama es lo suficientemente ágil como para que cada capítulo se nos escape en un pestañeo. Mezcla de comedia ligera y amable y de aventura policiaca, disfrutamos también del decorado de París, que embellece todo lo que en él sucede. No apunta a serie del año, no creo que sus creadores lo pretendiesen, pero estaré encantado de dar al play de mi mando en el mismo momento en que se estrene su segunda temporada.

Y como mandan los cánones de este, mi espacio; como no hay nada mejor que acabar con una sonrisa, la comedia recomendada de este mes es, en realidad, una vieja conocida: la nueva temporada de Staged (BBC), grabada durante el confinamiento y protagonizada por Michael Sheen y David Tennant, vuelve a la carga con una hilarante historia y nuevos y sorprendentes cameos. Mantiene el formato de las videollamadas y unos fugaces capítulos de tan solo quince minutos, perfectos para dar rienda suelta a la química que transmiten los dos protagonistas.

Hasta aquí hemos llegado por hoy. Espero veros de nuevo por aquí el próximo mes, el más corto del año, y en el que, aunque solo sea por el refrán, esperemos que lo bueno, si breve, sea dos veces bueno.

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