El taparrabos de ConanOcioOff-Topic

«Urotsukidoji»: una de rabas, por favor

Humanos, sois una raza ignorante. Es absurdo que creáis que vuestra especie domina la tierra. Debéis saber que no estáis solos, hay mundos invisibles que existen paralelamente al vuestro como el mundo de los makai, una raza de demonios, y el de los Jujinkai, que son mitad humanos y mitad bestias. ¡Ah! Y se me olvidaba también hay que tener en cuenta los chuminai y no nos olvidemos de los tetimori. Mejor sacad el cuaderno y apuntad, que esto va a ser peor que la lista de los reyes godos.

Después de esta lección de historia recitada por una voz demoníaca, que a ratos parecía haberse tomado unos orujos y nos dejaba algo confusos con tanto nombre y antecedentes, empezaba la versión animada y doblada al español de Urotsukidoji: la leyenda del señor del mal. Eso sí, la siguiente escena no defraudaba: una especie de demonios, uno de ellos no con dos ni tres tetas, si no cuatro (ya veremos más adelante que los órganos sexuales suelen aparecer por triplicado e incluso por millones), iluminados por fogonazos de erupciones volcánicas, en pleno folleteo y, a ratos, matándose unos a otros.

Con esta premisa, Urotsukidoji se trata de un manga creado por Toshio Maeda en el año 1986. Dentro del género del hentai, que podríamos traducir como erótico o incluso como directamente pornográfico, Urotsukidoji también incluye grandes dosis de horror y gore del bueno. De 1987 a 1989 tuvo su adaptación en formato OVA, siglas que vendrían a significar Original Video Animation, con tres episodios que en Occidente se juntaron en una película de casi dos horas que, en muchos casos, fue recortada y censurada. Curiosamente (o no tanto), se eliminaron las escenas de sexo que van más en contra de la moral cristiana, pero no las desmembraciones, quizá porque de eso los cristianos saben un rato.

En España, Manga Films sacó la peli a mediados de los 90 en una colección que incluía Akira, Ninja Scroll, El Puño de la Estrella del Norte… Vamos, todo lo mejor para el preadolescente de la época. Como consecuencia de ello, muchos padres les compraban a sus hijitos las pelis pensando que eran dibujitos y, cuando echaban un vistazo al VHS y veían a una mujer violada por un demonio de mil penes, consideraban que a lo mejor aquella no era la mejor educación sexual para prepúberes y pobres infantes como nosotros. Solo nos quedaba intentar ver las películas en lugares oscuro; y, si no lo lográbamos, le pedíamos a quienes las habían visto sin presencia de Inquisición parental que nos narraran con pelos y señales lo que pasaba. La verdad es que el accidentado visionado de estos films de animación japonesa proporcionaba más diversión, mayor número de experiencias paranormales, que el anhelado consumo de las mismas en el sofá y junto a un paquete de clínex, por si el contenido nos estimula de alguna manera. Averiguar qué escondían aquellas cintas era una especie de aventura cutre de Indiana Jones, pero estilo Pajares y Esteso.

Señores de mediana edad tocándole el culo a jovencitas o monstruos tentaculares fornicando con colegialas. El debate está servido

Tras esta breve introducción, que espero os haya devuelto dulces recuerdos, vamos con lo que nos ocupa, que es contar al detalle lo que ocurre con estas pollas del demonio, porque hay cosas que hay que explicarlas. Si conseguíamos ver directamente Urotsukidoji, lo que nos encontrábamos era un instituto japonés al que acude un incipiente acosador sexual llamado Nagumo, que gusta de zurrarse la sardina mientras espía a las chicas de la clase de gimnasia rítmica. Especialmente a Akemi, musa de sus delirios masturbatorios. Finalmente, Nagumo consigue su objetivo, pero recibe un mega pelotazo en la jeta del chico más popular del insti, Ozaki, que luego le lame la sangre de la mejilla demostrando que es un guarro. En estos tiempos que corren, tras hacer eso tendríamos que inyectarnos lejía, como recomienda el muy sabio presidente Trump.

Después de estas intensas escenas nos adentramos todavía más en el día a día de un instituto de Tokio. Un instituto un poco peculiar, eso sí, en el que una profesora le propone a Akemi, la musa, jugar a los médicos en la enfermería. Evidentemente, Nagumo se sitúa tras la puerta con la mano en el joystick. Es entonces cuando aparece el mejor personaje de la cinta, Amano Jyaku, un hombre-bestia que es un Vegeta de la vida y está empeñado en buscar al Chojin, una especie de chosen one que traerá el equilibrio al universo y patatín patatán. Sabemos por los Skywalker que estas cosas lo único que nos traen son malos diálogos, pero decidimos continuar. El estupendo doblaje de la época remarca el tono chulesco y arrogante de Amano Jyaku, interpretado por Alberto Mieza. Suelo defender las versiones originales, pero en este caso hay que destacar su labor.

