Bolivia: golpe de cruz y fusil contra Evo Morales – 13 de noviembre

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A Evo Morales lo han sacado del poder como si fuese un sirviente, personal de servicio sobrante. Ya se refugia en México, patria de exiliados de tantas guerras civiles. En Bolivia no hay guerra declarada porque el ejército manda a la luz y a la sombra. «Sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial», dijeron los generalotes y Evo asumió la orden. Como dimitió, no hay golpe, dicen los puristas que quizás esperan a los libros de historia para tener opinión. O al The New York Times. La historia siempre la escribe el vencedor porque es el dueño de la imprenta, o de Internet. En Bolivia se ha dado un golpe de Estado y al perdedor no le dejan, ni siquiera, la honrilla de reclamar que lo echaron con fusiles sugerentes.

Lo que ha pasado en Bolivia todavía se está escribiendo, pero ya están repartidos los papeles. Evo, el malo que supuestamente defraudó en las elecciones. Carlos Mesa, el buen opositor derrotado que pide la intervención de la OEA. La propia OEA, que antes de cerrar la investigación ya declara que algo raro pasó en las urnas. Es la misma organización que, en 1973, se reunió con Pinochet y le dio las gracias a los asesinos por el buen recibimiento sin escuchar los gritos de los torturados. Por último está eso que llaman «sociedad civil» y que, en el caso de Bolivia, lidera Luis Fernando Camacho. Alias, Macho Camacho. Alias, el Bolsonaro boliviano. Es de Santa Cruz, blanca y cristiana; frente a La Paz, tan india. La guerra en Bolivia también es cuestión de razas y credos.

«La Biblia ha vuelto al Congreso», declara Camacho en estos días de furia en La Paz. Y corea la segunda vicepresidenta del Senado y presidenta in pectore, Jeanine Áñez: tan blanca como las señoras de Serrano, con una bandera de Bolivia en la mano y al fondo otra cruz. Las sectas evangélicas no han colonizado América Latina solo para llevar el Verbo. El ora et labora del Císter es en el siglo XXI una llamada a la labor política, por lo cívico y lo militar. Luis Fernando Camacho lidera, de hecho, el Frente Cívico de Santa Cruz: canta victoria rodeado de paramilitares embozados con el símbolo del Castigador tatuado en el chaleco antibalas. The Punisher: el personaje Marvel del asesino sin juicio, ni defensa. Los hombres y mujeres de fe solo creen en la justicia divina.

Evo Morales cree en la Pachamama, la diosa Tierra de los indios andinos, mayoría en Bolivia y sangre de Evo. Al ya expresidente lo han metido en el avión del exilio, aunque luego Ecuador no le ha dejado surcar sus cielos. Morales se lleva mal con los aviones desde que se sospechó que en el suyo, hace años, viajaba Snowden. Francia, España y Portugal lo marearon entre las nubes porque no querían quedar mal con el dios Obama. El racismo contra Morales flota de antiguo entre la gente bien, que ya censuró su posado en jersey con el rey Juan Carlos. A Evo se la tenían jurada por la piel y las pintas. Y por ir a su aire en el mundo, sin reyes ni amos, el mayor pecado del Evangelio según el poder, siempre dispuesto a llamar al soldadito bolivano, para matar a su hermano.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero

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