Ian Gibson: «Si España no afronta su holocausto, nunca estará unida»

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Ian Gibson siempre vuelve a Lorca. O Lorca a Gibson. Ha pasado casi medio siglo desde que el historiador irlandés se acercó al poeta granadino. De aquella primera aproximación surgió La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca. Corría 1971 y en la España de Franco no pudo publicarse. El libro vio la luz en París gracias a Ruedo Ibérico, altavoz de una historia de España libre de los correajes de la dictadura. Gibson apuntaba ya entonces con su pluma a los responsables de los asesinos de Lorca: el delator Ramón Ruiz Alonso y el jefe supremo de los sublevados en Andalucía, el general Gonzalo Queipo de Llano («dadle café, mucho café»).

Casi cincuenta años después, Gibson regresa a Lorca con los mismos protagonistas en siniestra acción y algunos detalles nuevos. También con una «obligación ética», nos dice en una mesa del lorquiano Café Gijón de Madrid: la de pulir la obra con la que empezó a hacerse español. Porque Gibson defiende su españolidad, materializada en un DNI y una vida en España, y expresada en el mismo castellano que compartían Federico García Lorca y sus matarifes.

Sostiene el historiador que las heridas de la Guerra Civil no se abren por excavar las cunetas donde mal duermen los asesinados. Y no quiere morirse sin saber dónde arrojaron al poeta en la oscuridad de agosto del 36. Ahora que reedita su primer libro con el título de El asesinato de Federico García Lorca (Ediciones B) cree haber llegado más cerca de los restos del poeta. Lorca, recuerda Gibson, murió por odio y envidia, pero en su rostro viven los miles de españoles asesinados en un país con tanta memoria que una parte de España todavía porfía por mantenerles bajo tierra, quizá porque a los muertos es difícil sostenerles la mirada.

¿Por qué revisas este libro?

El libro estaba descatalogado. Yo no sé cuándo salió la última edición. En 2005, creo. Y era consciente de que había que revisarlo a fondo. No quería irme de este mundo sin hacerlo por una cuestión ética: sabiendo más cosas, teniendo más materiales. Y lo que he hecho es una revisión a fondo, releyendo todo, releyendo mis propios libros, que ha sido una experiencia dura (risas); y, en fin, sacarlo en el ciento veinte aniversario del nacimiento de Lorca. En un año lorquiano. Además, es el primer centenario de su primer libro, Impresiones y paisajes. Quería también tener el libro en la calle porque hay una nueva generación de lectores. Y con esto lo dejo.

¿Qué otros detalles aportas?

Bueno, el libro fundamentalmente es el mismo, no lo voy a negar. Pero he corregido muchísimos datos. El más importante tal vez tiene que ver con la intervención del general Queipo de Llano en la muerte de Lorca. Yo creo que a estas alturas es ya indudable que hubo una consulta desde Granada, desde el gobierno civil de Granada, con Sevilla, donde está Queipo de Llano como jefe de los sublevados en Andalucía. Creo que ya sabemos que dio su beneplácito a la ejecución, fusilamiento o asesinato de Federico. Eso creo que es lo más importante. Pero luego hay otros muchos datos. Hombre, pueden ser datos a pie de página, porque a veces un dato que parece muy pequeño puede ser muy importante. Luego he ampliado muchísimo la bibliografía. Todas las declaraciones durante la guerra, tanto en el bando republicano como en el bando nacionalista. Las declaraciones de Franco sobre el asesinato de Lorca. Todo eso lo he reunido, lo he pulido y lo he ofrecido al público lector.

¿Hay algo nuevo sobre la ubicación de los restos de Lorca?

Bueno, yo sigo pensando que Lorca está en el parque de Alfacar, en las afueras de Granada. Y sigo pensando que buscaron mal. Hoy tenemos más datos. Se acaba de saber que Luis Avial, el experto en georadar, el hombre que descubrió los huesos de Cervantes y que sabe mucho del tema de Lorca y es muy reconocido internacionalmente, ha sacado radiogramas de la fuente monumental que hay al otro lado del parque. Parece ser que hay un bulto, unas indicaciones de huesos o de algo que pueden ser huesos. Creo que vamos a saber más, y muy pronto, sobre la ubicación de los restos.

¿Se llevó la familia los restos?