Pero vayamos a la chicha: en la enfermería, Akemi y la profe, que por cierto se acaba de transformar en un monstruo horripilante, se dedican al viejo clásico japonés del tentacle rape. Amano, al ver el fiestón que se están pegando la chica y la aberración, entra en el cuarto propiciando uno de los diálogos más macarras que he escuchado en mi vida. Solo transcribirlo puede permitirnos apreciar todo su poder:

Amano: ¿Buscas emociones baratas, imbécil?

Demonio: Polla pequeña, boca grande.

Amano: Desde luego, los jodidos makais sois todos iguales. En cuanto oléis un coño perdéis la cabeza.

La retahíla de faltosadas y el lenguaje incorrecto prosiguen un buen rato para terminar en una lucha espectacular que acaba con Amano evaporando al demonio.

Cuando hasta tu ropa ochentera es molona, poco más hay que añadir

Amano, su hermana Megumi y una especie de duendecillo pervertido se reúnen para decidir quién es el Chojin. Amano apuesta por el pichabrava de Ozaki y Megumi cree, por alguna extraña razón, que es el gilipollas de Nagumo. Si Amano hubiera visto más anime sabría que los gilipollas siempre son los protagonistas. Los dos hermanos acuerdan comprobar cuál de sus dos candidatos es el verdadero elegido y se piran a poner sus teorías a prueba. Mientras Ozaki ejerce de chico popular y se trajina a unas tipas en su picadero con una música muy groovy de fondo, Nagumo se dedica a ignorar el estado psicológico de Akemi, bastante recuperada para haber sufrido el examen ginecológico de un demonio. Ambos se entregan a vivir la vida loca en un parque y se declaran amor eterno, pues por que sí. Ozaki sigue dale que te pego cuando de repente su pene se transforma en Super Saiyan. Las chicas salen corriendo y acaban desmenbradas, destripadas y evisceradas por un grupo de makais en una de las secuencias más gores, perturbadoras, asquerosas y por tanto más guay que jamás se hayan hecho. Ozaki corre como alma que lleva el diablo mientras los demonios le persiguen porque no les gusta mucho la idea de que el Chojin llene el mundo de paz y amor. Es algo que va en contra del modo de vida de los demonios. En fin, los monstruos atacan a Ozaki con penes-látigo y vaginas que crecen en sus estómagos y provocan una transformación en Ozaki, que se convierte en una especie de hombre lobo y manda a paseo a toda la hueste infernal. Amano lo está presenciando todo y lanza a Ozaki un rayo para averiguar si definitivamente es el Chojin. Seguramente, era más fácil preguntar, pero el hecho es que lo calcina totalmente, desechando esa posibilidad.

Escenificación de la feminidad en la mente de un misógino

Amano acaba de cometer un fail en toda regla, ata cabos y recuerda que Ozaki lamió la sangre de Nagumo, lo que hizo que pareciera que tenía poderes, pero en realidad estaba convirtiéndose en un monstruo. Conste que no me estoy inventando nada, todo es así de bizarro. Megumi, su hermana, se acerca a la parejita feliz que habíamos dejado retozando entre los arbustos del parque, cuando un tipo que parece el alter ego del autor de esta tropelía echa un vistazo bajo sus bragas. Megumi le da una coz, porque en esta película estamos muy en contra de ese tipo de comportamientos, e inmediatamente después se lanza sobre Nagumo cual Tigresa del Oriente, al grito de «déjame ver tu superpolla de Chojin». Sutileza ante todo. Nagumo se ve obligado a decidir en qué fémina depositará su amor eterno (su musa o esta nueva invitada), pero entonces un camión sale de la nada y lo atropella. Acaba en la morgue de un hospital con una cara más propia de haber visto a Belén Esteban en tanga que de haber sido arrollado por un camión.

Otra víctima más de la princesa del pueblo

Lo que pasa a continuación es una bizarrada inconmensurable. Nagumo resucita convertido en demonio ante los ojos de una pobre enfermera que, por supuesto, acaba violada y destrozada en mil pedazos. El supuesto Chojin empieza a mutar hasta que se convierte en un kaiju con miles de penes gigantes que van destrozando y absorbiendo a los pacientes del hospital. Nadie escenificó mejor la gestión de la sanidad pública.

