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Cinefórum CCXIV: «Cold War»

Mucho se habla de la resolución de conflictos como una capacidad altamente valorada entre profesionales de diversos ámbitos. Sin embargo, poco se aborda el hecho de que a menudo vivimos en una espiral eterna en la que el conflicto permanente pasa a formar parte de nuestro sino, ya sea por los intereses creados o por los demonios internos que en nosotros habitan. Los primeros eran bien conocidos por Yanis Varoufakis, quien nos relató la semana pasada en Adults in the Room su pírrica lucha, en negociación con la Troika, de un rescate financiero para Grecia que no hundiera más en el pozo a su país. Los segundos, esos demonios, esas emociones internas que nos remueven el corazón y contradicen la voz de la razón, son los que afloran en esta ocasión con la película Cold War.

Dirigida por el director polaco Pawel Pawlikowski, Cold War (2018) narra, a lo largo de diferentes episodios, el tumultuoso romance entre Zula (Joanna Kulig), una joven cantante que huye de un pasado violento y Wictor (Tomasz Kot), un etnomusicólogo que trabaja recogiendo testimonios sonoros de la cultura polaca y dirige la parte artística de un grupo de música y danza tradicionales.

Con el trasfondo social e histórico de la Guerra Fría en Europa, la relación entre los dos personajes se ve abocada a constantes idas y venidas, en las que lo peor que les puede ocurrir es que sus deseos se vean cumplidos: como una suerte de cuerpos celestes cuyas órbitas se van entrecruzando, el tiempo les va acercando a un destino tan cruel como poético.

Pawlikowski dirige de forma magistral esta historia donde lo tumultuoso de la relación entre los personajes trasciende la pantalla para remover al espectador con un agridulce desasosiego. Por un lado, se nos deleita con una espectacular puesta en escena y una fotografía sublime en blanco y negro, donde los planos y los movimientos de cámara son cuidados al milímetro. Por otro, la estructura asimétrica, rapsódica en cierta forma, desconcierta. Las pausas entre un episodio y otro, con un tiempo de pantalla negra un poco más largo de lo habitual, actúan en el espectador como esas infernales escaleras construidas con peldaños algo más separados de lo normal y que nos obligan a cambiar el paso constantemente. No en vano, Cold War tuvo una excelente acogida de público y crítica y fue premiada tanto por sus interpretaciones como por su montaje, fotografía y dirección en diferentes certámenes internacionales.

Así, sin darnos cuenta, ayudados también por una banda sonora tan fina como hipnótica, Pawlikowski hace su magia y derriba la frontera de la pantalla para magnetizar al espectador en una dócil congoja, en un dulce tormento, en una buena película.

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