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La tercera guerra del opio – 9 de febrero

Los opioides serán la pandemia de 2030 en Estados Unidos. La comisión médica Stanford-Lancet calcula 1,2 millones de muertos por sobredosis para el final de la década: medicamentos, heroína y fentanilo matarán más que el covid, alertan los expertos. La prescripción de analgésicos de opio ya se está multiplicando en el mundo: por quince en Australia, por cuatro en Finlandia y Brasil. Entre abril de 2020 y abril de 2021, solo en Estados unidos, hubo cifra récord de muertos por sobredosis: cien mil, y a tres de cada cuatro los mataron los opioides. La frustración y el dolor pandémico alimentan al dragón.

Chasing the Dragon: buscar la sensación de la primera vez, eso quiere el adicto, explican en la esquina en la que David Simon retrata la destrucción de la heroína en Baltimore: una pandemia para negros y pobres. Pero los medicamentos son transversales. Interseccionales. El perfil del adicto a los opioides es el de un ciudadano blanco, no marginal. A ellos les dirigían los anuncios de fentanilo y oxicodona: un honorable doctor con acento británico decía que había prejuicios hacia el opio: «rompe con el dolor», recomendaba. «Se los comen como Doritos», exclamaba un directivo de una de las farmacéuticas en una grabación. «Manda más», le pide el vendedor. Es el mercado, amigo.

A los adictos a los medicamentos, el propio sistema de salud estadounidense terminó llevándolos a las drogas ilegales: desahuciados por sus seguros privados, algunos acabaron comprando en las esquinas. Fue la «muerte y destrucción» de estadounidenses, ha declarado el jurado que sentenció a la farmacéutica TEVA, una de las pocas que ha llegado a los tribunales. El resto, como Johnson & Johnson, han evitado el proceso como se hace en la economía capitalista: con dinero. Les ha costado, a todas las empresas, 26.000 millones de dólares, pero así siguen vendiendo sin juicio.

Desoyendo a Sabina, Estados Unidos es juez y parte de sus princesas de sucia camisa: al tiempo cazador de narcos y consumidor voraz. En Afganistán, donde se produce el noventa por ciento de la heroína del planeta, dejaron estar las plantaciones que ahora controlan los talibanes. «No ha ganado el islamismo, sino la heroína», advierte Roberto Saviano, para quien la de Afganistán fue una tercera guerra del opio. Inglaterra hizo las dos primeras contra China: la inundó de droga para imponerle el libre comercio y en la colonia Hong Kong abrió un banco para lavar el dinero de la droga. El HSBC sigue en el business: la banca también está enganchada a la flor de la pereza.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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