Feminicidios y desigualdad en América Latina – 28 de junio de 2017

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En Argentina asesinan a una mujer cada treinta horas. Son cerca de trescientas al año. Uno de cada cinco matarifes, se suicida: ya no existe el objeto de odio, ya nadie puede juzgarles. Este año, en la manifestación de Ni Una Menos, Vivas Nos Queremos, miles de personas marcharon en Buenos Aires contra los feminicidios y la creciente pobreza, que los colectivos feministas creen que hace a las mujeres más vulnerables. La desigualdad multiplica el crimen, y Argentina se ha empobrecido y concentrado riqueza simultáneamente en las últimas décadas. En esa trama nace el asesinato: de no tener trabajo, de tenerlo miserable, de no tener nada menos una mujer. Y matarla porque era mía.

América Latina es el continente más desigual del mundo y donde el feminicidio es epidemia. Donde más se mata es en Honduras, El Salvador, Guatemala, República Dominicana y Argentina. Centroamérica vive las resacas de las guerras y dominan las maras y corren las armas. Como en México, donde asesinan a siete mujeres al día pero no entra en las estadísticas continentales porque allí se cuentan con el nombre incomparable de Defunciones Femeninas con Presunción de Homicidio. No se dice si con pistola. «Te doy una canción», cantaba Silvio en Cuba, que ofrecía sus manos, las mismas de matar, pero para luchar por la Revolución, no para asesinar a la compañera.

La violencia contra la mujer tiene que ver con la propiedad y el machismo, amo y señor. Pero también con la justicia y la impunidad. La campaña Um dia vou te matar, de la ONG Human Rights Watch, denuncia que en Brasil los feminicidios aumentan impunes. En estados como Roraima, hay comisarías que cierran los fines de semana, muchas veces el momento elegido para cometer el crimen o el abuso. El presidente Michel Temer dijo en su discurso del 8 de marzo que las mujeres deben ocupar un lugar primordial en la sociedad: porque hacen mucho por el hogar y los hijos. En el gobierno de Temer no hay mujeres. A Dilma Rousseff la echaron con un golpe.

«Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento», escribió Bolaño en 2666, esa hipernovela con los feminicidios de Ciudad Juárez de siniestros protagonistas y contexto. Como diciendo que los asesinatos de mujeres eran resultado de un tedio atroz. Pero también flores de un mal atravesado por el narco, la prostitución, la explotación laboral y el machismo secular de una América Latina que es el desarrollo en carne viva. Eso lo canta Calle 13. Aquí las voces principales son de Residente y Visitante. Maria Rita, brasileña, corea que «você não pode comprar minha tristeza». Los asesinos creen que hasta las lágrimas ajenas son suyas para matarlas.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

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