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Un futuro asiático para el planeta rojo – 30 de julio

China quiere llegar a Marte en doce años y establecerse en el planeta rojo. Pekín planea cinco misiones tripuladas entre 2033 y 2043. Antes, enviará robots para estudiar los emplazamientos de la base y construir minas para extraer recursos. Las tripulaciones chinas tienen que ser capaces de sacar agua del subsuelo marciano, generar oxígeno y producir su propia electricidad. Y volver: el programa chino prevé transportar a los taikonautas y traerlos de vuelta a la Tierra. El éxito chino es vivir y contarlo.

China ya tiene un vehículo explorador en Marte. Se llama Zhurong, en honor a una figura mitológica de fuego y luz. En el programa espacial chino hay un eco de leyendas y épica. En eso se diferencia del programa de la NASA. El rover estadounidense que circula por Marte es el Perseverancia. Fue idea de un estudiante de Virginia que ganó un concurso nacional. En la NASA gustó su frase de que «el ser humano nunca se rinde». Suena a Disney, a esa propensión a confundir la humanidad con las barras y las estrellas en una película de buenos y malos.

Star Wars es propiedad de Disney: costó tres mil ciento veinticinco millones de euros hace una década. La guerra fría del siglo XXI se juega también en el espacio de la fantasía. El relato. Y los ricos hasta la obscenidad se lanzan al cosmos con cohetes que no son de juguete. Como Elon Musk, que utiliza sus Space X para dar servicio a una NASA semiprivatizada, mientras anuncia viajes interplanetarios con su nave Starship, Nave Estelar. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, también quiere salir de la Tierra en su propio vehículo, New Shepard. Nuevo pastor: aquí el eco es evangelizador. El dinero les hace libres.

Bezos también paga para ver la adaptación en serie de la novela espacial La Expansión, en la que la humanidad crece hasta que choca con lo que no conoce. El Otro ya era el gran desafío de la ciencia ficción de la URSS y Estados Unidos. Las Crónicas Marcianas de Bradbury son un retrato de un mundo alternativo también en decadencia. Los soviéticos eran fatalistas. En Estrella Roja, de Bogdanov, la coexistencia con los extraterrestres es inviable. Con Stanislaw Lem, los cosmonautas fuman y beben: conviven más con el fiasco que con la gloria. Cuando llegan a Solaris, los mejores enloquecen en un océano de incomprensión, como amantes de Won Kar Wai en un futuro asiático.


Notas de extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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