ExtramurosOpinión

Guerra espiritual en Brasil – 26 octubre

Millones de brasileños creen que el domingo tienen que elegir entre Dios y el Diablo. «El altar es 22», dicen los pastores evangélicos, en campaña explícita: 22 es el número de Bolsonaro en la urna electrónica. Lula es el 13. El líder izquierdista ha tenido que desmentir que habla y pacta con el demonio. Y casi cada día de campaña aparece junto a alguna monja, fraile o sacerdote. Pero el agit-prop evangélico es poderoso, y el setenta por ciento de los fieles de las iglesias neopentecostales brasileñas va a votar a Bolsonaro, quien lleva el Antiguo Testamento en su nombre: Jair Messias. Solo puede ser el Bien.

El Mal es la izquierda en esta guerra espiritual. La Conferencia Episcopal de la que fue la mayor nación católica del mundo denuncia «la explotación de la fe en campaña electoral». Los evangélicos no se dan por enterados y repiten «hermano vota a hermano» con más convicción que los dispersos católicos. Que no son necesariamente de izquierdas. La dictadura brasileña, admirada por Bolsonaro y algunos de sus seguidores se apoyó en grupos católicos: «con Dios por la libertad», decían las pancartas que luego llenaron las cárceles y los potros de tortura.

«Dios es brasileño», cantaba el dicho humorístico de un país que rendía culto sincrético a divinidades americanas, europeas o africanas. Yemanjá, diosa del mar, convivía pacíficamente con Papa Noel. Pero a los orixás los han condenado unos evangélicos importados de Estados Unidos. «Brasil encima de todo; Dios por encima de todos», repiten Bolsonaro y sus fieles. Es el eco de la teología del Dominio, que busca la realización del reino de Dios a través de la política. El teólogo Altemeyer Júnior es más crudo: el fascismo ha entrado en la religión y la utiliza para sus fines políticos.

«Gilead está dentro de ti», escribió Margaret Atwood en El cuento de la criada. Limpiadoras, barrenderos, dependientas, cantantes y futbolistas forman el ejército evangélico del Brasil clasista que hoy se disfraza de piedad. Hay muchos más pobres que ricos en esa armada, y los millonarios son los pastores: el dinero es gloria. Pero Dios es un refugio de la ignorancia, decía el sabio Espinosa, padre del ateísmo en la Europa desangrada por la fe y de la que salían, precisamente, los conquistadores de América. Evangelizaron el continente con la palabra divina y una tormenta de espadas.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3.

Efecto Doppler Extramuros

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba