Suites venecianas (y III): El final del camino

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La república veneciana de la época moderna se ha convertido de manera ineludible en uno de los referentes visuales y temporales de todo buen aficionado al cómic. Uno de los últimos trabajos en ahondar en esa ciudad desde la perspectiva del noveno arte han sido estas Suites venecianas (Les suites Vénitiennes), que llegan a su final con el tercer tomo integral publicado en nuestro país por Ponent Mon. Un viaje por la Serenísima y sus intrigas que no ha dejado de sorprendernos en cada entrega.

Ya hablamos con anterioridad de los dos primeros integrales de la serie francobelga, una colección finalizada en el país vecino en 2006 y que ha terminado de ver la luz en el nuestro once años después. La publicación de este tipo de obras en España debería verse como una buena noticia, una apuesta por títulos que quizá no sean de primera línea, pero que merecen llegar al público español y mostrarnos toda la variedad existente en el mundo de la historieta europea. El hecho de que hayamos podido conocer la totalidad de la historia en menos de un año es otro aspecto a aplaudir, hartos como estamos de que la publicación de colecciones se dilate en el tiempo, o peor, que sus tomos desaparezcan por razones misteriosas. Merece la pena, pues, acercarse con buena voluntad a la última entrega de las Suites venecianas.

 

Un breve repaso

Antes de hablar de la última parte de esta historia, detengámonos unos momentos en el trayecto. A menudo, se dice que lo importante de un viaje no es llegar a su destino, sino lo que sucede durante el camino. Puede que Suites venecianas sea una buena muestra de ello, una historia en la que a menudo parece que se abren más tramas de las que podemos seguir, más sucesos de los necesarios y más lugares de los esperados. Todo ello para ir creando un mundo expansivo, que parece desbordar su propia narración.

El primer tomo partía de un asesinato, el de la señora Moncenigo, para introducirnos en el oscuro mundo de las intrigas venecianas. De la mano de nuestro protagonista, Alessandro Beltrame, se iba desplegando un tapiz lleno de oscuras intenciones y una venganza capaz de hacer temblar a la propia Serenísima. Ya comentamos en su momento que en realidad los asesinatos parecían más bien un mcguffin, siendo su resolución fruto de poco más que la casualidad y no encontrando un verdadero cierre. Lo importante a nivel de trama era colocar a Alessandro camino a las colonias africanas, donde ya había estado en su juventud.

A nivel temático, la primera entrega de Suites venecianas nos hablaba sobre todo de la ciudad entendida como principio y fin. La decadencia de Venecia se ve reflejada en toda una serie de personajes que se nos muestran, de manera ineludible, como corruptos e intrigantes. Todos dicen preocuparse por la república, pero nadie está dispuesto a desviarse de sus objetivos personales siquiera un ápice para defenderla. Venecia está condenada desde el principio por sus propios pecados, los mismos que parecen atacar a Alessandro, hijo bastardo de un senador y hombre entregado a los placeres terrenales. Esa decadencia también tiene su reflejo en la caída de Tshano, que pierde su pureza al mismo tiempo que su magia; en Clara, cuya entrega a la venganza la convierte en poco menos que un ser sobrenatural; y en Dorina Tron, capaz de todo con tal de que sus planes sigan adelante.

El segundo tomo nos presentaba un cambio brusco de localización y nos llevaba a Gorea, a la África continental y hasta a la isla de Guadalupe. De la mano de Alessandro seguíamos la pista de la trata de esclavos transcontinental en la que Francia tuvo tanto peso. Mientras nuestro protagonista se enfrenta a la amenaza sobrenatural de Clara y a las maquinaciones que provienen desde Venecia por igual, podremos ir sabiendo que en la Serenísima una conspiración sigue adelante. Pudiera parecer que gastar tres volúmenes (publicados en único tomo en España) para ir desarrollando esta trama es demasiado, que no dejan de ser tres años de tiempo real para aquellos que siguieran la publicación en Francia, pero con la perspectiva necesaria merece la pena haber hecho este camino.

