Cinefórum CLX: La jungla de asfalto

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De una olvidada película española de atracos, pasamos a un clásico incontestable de este subgénero y que ha quedado inscrito con letras doradas en la historia del cine: La jungla de asfalto (1950), de John Huston.

Adaptación de la novela de W.R. Button (quien firmaría el guion junto al director y Ben Maddow), la cinta nos cuenta el robo de una joyería perpetrado por un equipo de especialistas (el cerebro de la operación, el hombre de negocios que pone el capital, el abrecajas, el conductor o el matón) que hacen una sociedad criminal tan perfecta como inestable desde el punto de vista humano. Porque como comprobaremos enseguida, el verdadero peligro al que se enfrentarán no será la policía o la ley, sino sus propias debilidades personales.

Y es que La Jungla de asfalto, como sus sucesoras directas Rififi (Jules Dassin, 1955) o Atraco perfecto (Stanley Kubrick, 1956), está protagonizada por un grupo de criminales con los que el público no tiene problemas para identificarse. Hijos del decadente mundo de lo bajos fondos de la gran ciudad, el profundo estudio psicológico al que les somete Huston, mostrándonos sus dilemas y su vida cotidiana, hace que los veamos como personajes reales, inmersos en una lucha interna entre la luz y la oscuridad que eleva la película de simple historia de atracos a una especie de tragedia griega. «El crimen es la consecuencia de un concepto equivocado de la vida», afirma uno de los personajes; y nosotros comprobaremos que, como concepto erróneo que es, estará abocado  inevitablemente a la fatalidad del destino, sobre todo cuando este se cruza con el carácter corruptor de esa vida urbana que desde el título es convertida en epítome de los males propios de los tiempos modernos.

Con un portentoso estilo visual y unos diálogos brillantes, Huston construye un melodrama vestido de cine negro en el que brilla, además, el trabajo coral de un reparto excepcional (Sterling Hayden, Sam Jeffe, Louis Calhern, Jean Hagen…) y en el que encontramos a una joven Marilyn Monroe en uno de sus primeros papeles en una gran película. Pese a recibir cuatro nominaciones de la Academia (director, guion, actor de reparto y fotografía), La jungla de asfalto no fue entendida por una sociedad como la norteamericana, demasiado acartonada como para valorar el debate moral que suponía humanizar a los protagonistas de un acto criminal. Y es este, por encima de todo, el mayor mérito de la película, al darle foco a un dilema presente en buena parte del género negro y, por tanto, también en nuestras vidas.

Marcos García Guerrero

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