Brexit: bienvenido a la frontera – 12 de diciembre

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El Brexit todavía no ha terminado pero deja ver sus surcos. En el aeropuerto de Barajas, Madrid, los pasajeros que vuelan hacia el Reino Unido ya deben pasar por un control extra de seguridad. Está al final de la terminal 4, con dos policías nacionales en la garita. DNI, pasaporte. Continúe. Al bajar del avión en suelo británico, jóvenes agentes de Albión preguntan a algunos pasajeros por su identidad y destino. Es a las puertas del finger, cuando el viajero está confuso y ansioso por encontrar la salida. Es un chequeo a discreción: la orden se ejecuta en el frente de la raza. Finalmente, Gran Bretaña recibe a los visitantes autorizados con un gran cartel. Welcome to the UK Border. Ser bienvenido a la frontera es otra experiencia definitiva de la civilización.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea se gestó durante años y dio el paso al abismo en 2016. «La noche del referéndum fue extraña, no sabría decir por qué, había algo en el ambiente», dice a TVE una reportera con años de experiencia en Londres. La ruptura punk no se hizo realidad con Sid Vicious sino con políticos como Nigel Farage, hoy rumbo al ostracismo, y el actual primer ministro británico, camino de la reelección. Sobre los rostros del Brexit se ha escrito lo suficiente: para unos valientes portadores de la voz del pueblo; para otros, delincuentes confesos del crimen de la mentira. El consenso es inviable cuando la bandera que se agita es la frontera, ese no lugar por esencia, la utopía fundamental que, sin embargo, es tan real como un control aeroportuario.

Sobre esa concreción absoluta que es la frontera se erige la absoluta abstracción, puerta al sueño o a la pesadilla. La incertidumbre es generalizada para los británicos, y preocupante para millones de personas que en breve van a conocer la vida del otro lado. La vida visa será una realidad para españoles, franceses o polacos en un país que también era su casa. Hay un millón de polacos en el Reino Unido. En las barberías de Hammersmith se cuentan las penas y alegrías de los años emigrados, ahora con la duda de si la navaja de la expulsión cortará su destino. «Ha aumentado el racismo, pero también la solidaridad», asegura la presidenta del Centro Cultural del Polonia de Londres. Tienen una librería con tesoros de la literatura polaca, un teatro y una sala de exposiciones. El odio les ha hecho pintadas para que se vayan.

Agarrarse a la desesperación silenciosa es la manera inglesa de vivir, canta David Gilmour. Pink Floyd reflexionaba sobre el tiempo y llegaba a la conclusión de que se acababa cuando terminaba la canción. En el Reino Unido de trovadores pop, la música de la diversidad la pone Londres, mientras la pequeña Inglaterra, que es el resto del país, ha iniciado su vuelta a casa: sueña con un hogar donde calentar sus huesos, un condado hobbit alejado de la globalización que hizo ricas a sus élites y un poco más desorientada a su gente. Al final, entre secretos y mentiras, la mayoría votó irse y probablemente volvería a hacerlo si se lo proponen. Por fin han construido una frontera donde cualquiera es bienvenido para irse.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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