El taparrabos de Conan

Gundam: no solo robots gigantes

La verdad es que no tengo ni pajolera idea de Gundam. Vaya, que soy un recién llegado a los animes de Mechs o Mobile Suits. Esperaos, por tanto, un montón de inexactitudes y datos incompletos. Por suerte, siempre tenemos alguien que, en los comentarios, nos salva del apuro demostrando que es el super-mega-protector de los ideales y la forma de vida friki. Y yo que pensaba que la afición excesiva a los deportes era una mierda…

En fin, que el género de mechas pegándose de hostias en un futuro lejano nunca ha sido de los más populares en España. Siempre ha ido a rebufo de series Shonen de artes marciales y aventuras, como Dragon Ball o Curro Jiménez, exceptuando, quizás, Mazinger Z y Robotech, que aquí lo vimos en una versión americana mutilada en la que no te enterabas de nada. Igual por eso nunca me había interesado por los robots gigantes hasta ahora. Donde esté el Algarrobo y su trabuco que se quiten los mechas.

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Señor preparado para responderme en los comentarios

En Mobile Suit Gundam (1979), encontramos que en el año tropecientos mil, dos facciones, la Federación de la Tierra y el Principado de Zeon, formado por colonos espaciales, se enfrentan en una larga guerra por ver quién la tiene mas gorda. Fuera bromas: los motivos por los que luchan son cuanto menos irrelevantes. Supuestamente, Zeon tiene cierto afán independentista y expansionista y la Federación no está por la labor, porque tampoco es ajena al deseo de anexionárselo todo. Es un poco como que a mí me han tocado las fichas negras, a ti las blancas, nos toca matarnos y pierde la mayoría. Un poco como cualquier conflicto, a excepción de los que implican a tipos bajitos con problemas de incontinencia y poco pelo, que sí suelen ganar algo con ellos.

Amuro Ray y una compañera por la que siente algo cuasi romántico, Fraw Bow, tienen que huir de la colonia espacial de la Federación cuando unos Zakus, Mobile Suits cíclopes (robots gigantes de un solo ojo) de Zeon, se lanzan a una vorágine de destrucción no programada. Amuro se mete dentro de un Gundam y, pese a su inexperiencia, logra salvar a los civiles de la colonia y se larga con ellos en la White Base, una nave de guerra. La tripulación está compuesta casi enteramente por civiles que se ven involucrados en la guerra, entre ellos: Bright Noa, oficial responsable de la White Base con dudas sobre su liderazgo; Sayla Mass, hermana secreta del malo, encargada de comunicaciones y piloto de caza; Kai Shiden, piloto del Mobile Suit; Guncannon, que actúa como un bufón tocapelotas; Ryu, amigo gordo de rigor y piloto de caza que acaba sacrificándose para salvar a sus colegas… A lo largo del viaje, Char Aznable es el villano que les pondrá las cosas difíciles hasta que alcancen la victoria final y patatín, patatán.

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Ryu José en sus últimos momentos de vida, cuando se dio cuenta de que solo era el amigo gordo

Después de una sinopsis tan cutre, podríamos pensar que Gundam es una serie más de robots gigantes que, cuando tienes ocho años, está bien. Craso error. Gundam tiene una profundidad que ya le gustaría tener a una película de Zack Snyder (por favor, señor, si existes, nunca le des la posibilidad de hacer una peli de Gundam; de hecho, no le des posibilidades de hacer más películas). La clave es el antibelicismo, algo que, ya lo sabemos, en los tiempos de mierda que corren no está muy de moda entre los muyayos. Quizá antes tampoco, porque en su primera emisión en Japón, la serie apenas tuvo éxito. Fue más adelante, gracias a los kits de modelismo con los que  podías construir un Gundam de juguete, cuando lo petó definitivamente.

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¡A quién le importa el mensaje cuando puedes tener esto!

Es en Amuro, el prota y piloto del Gundam, donde se encarna la estupidez de la guerra. Algunas veces, al ser víctima de estrés post-traumático; otras, sucumbiendo a una ira homicida; la mayoría del tiempo, al no saber qué intenta conseguir con tanta matanza. No en vano, Lalah, miembro de Zeon y de una nueva variante humana con poderes mentales (los llamados Newtypes, a los que todos los personajes con protagonismo acabarán perteneciendo), cuestiona a Amuro en plena batalla sobre sus razones para seguir luchando. La respuesta del protagonista es mandar a la pobre Lalah al olvido con la espada de su Gundam.

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¡Aquí tienes mi respuesta maldita hippie!

Las dudas del protagonista y de los espectadores tienen que ver con que los malos no son tan malos como parecen. Igual que los buenos, tienen sus miedos, aspiraciones, familias, amigos y, en definitiva, poseen una humanidad de la que muchas veces los autoproclamados defensores del bien carecen. Queda claro en el episodio de la tregua que permite a la White Base descender a tierra con un grupo de civiles: son unos pilotos de Zeon quienes escoltan al transporte mientras aterriza en la zona designada. Pero, lejos de tramar algún tipo de triquiñuela, lo que hacen es ayudar a una madre y su hijo con provisiones al recordar a sus propias familias, que dejaron atrás por culpa de la guerra. Incluso, quienes intentan aprovecharse de la confianza de sus rivales son los miembros de la propia White Base, al intentar ocultar el Gundam en el transporte y preparar una emboscada.

