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Cinefórum CCLXIV: «Brighton Rock»

Estamos acostumbrados a que centenares de películas compartan las calles de Nueva York o se paseen por los callejones de Londres, aunque sean recreados en un estudio. Pero es más raro que distintas cintas nos permitan visitar una ciudad más pequeña, en este caso Brighton, que ve pasar a los mods y los rockers de Quadrophenia y, tres décadas antes, sirvió de localización para esta Brighton Rock (1947, John y Roy Boulting). La película, no obstante, se desarrolla en la ciudad de mediados de los treinta e, incluso, podemos conocerla en los años sesenta a través del remake realizado en 2010 por Rowan Joffé.

El ambiente circense y festivo de la ciudad de Brighton con sus atracciones de feria, sus tumbonas con vistas al océano y sus pubs, todos ellos poblados por sus domingueros de clase obrera buscando la diversión fuera de Londres, enmarca en realidad una trama criminal. Mientras, un bienintencionado texto nos tranquiliza al principio de la película, afirmando que el Birghton de los cuarenta no es ya el el mismo lugar plagado por el delito. De la misma manera, la censura vio necesario cambiar varios elementos del guion, obligando a una narración más oblicua de la violencia y un final ligeramente menos oscuro.

Un asesinato, cometido en una de las atracciones de la población, marca el destino del joven gangster Pinkie Brown (Richard Attenborough), que para ocultar sus huellas inicia una turbia relación con la inocente Rose (Carol Marsh). Al mismo tiempo, una investigadora aficionada (Hermione Baddeley), que conoció brevemente a la víctima en su último día en la ciudad, intenta llevar al criminal ante la justicia, a veces por medios poco convencionales como el espiritismo.

Basada en una novela homónima de Graham Greene publicada en 1938, vemos a Attenborough repitiendo un papel que había ya encarnado en una exitosa adaptación teatral. Entre los miembros de su banda destaca la presencia de William Hartnell, que en 1963 sería el primer rostro del Doctor en la longeva Doctor Who de la BBC, interpretando aquí al segundo al mando de la banda, el veterano Dallow.

Curiosamente, el título con el que se intentó vender la película al público norteamericano, El joven Scarface (asociándose al Scarface precode, de 1932, encarnado por Paul Muni), destaca la vinculación formal y visual con el cine criminal estadounidense, aunque la historia es de un innegable costumbrismo local. El antihéroe Pinkie, con su sombrero inclinado, su gesto resuelto y su espíritu torturado, parece en parte modelado sobre estos ejemplos como si se hubiera educado en una sala de cine. En este juego de referencias la joven Carol Marsh, que interpretaba entonces su primer papel (y que por lo que he leído, no guardó buen recuerdo del rodaje), sirve por otra parte como contrafigura de la mujer fatal: es una perfecta inocente, una ilusa que no entiende de engaños ni de crimen y a la que finalmente solo le queda la esperanza de una mentira cruel.

Brighton RockAunque el dúo de directores, los gemelos Roy y John Boulting, se harían más conocidos por sus comedias satíricas de mediados de los cincuenta (algunas de ellas protagonizadas también por Atetenborough), muestran una técnica adecuada para el género, con cierto contraste entre las luminosas escenas diurnas (muchas de ellas rodadas en exteriores y rodeados de turistas) y las más expresivas sombras nocturnas de las rodadas en estudio.

Greene, que también se encargó junto con Terence Rattigan de adaptar el guion, hace compartir a Pinkie y a Rose su propio catolicismo pero a través de dos aspectos casi opuestos: violento y torturado el del gangster, como el del propio escritor, esperanzado e infantil el de la chica; y, mientras que el de uno conduce y empuja hacia un final trágico, el otro, como una esperanza quizás también vana, sirve como tabla de salvación para ella.

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