No lo creo. Se ha dicho que hubo un acuerdo y que están en el Valle de los Caídos. Yo eso no me lo creo. Pienso que siguen estando dentro del mismo recinto.

¿Crees que hay excavar otra vez?

Sí, sí, claro. Porque Lorca realmente es el máximo símbolo del horror de la represión franquista. Representa a todos los fusilados y asesinados que están todavía en cunetas. Yo soy de los que piensa que hay que recuperar a todos los muertos de la guerra y darles entierro decente. Eso no es reabrir heridas, como dicen algunos. No, no, no. Eso es hacer justicia. Bajo el franquismo las víctimas de los rojos fueron buscadas y exhumadas. Los de Paracuellos, por ejemplo. Los perdedores tienen los mismos derechos. Cualquier cristiano o católico entiende que tenemos que buscar al abuelo. No podemos dejarlo tirado como un perro en una cuneta. España tiene que hacer esa labor y el libro tiene este mensaje. Y yo tengo el derecho a decirlo, tengo la nacionalidad española. Aparte de que puedo decir lo que pienso, vamos. Me parece una cuestión de justicia.

¿De qué dependen en estos momentos unas nuevas excavaciones?

De la Junta de Andalucía, que va a tener que tomar una decisión al respecto. Yo espero que sea sensata. Hay que explorar esta fuente y sus alrededores, y ver si hay algo o no. Y si no lo hay, pues a empezar en otro lugar. Hay varios sitios donde no se han terminado las excavaciones. Pero yo empezaría en el mismo parque de Alfacar. Existen muchas indicaciones de que hay algo allí, al lado de la fuente. Y debemos empezar porque Lorca, realmente, creo que es el poeta nacional de este país. Él está siempre con los que sufren, con los perseguidos. Él mismo lo dijo, que como granadino estaba con todos los que sufren. Su obra es mundial, yo diría que casi cósmica. Su fama, también, y la gente le ama, porque su tema es sobre los que sufren, sobre la mujer que no puede vivir su vida, sobre los que no pueden ser lo que son. Lorca es grandísimo y hay que saber dónde está.

¿Por qué Lorca era un objetivo de los sublevados? ¿Por qué lo querían asesinado?

Hombre, porque decía lo que decía y era lo que era. Hay muchas razones. Lorca está totalmente identificado con la República, ha firmado el manifiesto del Frente Popular. Es un hombre de izquierdas sin ser militante de nada. Por ejemplo, es imposible que Lorca tuviera un carné comunista. O socialista. Es impensable. Lo que sí creo es que era revolucionario en su obra. Yo estoy convencido de que es revolucionario en el sentido de que quiere que la gente tenga derecho a su felicidad. Eso está siempre ahí. Por ejemplo, en Yerma, que fue atacada por las derechas, que eran terribles: decían que era un ataque a España. ¿Por qué? Porque la mujer protagonista no puede tener un niño, no sabe qué le pasa, no hay psiquiatra en el pueblo, obviamente, ¿no? Y además Lorca tiene el problema de ser homosexual en una ciudad, en una sociedad, levítica a derecha e izquierda. Era imposible ser gay. Hoy se puede hablar de ser gay, no hay ningún problema, pero durante años se ha intentado negar la relación de la homosexualidad con su obra, cuando está en todo, ¿comprendes? Él es un hombre sexualmente marginado, pero es un genio que toca el piano, que tiene dones que no tiene nadie. Pueden cubrir su dolor, pero él está con los que sufren. Además, había dicho que Granada tenía la peor burguesía de España. Eso no se le perdonaron y me consta, porque me lo dijeron.

¿La burguesía de Granada es la matriz del asesinato de Lorca?

Sí, realmente es así. De ahí viene. Y lo sabemos. Sabemos los nombres. Todo el mundo sabe que el principal delator de Lorca fue Ramón Ruiz Alonso, que fue diputado de la CEDA por Granada. Él mismo lo admitió antes de morir. De modo que no hay ninguna duda. Le odiaban por su obra. Me lo dijo a mí él mismo y se lo dijo a mucha gente: «hizo más daño con la pluma que otros con la pistola». Vuelvo a Yerma: la consideraron pornográfica porque hablaba de una mujer que quiere tener un hijo, no puede, y no sabe qué le pasa. Se le consideraba repugnante por su homosexualidad y por sus amistades. Era amigo de Fernando de los Ríos, que era el ministro socialista más odiado por la derecha en Granada. Y más razones. Razones de envidia porque ganaba dinero con su obra. ¿Sabes que el Romancero gitano fue el mayor bestseller de la poesía española de todos los tiempos? ¡Nueve ediciones antes de la guerra! Todo el mundo en España conocía versos del Romancero gitano. Todo eso crea envidia, mucha. Y también le envidian por su familia, que son terratenientes ricos de la vega de Granada. Todos esos componentes, en aquel momento, fueron fatales para el pobre Federico.