Seguidamente, nos encontramos con varios cortes de los OVA originales, que se rehicieron añadiendo más confusión a la que ya teníamos acumulada. De repente, vemos cómo los acontecimientos de la noche de los mil penes en el hospital es ignorado por los estudiantes del instituto, más preocupados por hacer botellón y jugar al Fortnite. Solo mencionan el asunto una vez en una conversación casual, de esas que versan sobre quién vomitó más ayer por la noche sobre sus propios zapatos. Es un instante de realismo en mitad de esta gran ficción.

«Oye ¿qué opináis del monstruo de mil penes que arrasó el hospital? Cállate y bébete el zumo de piña, que se te enfría»

Aquí es cuando aparece Niki, un estudiante bastante panoli que también ama a Akemi y, precisamente por ello, odia a Nagumo. Por cierto, si os preguntabais qué había pasado con nuestro protagonista después de transformarse en una monstruosidad de treinta metros, pues nada en absoluto. Podemos afirmar que su idiotez anula cualquier posible trauma ante lo sucedido. Como, además, Akemi se lanza en sus brazos, aparecen unas muchachas de moral distraída y se acercan a Niki, el nuevo personaje de la trama, para proponerle un ménage à trois. Por lo visto, en Japón las chicas malas del insti someten a sesiones de sexo non stop a los frikis con la intención de humillarlos y hacerles sentir muy mal.

Amano, que sigue buscando al Chojin, lleva a Nagumo y Akemi al mundo de los hombres-bestia para explicarles la leyenda y comunicarles que el protagonista es el elegido. Paralelamente, Niki está chupándole los pies a sus acosadoras, cuando a una de ellas se le ocurre cargarse de un pisotón un muñequito de Akemi tipo Hello Kitty.

Cuando un villano pisotea la cabeza de un punki desconocido, provoca una furia homicida en el héroe; si, en cambio, lleva a sus amigos al borde de la muerte, genera en él una pasividad absoluta

Craso error, porque el juguete es algún tipo de fetiche para Niki, que procede a desearles la muerte justo cuando unos demonios pasaban por allí. Estos cumplen inmediatamente su petición y las hacen explotar como cuando pones un petardo en un cagarro (pruébenlo). De paso, le hacen una proposición tipo curso de autoayuda para hombres que quieren resultar irresistibles a las mujeres; y eso, en esta película, se traduce en lanzarle un pene de demonio para que más tarde lo cambie por el suyo. De repente, aparecen los padres de Niki y le meten una paliza brutal a su hijo, pero este finalmente hace caso a sus coaches demoníacos y se corta el miembro en una escena totalmente escabrosa.

Operación de fimosis versión japonesa

Con su nueva arma, Niki se dedica a meterle unas leches de campeonato a los matones del instituto. Una vez los despacha a todos se acerca a Akemi, pero el aura megamacho del Chojin le impide culminar. Amano, que ha vuelto al mundo humano con el elegido y su novia, embosca a uno de los demonios que está repartiendo penes y descubre que todo es un plan de un antiguo enemigo que daba por muerto, Suikakuju. Vemos entonces un flashback de los años 20. Justo lo que necesitamos para situarnos, porque además en el episodio original iba al principio y estaba en blanco y negro, pero ahora ya no.

Da igual. Resulta que el tal Suikakuju es un hechicero que planeaba invocar a un dios de los mares (¿?) una mezcla de Cthulhu, Godzilla y el Kraken de Furia de titanes, para destruir al Chojin. También descubrimos que sus cálculos no son muy fiables y provocó el terremoto de Kanto en 1923. Luego, Amano Jyaku lo mandó a hacer puñetas de un kamehameha. Para continuar su pugna, Amano y Suikakuju acaban luchando mientras vuelan sobre las calles de Tokio, lanzándose coches, cortándose con sus garras enormes y usando el agua de los depósitos y el asfalto de las calles para crear criaturas gigantes. Eso sí, esta batalla está bien narrada y tiene los característicos giros visuales de la animación japonesa, haciendo de este tramo de la película una de sus mejores partes.

Ajenos a las batallas de sus colegas, Nagumo y Akemi se dan el lote hasta que aparece Niki para raptar a la chica y comerse el semen de Nagumo, que lo había depositado amablemente en la cara de su novia. Nagumo persigue a Niki hasta el negocio de sus padres y descubre que el captor de Akemi los ha asesinado de la forma más imaginativa posible.

Te dije que descongelases el congelador antes de salir de vacaciones

Suikakuju es derrotado por Amano tras un breve debate filosófico. Sí, filosófico, porque versa sobre la auténtica naturaleza del Chojin. Mientras tanto, Nagumo aparece en una obra en construcción donde Niki lo espera para partirle la cara ante los ojos de Akemi, cuya única función hasta ahora ha sido ser secuestrada y violada por diferentes seres sobrenaturales. Evidentemente, al final Nagumo sale victorioso, a pesar de que Niki completa su transformación al consumir la sangre del Chojin y muta definitivamente en demonio. Nagumo, que no había dado mucha importancia a cargarse a toda la gente de un hospital, sale corriendo asustado de sus impulsos asesinos y perdona la vida del monstruo. Incluso Akemi parece perdonarle todo a Niki, el bicho que abusó de ella y quiso matar a su novio, así que le sigue para confortarle o algo así.