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 ¿Tú crees que es buena idea fusionar nazismo y comunismo? Sí, hombre, lo llamaremos nazinismo

La incertidumbre de la situación y la disolución de los ideales en pro de una maquinaria de guerra deshumanizada, el triunfo de los intereses de la clase dirigente, acosa a los personajes constantemente. Por ejemplo, cuando Kai decide abandonar la Federación harto de arriesgar su vida y oculta a una espía de la que se enamora; o cuando Ramba Ral, uno de los primeros enemigos con nombre propio, perdona la vida a Amuro para luego ser destruido. El fatalismo y la crueldad empuja a los personajes a un círculo de muerte entre amigos, amantes y familiares. Ni en Juego de Tronos, oiga. La destrucción y el sinsentido llegan al paroxismo cuando se emplean niños para pilotar los Mobile Suits al final de la guerra. Chúpate esa, año 2000. Acostumbrados a estos tiempos en los que la violencia, normalmente, no tiene sentido más allá de idiotizar malamente con escenas de acción eternas, esto es un lujo.

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Ramba Ral, quitando la idea de que un señor con sobrepeso no puede molar

Desgraciadamente, se nota un olvido progresivo de este antibelicismo en favor de una teatralidad más comercial y digerible. Quizás hubo una lucha entre bambalinas, entre creadores y productora, entre quienes querían introducir y los que pedían combates de robots gigantes. Lo cierto es que el final de la serie es un poco Scooby Doo: una victoria de los buenos, aunque con un coste excesivo.

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¿Que han muerto más de un billón de personas con esta guerra absurda? ¡Yujuuu, celebrémoslo!

En las siguientes series y OVAs de Gundam que he podido ver, como Mobile Suit Gundam 0083: Stardust Memory (1991), Mobile Suit Gundam: Char’s Counterattack (OVA 1988), Mobile Suit Gundam Thunderbolt… sigue notándose la misma disminución del tema antibélico en favor de una acción más elaborada, pero no más interesante.

Stardust Memory y el siguiente OVA son obras hijas de su tiempo. Se asemejan a una película de acción de finales de los 80, como Top Gun (1986) o Arma Letal (1987). Están más vacías de contenido y contienen altas dosis de testosterona, incluidos triángulos amorosos varios. A favor, mejor animación y diseños mecánicos, por lo menos en Stardust Memory; además, esta incluye un segundo opening que grita los ochenta por todo los poros. El OVA, en cambio, es más o menos como si defecase en la serie de los setenta: Char tiene un plan rarísimo para ganar la guerra o conseguir sus misteriosos objetivos, que ya no se sabe cuáles son, y que consiste en matar a casi toda la población de la Tierra. Modo Thanos. La historia copia sucesos de la serie original, pero sin ton ni son. También introduce a una adolescente gilipollas.

Thunderbolt, por su parte, tiene una animación y una excelente banda sonora, entre el jazz y el pop retro, que se oponen para ejemplificar el enfrentamiento entre los dos protagonistas. Supone un retorno a los ideales de los setenta, volviendo primar el horror de las guerras, de los niños que son carne de cañón y de soldados que sacrifican sus cuerpos para servir a la patria mientras alguien se baña en el jacuzzi de su mansión. La segunda temporada, eso sí, pierde algo de fuelle y prescinde de parte de esta temática, quizás poco apta para los estómagos modernos.

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¡Al corro de la patata, comeremos ensalada y moriremos entre gritos de dolor!

Gundam es una joya con más facetas de las que uno presupone. A veces, es cierto, puede ser un poco cutre; sobre todo por culpa de los motivos demoniacos de todo lo que rodea a Zeon y sus ejércitos, para gritarte: «¡Ey! ¡Son los malos!». A veces, también le pesa una dramatización un tanto exagerada, muy propia de la animación japonesa, la incapacidad de manejar relaciones personales normales y ciertas asunciones culturales totalmente fuera de lugar. Ejemplo de todo lo malo, es esta escena en la que Char y Amuro se baten con estoques en una gran base militar espacial en la que, por lo visto, alguien vio necesario tener una salita de estar decimonónica.

Si esto no es una analogía de homosexualidad reprimida, que baje dios y lo vea

Pero, dicho esto, hay que recordar que la mayoría de las series de dibujos americanas y europeas de la época eran atroces y tenían la misma profundidad que charco pisoteado; y era así porque asumían que los niños no iban a ser lo suficientemente inteligentes para entender tramas que fuesen más allá del bueno pega al malo. Gundam ofrece acción militarista, política cruda y ciencia ficción elaborada. Una vocación que se percibe en los precisos diseños mecánicos (cortesía de Kunio Okawara), la aparición de los puntos de Lagrange, de colonias espaciales en los cilindros de O’neill y de las partículas Minovsky. Estas son una creación original del universo Gundam y provocan interferencias en las comunicaciones, provocando que los Mobile Suits y sus pilotos resulten esenciales en las batallas en las que las naves quedan ciegas. En fin, que si después de todo esto no quieres acercarte a Gundam, ya no sé qué más decir. Únicamente me queda dejarte una imagen para la reflexión, que sin duda te arrastrará a una nueva dimensión. La de los robots gigantes que sufren erecciones.

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