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¿La familia le deja morir? ¿Hizo lo suficiente para evitar su asesinato?

Yo creo que hizo todo lo que pudo, pero no pudo hacer nada. El odio era feroz. Los sublevados consultaron con Queipo de Llano y ahora sabemos que él dio su beneplácito. Ellos, para cubrirse las espaldas, consultaron por teléfono. Y cuando Queipo dice «dale café, mucho café»… pues ya está.

¿Queipo consulta con Franco?

No, no, en absoluto. Franco no es Franco entonces. Quiero decir, estamos en agosto del año 36 y Franco no es el gran jefe. Va a serlo pronto, pero Queipo de Llano manda y corta y mata en Andalucía. Hay que leer y escuchar sus charlas nocturnas por la radio. Realmente es una vergüenza lo que dice: que vienen los moros y las mujeres de los rojos van a saber lo que es un hombre de verdad. Es terrible. Es atroz. Y ahí está en la Macarena todavía. Era un hombre sádico, muy sádico, y él da su sí, da su acuerdo, da su palabra. Dice que hay que hacerlo.

¿Franco ordena exhumar el cadáver en algún momento o tienes seguridad de que siempre estuvo donde está ahora?

Yo no tengo la seguridad de casi nada, y eso después de casi medio siglo de búsquedas. No creo que esté en el Valle de los Caídos, como te he dicho, pero sí es posible que las autoridades franquistas sacasen el cadáver para meterlo en otro sitio y que no se encontrara nunca. Esto sí que sigue siendo una posibilidad. Y queremos saber más. Tal vez lo logremos ahora con las investigaciones de Luis Avial.

¿Qué crees que dice de España esa ignorancia sobre el paradero de los restos de Lorca y que nunca se haya hecho realmente todo lo necesario para rescatarlos?

Tampoco se ha hecho en el caso de los otros restos. Esto se ha dejado en manos de las asociaciones privadas y a mí no me basta. Yo quiero que el Estado se ocupe de hacerlo. Tiene que organizar las búsquedas. Y repito: hasta que no se haga, España no va a estar en paz consigo misma. Espero que se haga y pronto. No podemos seguir en esta tesitura.

¿Crees que persiste un cierto odio hacia Lorca en una parte de la derecha española, o al menos una cierta incomodidad?

Yo no sé si hay odio. Claro, la derecha española tiene el franquismo en los genes. Vienen de ahí. No digo que sean franquistas (ellos dicen que no), pero los tics son, a veces, absolutamente franquistas. Este país tiene que afrontar el holocausto que hubo aquí. A estas alturas nadie busca venganza. Buscamos paz. Pero, si no se hace, el país nunca estará unido. Hay que afrontar el horror de lo que fue aquí la represión franquista. Recientemente se ha hecho en Málaga y realmente le honra a su alcalde, Francisco de la Torre. Estuvo en la inauguración del monumento. Allí hubo miles de fusilados por los sublevados. Y también por parte de los otros. Y el alcalde de la ciudad, que es del PP, estuvo en la inauguración. Tiene todos mis respetos porque fue magnánimo. Hay que ser magnánimos y dejar a los otros que busquen a sus abuelos. Es facilísimo. A estas alturas se podría hacer de la noche a la mañana con un cambio. Queremos más magnanimidad de la derecha española.

¿Lorca es tu Moby Dick?

(Risas) Lorca para mí es… ¿Qué puedo decir yo como biógrafo? Empecé con veintipico años y ahora casi tengo ochenta. Para mí es el gran genio de aquella generación. Un ser humano magnífico, genial, extraordinario, importante y necesario. Solo quiero saber dónde está para poder tener esta seguridad antes de que me muera.

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