iZombie: zombis del Bershka

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IZombie es como si una Reina Alien con el ADN de Colombo hubiera infectado a Buffy, cazavampiros. Narra las peripecias de Olivia Liv Moore, una zombi (o algo) que resuelve crímenes para compensar el feo hábito de comer cerebros. Y, te preguntarás, ¿cómo puede ser que un zombi de esos que balbucean «cerebrooos» pueda pasearse por el mundo haciendo de detective? Pues porque los zombis de iZombie son más bien señores y señoras con la piel muy blanca, con poderes sobrehumanos y que de vez en cuando hincan el diente a algún cerebro (pero tampoco como si fuera el último cachopo en la tierra). De hecho, más bien parecen vampiros reciclados que otra cosa: vampiros sin todas las debilidades asociadas a los monstruos. Bueno sí, mantienen los tiros en la cabeza como todo hijo de vecino.

«Si se parecen a vampiros, ¿yo qué soy? ¿Un vampiro del chino?»

Siguiendo con la premisa de la serie, gracias a que al comer cerebros los zombis son capaces de visualizar recuerdos de la víctima, nuestros protagonistas pueden resolver multitud de asesinatos, como cuando en el Super Mario te metes en una tubería para pasar de nivel. Ravi Chakrabarti, médico forense y contrapunto étnico-cómico para que el americano medio no se sienta muy incomodo, ayuda a Liv a conseguir un alijo de cerebros de gente muerta que reposa en la morgue donde trabaja y, de paso, busca esclarecer las circunstancias de las muertes que se suceden non stop. Con la tapadera para nada elaborada de que es una vidente, consigue que el detective de la policía, Clive Babineaux, la acepte como compañera y, bueno, ¡qué coño!, porque hay que hacer una serie.

«Todo esto es por una quemadura solar. Te creo, venga vamos a resolver crímenes»

Tampoco podemos pedirle peras al olmo. Y es que se trata de un entretenimiento ligero, sin mucho entrechocar de neuronas. Estas cosas cuanto más metafísicas, peor. No obstante, hay que admitir que la idea de que comiendo esos cerebros que prepara de las formas más deliciosas (seguro que hay un libro con las recetas de la serie por ahí), puede ver los últimos momentos de la vida de alguien, tiene su enjundia. De hecho, todo el rollo zombi es quizás la parte más floja de la serie; muchas veces es tan solo una fuente de chistes jugosos y poco más. La verdad, el género zombi es bastante autoparódico por sí mismo: no recomendaría iZombie a un fan de las pelis de zombis porque de muertos vivientes tiene bien poco.

«Cerebrooooooooooooossss»

Precisamente, uno de los objetivos de los creadores es atraer al tipo de espectador que te pide que le avises de todos los momentos terroríficos de una peli para que le dé tiempo a sumergir su cara en una almohada. Se busca una apariencia CSI y un tratamiento muy light de las partes más aterradoras para que el que se caga de miedo pueda respirar tranquilo. Sin duda, es un cebo para el seguidor del terror, que para cuando se dé cuenta de que los zombis son simple atrezzo, estará atrapado por el formato culebronesco. No son los primeros en mezclar la Z de zombi con cualquier cosa: ya lo han hecho Orgullo, prejuicio y zombis, el Quijote Z y, también, Leticia Sabater en cualquier cosa que salga.

No sigáis por favor, no sigáis

Quizás iZombie se apuntó tarde a esta moda y a estas alturas la producción ya quedó ligada a este jaleo porque la serie se basa en el cómic del mismo nombre de Chris Roberson y Michael Allred, del que por lo visto solo tiene el nombre. El resultado es una cosa surrealista con hombres terrier y más cosas del género que sin duda necesitamos en nuestra vida. Y es que iZombie no concreta, a propósito o no, porque quiere que la vea hasta el perro: es un producto de marketing puro y duro, en el que unos monos encerrados en una habitación escriben guiones. Por eso digo que son los zombis del Bershka: porque es un producto barato, que puedes utilizar todos los días y que gusta a todo el mundo… menos a los esclavos que lo fabrican.

El mejor reclamo para comprar este cómic pero ya

Todo lo arriesgado que pudiese tener iZombie es fagocitado por la maquinaría del mundo de la televisión y, después, cagado para tu disfrute. La serie evoluciona de forma parecida a una noche de tranquis en la que acabas durmiendo sin pantalones en un parque. Al principio, se trata de una serie policiaca con un trasfondo de zombis en la lejanía; luego pasa por un escenario apocalíptico y termina siendo una sitcom desbarrada. Y es así porque la intención de los productores es vendernos todo, aunque los guionistas tengan que sufrir para encontrarle sentido al producto final. No voy a mencionar a todo el equipo creativo responsable, pero es muy difícil que tanta gente se ponga de acuerdo para hacerlo tan mal. Y eso se nota cuando empiezan a aparecer tramas que no llevan a ningún sitio; cuando se hace evidente el intento de crear tramas episódicas para que cualquiera pueda subirse al carro sin haberse visto las cinco temporadas anteriores, algo imposible cuando la trama principal lo consume todo y crea el tipo de serie de «continuará». El ejemplo es que la habilidad de Liv de consumir cerebros empieza siendo un poder que permite investigar memorias relacionadas con un asesinato y termina convirtiendo a los zombis en una caricatura idiota de la persona que se han zampado.

«Chicos creo que esto se nos ha ido de las manos»

Y qué decir de los actores. Rose Mclver, que interpreta a Liv, es una actriz de series en el sentido amplio de la palabra: cumple siendo mona y bastante anodina. Eso sí, cuando hace comedia es un horror con patas y solo gracias a sus compañeros de reparto consigue no ser odiosa. Verla encarnar a las distintas personalidades que adquiere al comer cerebros es como ver a Martes y Trece. En cambio, Robert Buckley, el Mayor Lilywhite, novio a ratos, zombi a veces, mercenario, hermano mayor y lo que cojones haga falta para que se sienta a gusto con el personaje, parece manejarse mejor en ese registro y resulta más disfrutable. Y ahí entra Blaine DeBeers, el malo y el personaje más carismático de la serie. Suele comerse a los demás cuando interviene, lo cual no es muy difícil, y cada vez adquiere más presencia pasando un tiempo al bando de los buenos, incluso. Son reseñables, también, el padre de Blaine, encarnado por Robert Knepper; Don E., uno de los sicarios de Blaine; y Mr. Boss, jefe de la mafia en la piel de algo más horrible: un contable. Cuando se nota que tienes personajes secundarios que molan más que tus protagonistas tienes un problema.

En la temporada 10 de iZombie

IZombie no merece que se le dé muchas vueltas, pero sufre lo que muchas otras series en general y George R. R. Martin en particular: muestra un montón de caminos abiertos que no llegan a nada y pierde su propio tema en el transcurso de su relato, deseoso de contentar a todos. Y eso le hace confiar en que nos lo tragaremos todo y pidamos más.

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