A estas alturas, Amano tiene la picha hecha un lío. Figuradamente, aclaro, dada la naturaleza del film. Eso de que el Chojin sea un blando le perturba, así que se va a ver a un sabio del mundo de los hombres-bestia para pedirle consejo. El sabio usa uno de sus ojos para que Amano pueda viajar al futuro y aclare sus dudas: allí comprueba que todo se ha ido a la mierda. En mitad de un paisaje apocalíptico, los demonios se dedican a follarse a la población humana, hasta que el Chojin hace acto de aparición y lanza unos rayos espermáticos de napalm que destruyen todo a su paso. Bueno, todo menos el castillo de Osaka, que está protegido por un campo mágico y no se parece para nada al castillo en el que se refugia Dama Miyako en Akira. Ahora, Amano empieza a preguntarse si el Chojin es un ser de paz y amor o un ente de destrucción absoluta.

Pues si te soy sincero, no tengo yo claro que sea un dios del amor

De regreso al presente, Suikakuju revive utilizando lo que queda del cuerpo de Niki y aparecen varios personajes de los que no teníamos ni idea, liando todavía más la trama. Nagumo y Akemi se dedican a las cosas del amor y el asunto acaba con Akemi embarazada por los poderosos espermatozoides de Nagumo. Todo esto provoca el alzamiento definitivo de la criatura de mil penes que provocará el final del mundo. Nunca un casquete salió tan caro.

Y entonces tu papa le mete un Kame Hame ha a tu madre en su óvulo

A partir de aquí, todo se precipita (más) y se desata el apocalipsis. La reconstrucción de la realidad comienza con tres mundos fusionándose y Nagumo transformado y proyectando chorros de esperma explosivo que no dejan títere con cabeza. Sin duda, la sensación de caos y fin del mundo es bestial, a pesar de que el brazo ejecutor sean en esta ocasión múltiples penes del tamaño de un rascacielos. Suikakuju controla a su querido dios del mar para que se enfrente al Chojin, desatando lo más parecido a una lucha entre primigenios de Lovecraft que veremos nunca. Todo es vano cuando el Chojin provoca una explosión atómica que lo desintegra todo (los japoneses tienen experiencia en estas lides y lo plasman con una certeza desgarradora).

Visto que el Chojin es un fracaso, Amano se decide a plantarle cara, descubriendo que dentro de su cuerpo se encuentra Akemi. Desde el útero de la chica, un hijo nonato habla para revelarle que él es el verdadero Chojin que buscaba. Planea dejar que su padre destruya los tres viejos mundos para luego renacer y dar forma a la nueva realidad a su antojo. Y todo esto sin coronavirus. Akemi recobra brevemente la consciencia y deposita al Chojin en el palacio de Osaka, donde esperará a que su padre acabe de destruirlo.

Y eso es, básicamente, Urotsukidoji: la leyenda del señor del mal. Una película de animación para adultos que podríamos catalogar como underground, con una factura detallista e incluso podríamos decir que asombrosa, dada la premisa que propone. Una obra nacida a partir de unos mangas hentai en los que, según el propio Toshio Maeda, se utilizaron tentáculos en las escenas de sexo para burlar la censura japonesa. Tentáculos sí, penes no. Cosas veredes. Lo cierto es que parece que le pilló el gusto, pero eso no le impide parecer, como suele suceder en estos casos, un tipo bastante majo que señala a Neal Adams, uno de los grandes artistas del cómic norteamericano, como una de sus grandes influencias.

Las siguientes entregas están bastante desvinculadas de la primera y, en la mayoría de los casos, sufren variaciones del argumento que complican todavía más la cronología. Algunas se sitúan incluso antes del apocalipsis que hemos descrito, pero contando con sus personajes y detonantes. Sucede en Urotsukidoji 2: La matriz del demonio. Como suele pasar, la confusión aumenta gracias al doblaje, remontaje y, en realidad, mutilación total de los OVA en los que se asientan las películas. Como decíamos, a veces es una labor propia de la arqueología la búsqueda de las fuentes originales.

Urotsukidoji es una obra incorrecta y no es para todos los estómagos. Resulta desagradable y desconcertante a partes iguales, pero también es una muestra de animación puramente artesanal, de una fotografía y una creatividad sorprendentes. Es una obra que señala el asco que damos los seres humanos y apunta al apocalipsis como única redención posible.

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