Seriéfilo: noviembre de 2019

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Como cada noviembre nos plantamos en la antesala del final otro año seriéfilo, justo en el último mes que nos permite saborear series sin distracciones, antes de que guirnaldas y demás mamandurrias desvíen nuestra mirada hacia exaltaciones pomposas, pero fútiles, que se diluirán como azucarillos en el café con las primeras campanadas del año nuevo…

Noviembre es el mes que hace las veces de taquilla para los pasajes de última hora, el que deja entrever los últimos coletazos de series de calidad; si algo se ha quedado en el tintero y no se ha estrenado aún, por prometedor que sea, habrá que contarlo en 2020. Algo que, a día de hoy en el universo seriéfilo, se encuentra a muchos océanos de distancia.

Seguro que habéis escuchado en multitud de ocasiones eso de que segundas partes nunca fueron buenas. Veamos si esta máxima se cumple este mes.

Mr. Inbetween (FX) vuelve tras ser una de las gratas sorpresas del año pasado. Adelantando de puntillas a obras mastodónticas con mucho ruido mediático y más billetes, esta serie consiguió tanta atención como cualquier otra y más que la mayoría. Su drama con pinceladas de humor negro fue un soplo de aire fresco, tanto por el fondo costumbrista como por la forma, muy cercana al documental, aprovechando el sonido ambiente y reservando la música para momentos muy puntuales.

A pesar de la preponderancia del tono sobre el argumento encargado de empujar la acción, los nuevos capítulos avanzan, por desgracia para su protagonista, de forma coherente con la presentación de personajes de la primera temporada. Separado, con una hija pequeña, un hermano afectado por una enfermedad degenerativa y una novia a la que tiene que mantiene alejada de sus delitos, Ray tiene demasiadas cosas con las que lidiar mientras cumple con su trabajo de asesino a sueldo. Esa clase de equilibrios tienden a romperse; quizá por eso esta segunda temporada se vuelve más oscura y pesimista, ofreciendo los mejores momentos de la serie justo cuando los acontecimientos golpean a su protagonista tan fuerte que consiguen traspasar su máscara de hermetismo.

Castle Rock (Hulu), por su parte, sigue siendo la mejor adaptación del mundo de Stephen King a las series. En esta ocasión el terror sobrenatural queda en un segundo plano, como un susurro de fondo que siempre está ahí pero que ya no es el protagonista de la historia. Hay que matizar que la palabra terror le va quizá demasiado grande a este proyecto; el tono que se pretende imprimir en la serie es en realidad el de un leve desasosiego. Además, aunque hay pequeños guiños a la primera temporada, estableciendo una leve conexión, lo cierto es que esta nueva entrega se podría ver de forma totalmente independiente y la historia seguiría teniendo suficiente fuerza para brillar por sí sola.

En Netflix nos encontramos con una de cal y otra de arena, la tónica general de la plataforma a lo largo del año. Por un lado, la comedia ha vuelto por todo lo alto con El método Kominsky, Michael Douglas y Alan Arkin. Mantiene todo lo bueno de su primera temporada y parece que aún les quedan muchas cosas por contar. El humor negro, irreverente y cínico de la tercera edad resulta muy refrescante y original en la difícil tarea de hacer reír. Esa es la receta de este proyecto para evitar encerrarse en el humor blanco, tontorrón y trillado en el que caen la mayoría de las comedias incapaces de arrancar ni una mísera sonrisa. Se agradecen estos intentos más arriesgados y auténticos.

Por otro lado, vuelve a la carga The End of the Fxxxing World, esa road movie con adolescentes inadaptados que no acaba de cuajar. Aunque visualmente está bastante lograda, sigue teniendo dos problemas que arruinan la experiencia: el casting desastroso de los protagonistas y el desarrollo de los personajes, que es caótico e inconsistente. Esto hace que la serie de unos bandazos incomprensibles que, en este caso, no se deben solo a su artificial continuación, que por cierto no aporta nada nuevo a la historia de Alyssa y James. Esta serie sale muy malparada en su comparación con Wayne (Youtube Premium), que también es una road movie con adolescentes inadaptados y altas dosis de violencia, pero hace bien todo aquello en lo que la serie de Netflix patina. Desgraciadamente, Wayne se canceló tras su primera temporada y The End of the Fxxxing World fue renovada por una insustancial segunda temporada. El mundo al revés.

