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Fuego en el Bronx – 12 de enero

En el Bronx se ha quemado un edificio y han muerto diecisiete personas: nueve adultos y ocho niños. Una estufa eléctrica soltó una chispa, incendió el piso y el humo se desparramó por las escaleras: los supervivientes dejaron la puerta abierta en la huida. Close the door, dicen ahora las autoridades. La culpa, siempre del pecador. El bloque de la calle 181 no tenía calefacción en condiciones y ese domingo había 4 grados de máxima. El edificio está habitado por apellidos Díaz o Rodríguez. O africanos. La colecta para las víctimas la lleva la Organización de los Jóvenes de Gambia. En Navidad repartieron pavo. Hispanos y negros: el hambre es compatible con la diversidad.

El millón y medio de vidas del Bronx tiene los orígenes raciales más variados de Estados Unidos. El cuarto distrito de Nueva York ha sido el destino de los que no podían pagarse un piso en el resto de boroughs: más razas y más pobreza, en pisos asequibles. El bajo precio del suelo ha atraído a la gentrificación, esa especulación posmoderna. En el sur del Bronx han expulsado a viejos y pobres para construir proyectos como Third at Bankside: tienen apartamentos de uno o dos dormitorios con vistas al río Harlem. Precio: 2.893 dólares el alquiler más barato. Aquí la renta paga la supervivencia en caso de incendio.

Jennifer López es del Bronx: Jenny from the Block. El Bronx son grandes bloques de viviendas para los pobres llegados en aluvión. El más poblado es el Co-Op City: en la ciudad cooperativa viven más de 43.000 personas. En los monstruos graníticos del Bronx germinó el crimen abonado por la desidia de los gobiernos, pero de ellos también nació el hip hop. Los bloques parieron super bafles, soundsystems que emitían música en lugar de desesperación. Hasta que el MC se impuso al DJ, la rima al baile: «soy Wonder Mike y me gustaría saludar al negro, al blanco, al rojo, al marrón, al púrpura. Al amarillo». El rap pionero era un himno vecinal, o sea, una bandera.

Todas las grandes ciudades tienen o han tenido su Bronx: Peckham, Stalingrad, San Blas. Arturo Lezcano describe en Madrid 1983 como el franquismo construyó su España de propietarios y no proletarios sobre los asentamientos de chabolas donde a los muertos se los sacaba a hombros porque las ambulancias no podían atravesar el barro. Pero la propiedad no dio el poder. «El capital no es poseer las cosas, sino controlarlas», escribía Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades. Al Pacino se crió en el Bronx. Como Michael Corleone, se empieza a hacer padrino matando en un restaurante del barrio. Con los años vivirá en un penthouse de Manhattan, soñando con el respeto que da el dinero sin saber que el pasado le acecha para convertir su vida en un grito mudo.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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