Cinefórum CLXIII: Funeral en Berlín

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Y para continuar nuestro ciclo pasamos del Berlín de la posguerra mundial al Berlín de la plena Guerra Fría, de los 40 a los 60 y de una producción americana a una británica, con una película de espionaje protagonizada por Michael Caine y que cuenta con un reparto internacional en el que destacan, junto al británico, la alemana Eva Renzi, el suizo Paul Hubschmid o el veterano actor de origen austriaco Oskar Homolka.

Los espías de los años 60 fueron, en medio de la situación internacional de una tensión creciente, uno de los géneros más populares en todos los medios comerciales. Ya las novelas de Ian Fleming (empezando por Casino Royale en 1953) habían comenzado con la moda, pero el éxito arrollador de las películas de James Bond, que contaba ya con las tres grandes (Dr. No, 1962; Desde Rusia con amor, 1963; y Goldfinger, 1964) y, la para mí muy inferior Operación Trueno (1965), había multiplicado los émulos, imitadores, parodias. No obstante, también abrió camino a historias de espías que intentaban, en la medida de lo posible, alejarse de la sombra del más famoso agente británico sin dejar de aprovechar el ambiente favorable a las historias de este género.

En el terreno literario John le Carré había creado a su George Smiley en Llamada para el muerto (1961) mientras que Len Deighton escribió en 1962 El archivo Ipcress, novela protagonizada por un anónimo agente de inteligencia. Ambos ofrecen un contraste total con el Bond de Fleming, de origen humilde o, como mucho, de clase media, en una vida sin lujos ni artilugios de ciencia ficción, sin villanos megalómanos y, a menudo, enfrentados a la burocracia aparentemente cotidiana, y por ello también aparentemente absurda, de unos servicios secretos desprovistos de glamour y, a menudo, cortos de presupuesto.

Y en la búsqueda de historias de espías que ofrecer al público, las novelas de Leighton llamaron la atención de Harry Saltzmann, uno de los productores iniciales de la serie de 007 que terminaría a malas con el otro productor, Albert R. Broccoli, y abandonando al personaje. Saltzmann contrató al escritor para trabajar en el guion de Desde Rusia con amor, pero se dice que muy poco de su trabajo realmente se utilizó en el rodaje. Sobre todo, Saltzmann compró los derechos de sus novelas para hacer su propia serie de películas.

En Ipcress (1965) haría pues su primera aparición en el cine el agente de Leighton, que ahora había ganado un nombre, Harry Palmer, y un rostro característico, con sus gafas de pasta, trajes modestos y el característico acento de Michael Caine. Era importante encontrar el actor adecuado para encarnar al agente y escogieron a este relativo desconocido, que por entonces que acababa de lucirse con su primer papel protagonista, y paradójicamente aristocrático, en Zulú (1964). Caine aportó carisma, acento cockney y presencia al personaje, garantizando la producción de varias secuelas y ayudando a catapultar la carrera del actor hacia el estrellato.

La primera de estas secuelas sería este Funeral en Berlín (1966) que nos ocupa. En esta, Harry Palmer es enviado a la dividida Berlín de la época para llevar a cabo una misión de extracción: un alto cargo de la inteligencia soviética en la ciudad, el coronel Stok (Oskar Homolka) afirma que quiere desertar a Occidente. Aunque Palmer no está convencido de su sinceridad, sus superiores, representados por el coronel Ross (Guy Doleman) están ansiosos por echarle las manos encima, aunque no lo suficiente para librarse de las pesadeces burocráticas de su trabajo, encarnadas en el funcionario Hallam (Hugh Burden).

Por el camino se enreda una misteriosa mujer (Eva Renzi) que seduce al incrédulo Palmer, un agente alemán occidental llamado Johnny Vulkan (Paul Hubschmid) y una cantidad adecuadamente alta de oro nazi. Pero esta es la clase de películas en que cuanto menos se cuente del argumento mejor, pues son las sorpresas y las vueltas del guion, así como la forma de ocultarlas o mostrarlas en el momento justo, lo que alimentan la historia.

Más allá del protagonista, en el reparto destaca la actuación paradójicamente afable del coronel Stok de Homolka. Como nota curiosa apuntar que la berlinesa Renzi, en uno de sus primeros papeles, fue un añadido tardío al film, cuyo papel en principio iba a ser interpretado por la norteamericana Anjanette Comer, llegando a rodar algunas escenas y apareciendo en material promocional inicial de la película junto a Caine.

En la dirección, Guy Hamilton, que ya había dirigido Goldfinger, había sido la elección inicial para dirigir Dr. No y dirigiría otras cuatro películas de 007, realiza una labor de dirección más naturalista y utiliza inteligentemente los ambientes, resolviendo con elegancia las escenas  más complicadas en su planificación, especialmente el clímax en el que el juego de traiciones y engaños llega a su conclusión.

Además de su guion rebuscado, aunque siempre coherente, y la arrolladora presencia de su actor principal, Funeral en Berlín destaca por un ambiente tenso, difícil de describir en pocas palabras. Rodada en parte en Berlín y sus alrededores, vemos una ciudad o casi dos ciudades distintas, divididas física y espiritualmente por el Muro. Algunos miembros del reparto han llegado a declarar que durante la producción debieron rodar algunas de las escenas cercanas al mismo con cámaras telescópicas u ocultas, pues los guardias de Berlín Oriental hacían lo posible por sabotear los planos (utilizando espejos para deslumbrar a los cámaras o arruinar la toma) cuando estaban a su alcance. Y a la sombra del muro, el fantasma de la devastación que veíamos en Berlín occidente sigue acechando bajo la superficie de la ciudad moderna y reconstruida.

En 1967 se estrenaría la tercera película de Palmer, Un cerebro de un millón de dólares, dirigida por el peculiar Ken Russell (Los Demonios, 1971), que sería un fracaso de crítica y  público y que significaría el final, durante mucho tiempo, de la serie. En los años 90, sin embargo, Caine volvería a encarnar a un envejecido Harry Palmer en dos producciones modestas no basadas en novelas de Leighton: Bullet to Beijing (1995) y Midnight in Saint Petersburg (1996).

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