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Cinefórum CC: La propuesta

Llegamos al cineforum número doscientos, un número redondo y sorprendentemente alto, encadenando películas desde un remoto pero lógico inicio con La soga de Alfred Hitchcock, hasta llegar al western australiano que nos ocupa. Por nuestra pantalla y por las páginas de esta revista han pasado desde clásicos indiscutibles a rarezas menores, algunos dramas sociales y comedias absurdas, el cine americano y películas más exóticas. Por supuesto, hemos hecho las obligadas paradas en nuestra filmografía nacional, en la de nuestros vecinos franceses y la del lejano país del sol naciente.

Si hacemos memoria, ya hemos visto otros westerns no estadounidenses, que trasladan o reproducen modelos del género y el mito nacional a otras geografías, como en el caso de Los hermanos del hierro. También nos hemos acercado al western crítico de Hostiles y visitado los límites del género en su cruce con el terror con Vampiros a la sombra. El cine australiano y sus paisajes a menudo inmisericordes, habían tenido su representación también en nuestro ciclo particular, con un clásico como Walkabout y una rareza menor de los 80 como El secreto del lago. Ahora, volvemos a la isla continente de la mano del australiano John Hillcoat, director especializado en vídeos musicales que, en 2005, era todavía un principiante en el largometraje. Más tarde nos brindaría la dura adaptación de La carretera (The Road, 2009) y la decepcionante Sin ley (Lawless, 2012).

En el guion de La propuesta llama la atención un nombre: el del músico australiano Nick Cave, que también escribió la ya mencionada Sin ley (basada en una novela de Matt Bondurant) y el primer largometraje de Hillcoat, Ghosts… of the Civil Dead (1988). Director y músico se conocieron en la escena musical de Melbourne, lo que llevó a Hillcoat a dirigir varios de los vídeos del músico y su grupo, como Nick the Stripper (1981) o Babe, I’m On Fire (2003).

La historia que ambos crearon para esta ocasión sigue, como si fuera un eco de las Murder Ballads que grabaron Cave y sus Bad Seeds en 1996, un crimen violento y sus consecuencias, y se maneja entre el realismo crudo y la lírica. Charlie Burns (Guy Pierce) es un bandido que resulta capturado junto con su hermano pequeño Mike (Richard Wilson) por las autoridades de una remota región del outback. El jefe de la guarnición, el capitán Stanley (Ray Winstone), ofrece  a Charlie un trato: liberará a su hermano Mike si, a cambio, él mata al tercero de los hermanos Burns, el violento Arthur (Danny Huston), al que ambos abandonaron después de un crimen excepcionalmente abyecto. Mientras Charlie se abre paso hasta su hermano y cruza su camino con un cultivado cazarecompensas interpretado por John Hurt, el capitán Stanley debe lidiar con una población y autoridades poco satisfechas con el acuerdo alcanzado, y también con su afligida esposa Martha (Emily Watson).

La narración es por momentos demasiado oblicua con respecto al relato y los personajes resultan también demasiado opacos. Los diálogos muy a menudo oscurecen más que aclaran las intenciones o los sentimientos de los participantes y a veces el lirismo se interpone ante la efectividad narrativa. Los eventos, brutales y violentos, se suceden en los relatos de Charlie y el capitán, mientras un ambiente de desesperación, de perdición inevitable, flota sobre todos ellos.

La población aborigen y su mitología aparecen también de forma casi indirecta, como un subtexto necesario, pero no concretado. Se hacen explícitas en una escena con los  prisioneros nativos en un oscuro y sucio cubículo en el pueblo; además, el capitán y su esposa cuentan con un criado, el ejército tiene un guía aborigen y en la banda de Arthur encontramos a otro nativo. Sin embargo, en general su presencia es ajena a la narración, como si fueran parte del paisaje y no formasen parte de la historia de los personajes principales. Cabe mencionar, no obstante, que entre ellos aparece el mítico actor David Gulpilil, posiblemente el más conocido actor aborigen en que podemos pensar (incluso aunque a menudo pasemos por alto su nombre o su papel) y que ha aparecido en decenas de películas, desde su debut en la ya mencionada Walkabout hasta en éxitos de taquilla como Cocodrilo Dundee (1986, Peter Faiman).

La imagen de Australia, o de la parte de Australia más allá del civilizado este urbano que se nos presenta, es sucia, desagradable y violenta; un lugar en el que ninguna persona en su sano juicio querría vivir, pero que a la vez puede ofrecer momentos de una belleza despiadada. Esta imagen dual del paisaje australiano, del desolado outback y de sus violentos habitantes, planea sobre gran parte del cine australiano de todas las épocas. Mientras que el cine norteamericano nos suele ofrecer una imagen idealizada, un verdadero mito de su frontera, parece que los australianos (al menos los que hacen cine) miran de forma menos romántica hacia su pasado.

Así, podemos ver la preeminencia del cine de asesinos en serie que pueblan el interior australiano; hombres a los que el Mick Taylor (interpretado por John Jarratt) de la franquicia de Wolf Creek (iniciada por una película homónima en 2005) puede servir como paradigma. Es algo que también se rastrea en la imagen casi apocalíptica de otras películas como Razorback: los colmillos del infierno (1981) de Russell Mulcahy, otro director australiano, por cierto, proveniente del videoclip. Es un fenómeno que quizás depende, en realidad, de la visión urbanita de unos autores que, en general, han crecido y se han formado en la franja costera de un país con unos contrastes brutales.

Evidentemente. la música, con el mismísimo Nick Cave y su colaborador habitual Warren Ellis al timón, también es un factor destacado en la película. Y lo es tanto en su uso diagético (los personaje a menudo cantan o recitan fragmentos de canciones) como en el extradiagético, contribuyendo tanto a la belleza como a la brutalidad de las escenas que acompañan.

Por concluir, La propuesta resulta un interesante añadido al western, entendiéndolo como un metagénero que supera las estrechas coordenadas temporales y geográficas de la frontera norteamericana en su faceta más violenta, revistiéndolo con ecos casi mitológicos y abriendo la puerta a un mundo mucho menos conocido que otros.

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