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Cinefórum LIII: Con los días contados

Al protagonista de Con los días contados (Johnnie To, 1999), al igual que a Watanabe, le detectan una enfermedad terminal que acabará con su vida de forma inminente. Mientras que a este le daban meses de vida, a Wah, un ladrón de guante blanco, solamente le restan catorce días.

Supongo que en estas situaciones extremas la forma de afrontar el tiempo que nos queda es totalmente diferente para cada tipo de persona. Sin embargo, en ambos casos nuestros personajes quieren trascender, dejar un legado, algo que recuerde al mundo quienes fueron. Si bien el primero, como funcionario público y con meses de vida por delante, cataliza todos sus esfuerzos en conseguir dinamitar toda la burocracia gubernamental de la que él era un engranaje más, y conseguir así construir un pequeño parque donde los niños pudiesen jugar, el segundo, con menos días por delante y con una profesión moldeada por la violencia, decide planear un último y arriesgado golpe: robar unos diamantes a una importante familia yakuza.

Johnnie To es uno de los grandes representantes del cine de acción hongkonés, al igual que John Woo, cineasta que ya ha aparecido en nuestro cinefórum con The Killer (1989), película filmada diez años antes que la que nos ocupa y con la que presenta muchas similitudes: en Con los días contados volvemos a presenciar el juego del gato y el ratón entre un criminal y un policía (en este caso un experto negociador en situaciones de toma de rehenes) en el que el criminal parece estar siempre un paso por delante del detective. También desarrollan una especie de admiración mutua que desemboca en amistad, ya que se sienten incomprendidos en sus respectivos mundos, el de los policías descuidados e incompetentes y en el de los gánsteres sin honor. La mayor diferencia, aunque parezca paradójico, es la ausencia de escenas de acción violenta propiamente dichas. Mientras que en The Killer se producen cientos de muertes en espectaculares tiroteos, To, director sobradamente preparado para rodar ese tipo de escenas (como demuestra en películas de la clase de Election -2005- o Exiled -2006-), prefiere jugárselo todo a una especie de violencia contenida, obviando tiros y explosiones pero cargando las escenas de una tensión brutal, transmitiendo la sensación de que en cualquier momento todo puede saltar en mil pedazos. Precisamente solo encontramos una escena de acción pura, excesiva, que encajaría con lo esperado en el cine de Hong Kong y que, personalmente, considero que es la «peor resuelta y lo más flojo de la película».

Una vez que se prescinde de la acción como elemento sustancial de la cinta, todo el peso recae sobre los actores, ya que tanto los diálogos como la comunicación no verbal serán los responsables de transmitir esa violencia contenida a punto de estallar. Esta vez, tanto Andy Lau, el criminal moribundo, como Lau Ching-Wan, inspector de policía, desarrollan un trabajo inmenso, atrayendo gran parte de la fuerza del film.

Con los días contados es la película menos conocida del prolífico To, pero, precisamente por ese enfoque distinto que hace sobre la violencia, un título plenamente reivindicable.

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