La traición y la magia toman ahora el punto central de la historia. El protagonista es traicionado en al menos dos ocasiones, su nuevo aliado Muhammed Musa también sufre una inesperada celada, y mientras tanto en Venecia todo son intrigas y engaños. Desde la ciudad italiana son dos mujeres, Dorina Tron y Carla Bragadini, las que llevan el control de lo que sucede: una mediante la intriga y otra gracias a lo sobrenatural. Cabe destacar la intensa escena de la tormenta nocturna que tiene lugar al principio de la narración, auténtica representación física de la liberación de unas fuerzas inesperadas.

El fin de Venecia

Cuenta Éric Warnauts en el último epílogo de la colección que el origen de la historia estuvo en una visita a Venecia en 1994. Fue entonces cuando su mirada se paró sobre una estatua de Eva en la iglesia de Santa Maria della Salute, rodeada de los santos y los profetas. En ese momento se preguntó de dónde había salido esa estatua, quién la había construido y por qué. El resultado de esa meditación terminó siendo un enorme proyecto de nueve volúmenes a lo largo de diez años, que sirve como homenaje a la ciudad italiana y como historia de intrigas y traiciones. Dice también Warnauts que su máxima y la de Raives es «mantenerse populares sin dejar de innovar», lo que no está mal como objetivo.

La Venecia que sirve de escenario a estas suites la hemos conocido ya bien en el primer tomo de la colección. Se trata de una ciudad decadente y atrapada en la tela de araña tejida por las conspiraciones que tienen lugar en su territorio. La ciudad de los nobles empobrecidos que logran que los ricos mercaderes entren al consejo, de las grandes familias que entregan a sus vástagos en matrimonio para pagar deudas y trafican con todo lo que esté a su alcance para aumentar su poder y su influencia. Un lugar en el que los jueces se esconden tras máscaras y las amenazas tienen su origen en el interior de la ciudad tanto como en el exterior.

Ese mundo lleno de trampas y peligros tiene la forma de canales por los que navegan nuestros protagonistas, enfrentándose en cada momento a las intrigas de los demás. Y ahí es dónde Alessandro Beltrame nos mostrará una vez más que la mejor de las armas es la capacidad para manipular las emociones de los que le rodean. No se trata del más inteligente de los contendientes, no tiene las mejores cartas en la mano ni acaba de comprender lo que sucede a su alrededor, pero su capacidad de supervivencia parece inagotable, del mismo modo que una de sus sonrisas parece derretir a toda dama que se cruce en su camino, convertido en una suerte de Casanova. Es una pena que Warnauts no decida que el camino de Alessandro se cruce con el del mujeriego más famoso de la historia, aunque tal vez pensó con inteligencia que Venecia no era lo suficientemente grande para los dos.

La ciudad pintada por Raives y escrita por Warnauts parece estar permanentemente amenazada por todo tipo de fuerzas, ser el punto clave de la historia y del mundo. Y sin embargo, cuando acaba todo, sigue estando en pie, dispuesta a enfrentarse a la siguiente intriga, a salvar la siguiente amenaza. El fin de Venecia, parecen decirnos, no vendrá de la mano de un estruendoso grito, sino de un susurro continuado. La ciudad está herida de muerte, nadie cree ya en ella y cuando el consejo dice que lo hace todo por el bien de la Serenísima nadie puede creérselo, el que menos Alessandro. Podría decirse que la ciudad solamente sigue existiendo para que se pueda conspirar.

En el cómic, Venecia siempre será la ciudad de Hugo Pratt, pero también un poco la de Warnauts y Raives, la de la Eva manca de Santa Maria della Salute y el mujeriego bastardo que consiguió salir adelante. Una ciudad de folletín, intrigas y conspiraciones sobre los canales que alimentaron la imaginación de muchas generaciones antes de que sus calles se convirtiesen en una atracción turística más y el futuro del mundo dejase de discutirse en sus palacios.

