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Democracia y tiranía: una cuestión de algoritmos – 13 de enero

Donald Trump perdió la presidencia cuando Twitter canceló su cuenta. No hace falta esperar a la investidura de su sustituto. No es necesario el impeachment. El hombre más poderoso de la Tierra no ha sido capaz de defender su posición en la red social a la que dedicaba sus madrugadas. Loser. Pero ahora Twitter se llena de perfiles con el rostro de Trump y las banderas de Estados Unidos, Israel, Brasil, países de Viejo Testamento y refugio de un movimiento que no se acaba con la malograda presidencia del millonario. Han borrado los tuits de Donald John, pero sus seguidores globales pueden proseguir con la obra en otras redes: el poder real ya no vive en la Casa Blanca.

La toma del Capitolio se festejó en la Bolsa de Nueva York con ganancias. Su liberación, igual: dos días en verde dólar: al dinero futuro no le importa quién reine en el Congreso del imperio: freaks o damas elegantes, locos desatados o en terapia, la riqueza del porvenir tiene su propio orden de ley y caos. El Dow Jones ha estado celebrando los cuatro años de Trump como si junto a la chimenea de la Casa Blanca leyese cada atardecer el sabio Thomas Jefferson y en Knoxville, Tenneessee, las amas de casa no cargasen sus revólveres de odio racial y rencor de clase. El poder del dinero y las redes es el pionero de la nueva política: por principio, ni de izquierdas ni de derechas.

Los ciudadanos se ponen banderas en redes o las cuelgan de los balcones para que cojan polvo y nieve, mientras el capital apuesta por un gobierno sin elecciones. Apple, Microsoft, Amazon o Facebook tienen más poder que cualquier país, que el presidente de un imperio agonizante en caricatura y devorado por sus propios monstruos. China, previsora desde la eternidad, les cerró la puerta y creó su propia armada digital. En China hay Wechat, Sina Weibo, QQ, Youku: nombres neciamente desconocidos en un Occidente podrido de soberbia donde los presidentes cambian según el designio de los algoritmos y la Bolsa enfarlopada. Las dictaduras no siempre son los otros.

No hay héroe sin enemigo. Por eso los magnates de los grandes medios celebran las fake news: así pueden presentarse como baluartes de verdades por suscripción. Trump se enfrentó a ellos: medios falsos, gritó, y sus huestes se grabaron con el móvil derribando las cámaras de la CNN. Las grandes teles pueden caer en este nuevo viejo mundo, como las estatuas de los conquistadores de viejos imperios. Este siglo XXI mastica algo nuevo pero no sabe qué. Y borra: tuits, presidentes, lo que le da vergüenza. Como si mirando para otro lado desapareciesen el odio o el crimen. Como si al pintar la Historia a nuestro gusto en serie ya no se sintiese el pegadizo eco del ruido y la furia.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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