Kurdistán sin estado – 16 de octubre

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Las banderas de Siria y Rusia ondean en el Kurdistán que bombardea Turquía y abandona Estados Unidos. La geopolítica mueve fronteras con fuego o diplomacia. La guerra de Siria ha entrado en una fase definitiva: vaciado el ISIS y embolsada Al Qaeda, quedaba el Kurdistán. No habrá partición de Siria, esa humedad producida en los despachos de la CIA, el Mosad, la DGSE francesa, o el MI5 británico, las inteligencias que pagan los impuestos democráticos. El precio han sido ocho años de guerra y cuatrocientos mil muertos, más los ahogados del Mediterráneo. No lo pagarán nuestros políticos. Las guerras perdidas no tienen padre.

El Kurdistán lleva décadas buscando patrocinio para su independencia pero tampoco esta vez consigue hacer realidad su sueño estatal. Para disgusto de Israel, su único aliado en la región del petróleo y la fe. Israel reconoció el referéndum kurdo de 2017; comandos y armas israelíes han sostenido a las milicias kurdas; Tel Aviv ha llegado a comprar tres cuartas partes del petróleo que necesita al Kurdistán; etcétera. Nada tampoco especialmente original: las independencias ajenas han sido el arma de imperios y potencias para minar a otros imperios y potencias desde la noche de los tiempos. Con precisión, desde Julio César: divide et impera.

La división de Oriente Próximo es una obsesión occidental desde el fin del imperio otomano. Lawrence engañó a los árabes en favor de Francia e Inglaterra, a los kurdos no les tocó nada en el reparto, y Palestina empezó su calvario. Todo eso está en el Acuerdo Sykes-Picot, que cumple 113 años. El documento fue secreto hasta que lo desvelaron los periódicos de la recién nacida Unión Soviética. Izvestia y Pravda, Noticias y Verdad, eso a lo que solía dedicarse el periodismo. Hoy Rusia facilita la retransmisión de sus victorias en Siria. La realidad es lo que ves; eres lo que escuchas, sonríe el genio maligno.

El padre del niño Aylán Kurdi contaba chistes antes de la guerra en Siria. Luego perdió la gracia, ahogada con sus hijos en las playas de Bodrum. Lo cuenta su hermana, que vive en Canadá, uno de los destinos del exilio kurdo. Aylán, en realidad, no se llamaba así; su nombre verdadero era Alan. Pero los medios se confundieron. Quizá Aylán les sonaba oriental, menos convencional que un Alan Shearer, aquel delantero del Newcastle; o que Alan Moore, autor de cómics que nunca leerán los niños que mata la guerra. Como La broma asesina, naufragio en la locura del Joker, ese que decía que recordar es peligroso, y que recomendaba la risa frente a la horrible broma del mundo.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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