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El seriéfilo: septiembre de 2017

Septiembre va mucho más allá de los premios Emmy, es el mes de la resurrección, el desperezar de la maquinaria televisiva y, a pesar de hace unos días haber entregado mi crítica mensual (centrada en esos galardones), no podía dejar pasar este mes comentando únicamente la alfombra roja de los premios porque, entonces, nos dejaríamos muchas cosas en el tintero.

Supongo que, de no haber escrito esta inusual segunda entrega mensual, a todos os vendría a la cabeza (¿cómo no?) qué pasa con la tercera temporada de Narcos (Netflix). Vuelve el cartel de la droga, vuelve la violencia más salvaje por hacerse con el control de la distribución de cocaína hacia tierras norteamericanas. El resultado es agridulce pero es sin duda la temporada más pulida, la mejor construida. Recordemos que para acabar con Pablo Escobar se necesitaron dos temporadas, la última más frenética y descontrolada, la primera mucho más pausada. Ahora, el ascenso y caída del cartel de Cali se nos muestra en una sola temporada mucho más compensada, cuyo gran acierto es dejar como protagonista único al agente Peña, una especie de Sonny Crocket latino, solitario, arisco, desencantado con la política exterior de su país pero igualmente incansable en la persecución de su presa, que no dudará en romper la delgada línea de la legalidad si con ello consiguiera asfixiar un poco más a sus objetivos. La parte menos buena ocurre al comparar estos antagonistas con Escobar, quien se nos presentaba con un carisma que los cuatro cabecillas del cartel de Cali no logran igualar y en que toda la sucesión de eventos nos recuerdan al mismo modus operandi empleado para cazar a Pablo. Es más de lo mismo pero mejor, lo que consigue que nos enganchemos desde el primer capítulo, pero que no sorprenda como sus dos primeras temporadas. Hubiese sido una perfecta primera entrega pero, de haber sido así, ¿habría tenido el mismo impacto global al no incluir el magnetismo del líder del cartel de Medellín?

¿Existiría Snowfall (FX) sin el éxito arrollador de Narcos? Nadie lo sabe, pero poco importa cuando el resultado es tan bueno. Da igual si los creadores vieron un filón en el tema del tráfico de drogas o si ya lo venían barruntando desde hace tiempo, lo cierto es que Snowfall complementa muy bien la historia de Narcos y, si la serie de Netflix se centra en los distribuidores que desde Colombia inundan las calles de EE.UU. con cocaína, Snowfall pone el foco en tierras americanas, en como los camellos hacen que el producto llegue a los consumidores. Para hacerlo más ágil, FX divide la serie en tres historias, cada una en un nivel distinto: la primera, la del el agente de la CIA que ayuda a introducir grandes cantidades de droga en EE.UU. para financiar con ese dinero a la contra nicaragüense; la segunda, la de el Oso Zapata, un luchador mejicano que ayuda a la hija de un narcotraficante a comprar la droga de los nicaragüenses para independizarse de su padre y tío, creando así su propia red de distribución; y la de Franklin, un joven afroamericano con vista para los negocios que comienza a trapichear con cocaína pero que descubre que el negocio real está en el crack. Las tres historias están inter-relacionadas y hacen una radiografía muy cuidada de la ciudad de Los Ángeles en los años 80, donde la cocaína campa a sus anchas entre las clases adineradas mientras el gobierno norteamericano mira hacia otro lado sin prever las consecuencias que va a tener esa permisividad en un futuro no muy lejano (por cierto, esa área geográfica, la del sur de EE.UU., era la que se encargaba de suplir Pablo Escobar, ya que el cartel de Cali prefirió quedarse con la distribución en Nueva York). Detrás de este proyecto encontramos a John Singleton, director que se hizo famoso por sus vívidos retratos de la población afroamericana en los años 90 y ser el primer director de la diáspora nominado a un Oscar por su película Los chicos del barrio (John Singleton, 1991). Encontramos también al actor español Sergio Peris-Mencheta, que interpreta muy solventemente al luchador mejicano Gustavo el Oso Zapata.

