¿El fin del capitalismo?

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En su libro ¿Cómo terminará el capitalismo? Wolfgang Streeck analiza las dificultades en las que se encuentra inmerso el actual sistema económico vigente en casi todo el mundo. Como peligros destacados, el sociólogo alemán se ocupa del endeudamiento de los Estados, el déficit democrático y la pérdida de puestos de trabajo por el desarrollo de las nuevas tecnologías. Streeck prevé un futuro cercano de incertidumbre e indeterminación, que será el que de paso a un nuevo modelo, no sabe si social o ultraneoliberal.

Desde hace siglo y medio, son muchos los pensadores que auguran el fin del capitalismo. Sin embargo, este sistema económico basado en el trabajo asalariado, los mercados financieros y la competencia entre empresas ha conseguido superar las contradicciones y sortear los obstáculos. Durante la primera parte del siglo pasado logró desactivar el peligro revolucionario comunista mediante la adopción de parte de su ideario, dando lugar a la socialdemocracia y el capitalismo de Estado. Tras la Segunda guerra mundial, en su seno se produjo un gran pacto social que propició varías décadas de gran crecimiento económico y mejoras de los salarios por encima de la productividad. No obstante, en los años 70 ese pacto social se rompió y el poder financiero y económico comenzó a impulsar políticas neoliberales que han ido restando derechos sociales y poder adquisitivo a las clases medias y trabajadoras.

En la actualidad, el panorama apunta a un mayor deterioro de la situación laboral y a un aumento de la desigualdad económica que favorece a las grandes empresas y la oligarquía capitalista. No hay sindicatos, ni partidos políticos, ni organizaciones ciudadanas con la capacidad y las propuestas necesarias para frenar esta tendencia que resta valor al trabajo y se lo concede al capital. A pesar de ello, no coincido con Streeck y otros intelectuales de izquierda en anunciar el fin del capitalismo. Creo que al sistema aún le quedan recursos para mantener esta situación durante bastante tiempo, al menos hasta que se deje sentir la crisis medioambiental que está en camino. La emigración y la deslocalización empresarial continuarán facilitando la precariedad laboral y dificultando las reivindicaciones de los trabajadores. Aunque no parece que haya nuevos sectores que compensen a corto plazo la pérdida de empleo por la aplicación de maquinaria electrónica y software de Inteligencia artificial, cuando la situación se deteriore se podrán poner el marcha medidas que ya se están discutiendo, como un salario universal o más subsidios, que serán financiados con tímidas reformas fiscales que mantendrán a los Estados endeudados y dependientes de los mercados financieros. Estos salarios básicos no serán más que una manera de garantizar el mantenimiento de la mano de obra para el capital; sin embargo, serán vendidos como logros sociales.

A pesar del desarrollo tecnológico, los humanos seguirán siendo necesarios para muchas tareas. La cuestión de fondo, como observó de manera clarividente Foucault, continúa siendo mantener la dominación sobre la fuerza de trabajo. El temor a la pobreza ejercerá su función, pero la ideología y la cultura tendrán el papel destacado a la hora de convencer a los individuos para ponerse en manos del sistema económico capitalista. Por lo que estamos viendo, se producirá una nueva estratificación social en la cual desaparecerá la clase media que será sustituida por una minoritaria clase alta, junto a una más minoritaria clase multimillonaria elevada sobre una gran base de pobres asalariados o subsidiados. Las alternativas más o menos solidarias o que conciben un consumo responsable se quedarán en lo anecdótico; el futuro  es una sociedad cada vez más atomizada, en la cual los sujetos serán movidos por los reclamos hedonistas y competitivos del actual sistema capitalista de consumo.

Carlos Álvarez Berlana

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