Cerrando tramas

Ya hemos comentado que al segundo integral de estas Suites venecianas podría culpársele de abrir demasiados frentes mientras que no cerraba ninguno. Todo allí buscaba ampliar el campo de batalla, aparentando la inexistencia de una idea rectora. No obstante, y por suerte para nosotros, no era así.

Es cierto que el viaje a África parece una especie de digresión que a la hora de la verdad aporta apenas un par de personajes, que su presencia en Guadalupe sirve para lo mismo… pero esos personajes y sus acciones terminan teniendo trascendencia en la parte final de la historia. Esto es gracias a una serie de actos que han tenido lugar fuera de nuestra visión, que apenas podemos haber intuido. En ese sentido, las Suites venecianas son una narración tramposa, no vamos a negarlo, una narración que nos esconde muchas cosas y que busca epatarnos en el final con algunas revelaciones que no dejan de estar un poco cogidas por los pelos. Pero por suerte, esto no oculta sus grandes logros, como el de conseguir dar un cierre coherente a sus personajes.

Alessandro Beltrame, Dorina Tron, Tshano, Carla Bragadini, Bernadette, Muhammed Musa… todos ellos terminan su viaje vital de una manera coherente con su desarrollo, aunque tal vez muy generosa para nuestro protagonista principal. Algunos tendrán éxito, otros no, algunos perecerán y otros seguirán vivos, pero todos llegarán a algún sitio, habrán finalizado un viaje de transformación y acabarán en una situación diferente a la de salida. Aquí Warnauts merece un aplauso, ya que mantiene esa máxima de la cultura popular que insiste en que toda historia tiene que tener tres actos, una estructura que mantiene de manera ejemplar.

El final de las suites

Uno de los mayores placeres del lector de cómics, como en realidad del lector de cualquier material, es poder enfrentarse a una obra finalizada. El saber que cuando uno cierra la última página no va a quedar atrapado en un «continuará…», sino que podrá juzgar la totalidad de la historia. Esto no quita para que más adelante pueda continuarse con un nuevo capítulo, o que las obras sin fin no tengan una necesaria presencia en la historia del medio; aún en esos casos viene bien tener un marco delimitado para poder juzgar a lo que uno se está enfrentando.

En el caso de las Suites venecianas, y esto es algo en lo que coinciden con muchos otros cómics de la escuela francobelga, esta premisa está muy clara. La intriga se mantiene durante los tres integrales. Es una apuesta muy arriesgada, basada en la necesaria fidelidad de un lector que tendrá que enfrentarse a una espera de una década. Cierto es que a día de hoy el público está muy acostumbrado a esto, no solamente gracias a muestras literarias (tanto George R. R. Martin como Patrick Rothfuss llevan ya haciendo esperar a sus lectores más de seis años por la siguiente entrega de sus sagas más famosas), sino también televisivas y cinematográficas (en la TV podemos insistir en Juego de tronos, que finalmente parece que tardará entre siete y ocho años en contar su historia principal).

De ahí que todo estudio con respecto a una obra como Suites venecianas sea necesariamente parcial hasta que uno pueda enfrentarse a la totalidad del texto. Y ahí es cuando la serie brilla definitivamente, elevándose desde un título meramente interesante y dotado de un gran dibujo hasta otro nivel, que si bien no es el de una obra maestra sí corresponde al de un muy buen cómic francobelga.

Su publicación por parte de Ponent Mon en España debe ser motivo de alegría, aunque es posible que muchos de sus potenciales lectores duden en acercarse a él. Ya comentamos que la oferta es muy amplía y los recursos de los aficionados, tanto económicos como temporales, son limitados, pero lo cierto es que lo mejor que se puede decir de la serie es que nadie que apueste por ella acabará decepcionado. Lo más probable, me atrevería a decir, es que al pasar la última página se encuentre con un sentimiento agridulce, feliz por acabar una buena historia, pero triste por saber que ya no volverá nunca a la Venecia de Warnauts y Raives. Y esa siempre será la peor condena del lector.

Ismael Rodríguez Gómez

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Lovecraftiano con solera y sherlockiano tardío. Veo demasiadas películas. Twitter: @Darth_Azirafel

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