Aprovechando el estreno en cines de la película It (Andrés Muschietti, 2017), basada en la obra homónima del prolífico escritor Stephen King, voy a hacer referencia a otras dos adaptaciones televisivas de las obras del escritor norteamericano que por desgracia no han salido tan bien paradas como la película del payaso asesino; el primer jarro de agua fría fue The Mist (Spike), que levantó cierta expectación después de la buena acogida de su versión cinematográfica allá por el año 2007. En esta ocasión todo es un despropósito: personajes intrascendentes, agujeros de guion, decisiones sin sentido… y una niebla que actúa sin ningún tipo de patrón y que únicamente sirve para permitir a los guionistas seguir la historia por donde ellos creen oportuno. Se veía venir su cancelación y así ha sido, no tendremos que soportar una segunda temporada de esta niebla desastrosa; la segunda conversión a la pequeña pantalla podría considerarse como un jarro de agua tibia, no es tan mala como la anterior pero está lejos de la calidad de 11.22.63 (Hulu), posiblemente la mejor adaptación de una obra de Stephen King a la pequeña pantalla. Mr. Mercedes (Audience Network) cuenta con Brendan Gleeson en el papel de un detective retirado obsesionado con un caso que no ha podido resolver, el del asesinato de dieciséis personas atropelladas violentamente por un vehículo de marca Mercedes en el que no se encontró ningún rastro del asesino. Esta vez lo que falla es el villano, que optan por mostrar desde el primer capítulo (siguiendo su vida y obra) y el resultado es bastante patético, lastrando durante la mayor parte del metraje una falta de carisma y maldad que impide que nos lo podamos tomar en serio. La trama mejora en los últimos capítulos a raíz de un acontecimiento que sí explicaría su comportamiento trastornado, pero ocurre demasiado tarde, cuando ya vemos que la relación entre el detective y el asesino está totalmente descompensada y nuestro psicópata lleva más de la mitad de la producción sin dar la talla.

Una última serie del género thriller malrollero, sin llegar en ningún momento al miedo, es The Sinner (USA Network) protagonizada por una Jessica Biel que interpreta a una joven madre de familia que, en un tarde de playa y sin explicación ni motivación alguna, mata a un joven de forma muy violenta sin mediar palabra. Quizás este comienzo tan sorprendente y los primeros capítulos sean lo mejor de la serie ya que se da la circunstancia de que la mente, por lo menos la mía, suele ser más retorcida que lo que debería, pero a medida que se va escarbando en la historia todo es menos impresionante de lo que su inicio sugería. Aun así es una serie cuidada, bien interpretada por Jessica Biel y John Pullman en el papel de detective obsesionado con el caso, y un Christopher Abott que, con esa barba que se gasta y esos pelos, parece el hermano de Jon Snow, sí, el de Juego de Tronos.

Para acabar solo me queda recomendar una miniserie que pasó un poco desapercibida (pero que está bastante bien), al parecer basada en hechos reales (que siempre le da un plus). Manhunt: Unabomber (Discovery Channel) recrea la caza llevada a cabo por el FBI del terrorista Ted Kaczynski, que durante los años 80 y principios de los 90 se dedicó a enviar cartas bomba, provocando muertes y mutilaciones por todo el territorio norteamericano. Lo que más destaca de la serie son dos cosas; primero, que alterna pasajes del pasado donde se ve como avanzaba la investigación, entrelazados con fragmentos del presente previos al juicio del terrorista, por lo que se deja muy claro, desde el comienzo, que lo van a atrapar (supongo que si estuviese más versado en historia americana lo hubiese sabido sin necesidad de que me lo contasen, pero bueno, que se le va a hacer); lo segundo es la ausencia de acción, a pesar de que pueda calificarse sin temor a equivocarse como thriller, pues la tensión es palpable durante toda la investigación y la atmósfera de angustia y de premura por cazar al criminal antes de que vuelva a atentar está patente a lo largo de toda la historia.

Y después de esta doble ración mensual del Seriéfilo cierro con llave la cueva, dejo descolgado el teléfono y vuelvo a lo que más me gusta: devorar series. El próximo mes volveré con más y mejor, pues creo que está llegando una segunda temporada de Stranger Things (Netflix) que puede, espero, dar mucho de qué hablar.

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