No obstante, si hay que hablar de una desastrosa segunda temporada, la palma se la lleva Mayans M.C. (FX), que ya apuntaba maneras con una primera entrega bastante descafeinada y plana. Este descalabro de la serie del club de moteros, da pie a comentar la caída en desgracia de su showrunner Kurt Sutter. Sutter comenzó sus andanzas como guionista en la serie de culto The Shield (FX) donde pudo aprender mucho de su creador, Shawn Ryan. Quizás lo más meritorio que hizo Sutter fue trasladar el concepto de The Shield al mundo de las bandas de moteros, aunque suavizando todas las aristas morales de sus complejos personajes para que fuese más asequible para el gran público. Así surgió su gran obra, y por la que es más conocido, Hijos de la Anarquía (FX), donde se adivinan todas las influencias de The Shield pero ya descafeinadas. A través de aquellos moteros nos mostraban un irreal mundo en el que se desarrollaba la idea romántica de un arquetipo de hombre libre, ingobernable, pero esencialmente bueno, con códigos de honor y un sentido de la fraternidad inquebrantable. De forma tramposa se provoca la empatía del espectador con los moteros, en contraposición con una policía corrupta y malvada. Pero al menos aquel cuento de hadas tuvo una cierta aunque endeble consistencia desde el momento en que el protagonista, Jackson Teller, planteó su intención de llevar al club hacia negocios legales.

Precedido del éxito de Hijos de la Anarquía, Sutter no tuvo problemas en conseguir luz verde para su siguiente trabajo, The Bastard Exacutioner (FX), una fábula medieval ultraviolenta, protagonizada por un caballero que, para dejar las armas, se tiene que hacer pasar por verdugo. La historia naufragó durante una temporada sin demasiado sentido y fue, justamente, cancelada. Después de tamaño varapalo, Sutter volvió a lo que le había funcionado, la franquicia Hijos de la anarquía y, por intentar pisar sobre seguro, no abandonó dicho ecosistema. Una historia sobre los Mayans, un club motero afín a los Hijos de la anarquía, permitía hacer referencias y cameos de sus personajes, asegurando la viabilidad de la serie. Esta vez, Sutter no se la iba a jugar. Parece que la apuesta le salió bien, pues la serie cumplió y se renovó por una segunda temporada, pero lo que se estaba viendo no pintaba nada bien. Ya no quedaba nada de lo que había nacido en The Shield, y lo único que se mantenía de los Hijos de la anarquía eran las motos y la estética; mera caricatura, ya que esta versión ni siquiera se molesta en intentar justificar el insufrible, cargante e ilógico buenismo de una banda de moteros que se dedica al tráfico de armas y droga.

En un arrebato por obligar a los espectadores a empatizar con los personajes, Sutter nos dibuja un club de moteros convertido en un grupo de hermanitas de la caridad que se dedica ayudar a la comunidad mexicana del sur de California. Con estos mimbres, los episodios se mueven por terrenos cada vez más pantanosos tratando de justificar lo injustificable. Así, llegamos a la segunda temporada donde parece que nos encontramos ante una secuela del Equipo A (NBC) en la que una banda de proscritos se dedica a hacer el bien mientras el gobierno federal trata de encarcelarlos. Entre medias, el cártel de los Galindo, el más grande de México, también aparece como si estuviera formado por unos buenos chicos que colaboran con los Mayans. Un despropósito de dimensiones épicas.

Por supuesto, tras esta temporada tenía pensado retirarme de la serie, pero al parecer Sutter ha asumido toda la culpa y abandona, o quizá más bien le tiran, del barco, y para la próxima temporada habrá nuevo capitán. No soy nada optimista, porque una vez creadas unas bases tan endebles durante veinte episodios, es difícil darle la vuelta al proyecto, pero espero que quien recoja el testigo lo haga con mejor tiento.

Y con este necesario tirón de orejas a Kurt Sutter me despido un mes más, cerrando el contador de las segundas partes que nunca fueron buenas con un apretadísimo empate a dos. Ahora os toca a vosotros desempatar la pregunta seriéfila del mes. Y aunque diciembre no suele ser mes de sorpresas, ojo a Watchmen, porque parece que HBO lo ha vuelto a hacer. El próximo mes lo comentamos. Mientras tanto, ¡cuidado con los polvorones!

El seriéfilo

Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y a través de La Soga se comunicará con el mundo.
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