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Caballero Luna, Marvel y el apocalipsis del cine de superhéroes

La Casa de las Ideas ha demostrado que tiene la capacidad de contratar a maravillosos guionistas, directores, creativos y técnicos, pero arrastra a la vez el problema de una ambición que pone la zancadilla al cierre de sus historias. Y el final de Caballero Luna (2022), así como otras series marvelitas disponibles en la plataforma de Disney, sirve para representar los alarmantes problemas que ya ha demostrado Marvel en la gran pantalla.

El principal es la sobredimensión de un universo cinematográfico bajo una forzada continuidad. Lo cual, de hecho, resulta increíble cuando en el cómic lectores y fans siempre han aceptado la existencia de múltiples líneas narrativas (tanto en Marvel como DC) que permiten que no se necesite hilar tan fino en cada punto argumental para que el siguiente bombazo tenga un mínimo sentido.

En el apartado de las series, más concretamente, es probable que Marvel haya perdido una de las grandes oportunidades de crear una narrativa paralela. De hecho, La Bruja Escarlata y Visión (2021) y Caballero Luna representan la capacidad que tienen de crear obras que superarían con mucho a algunos de los taquillazos de sus películas. También se debería contar el episodio de Doctor Strange en ¿Qué pasaría si…? (2021), que erige un maravilloso relato para el personaje de Stephen sin cargas de las películas, pero que pasa desapercibido debido a un resto de temporada demasiado centrada en crear un producto que sintetice, en treinta minutos, películas ya vistas por los fans.

Con el ejemplo ya mencionado de Caballero Luna esto es más evidente. La serie se había esforzado en construir una impresionante narrativa con dos personajes enfrentados y compartiendo el mismo cuerpo (todo cargado sobre la increíble interpretación, y pasión por sus personajes, de Oscar Isaac); y eso a pesar de que arrastraba un villano mediocre, como es habitual en Marvel. Sin embargo, el final cierra en los últimos minutos con la innecesaria decisión de dejar para la escena poscréditos el descubrimiento de la tercera personalidad del protagonista, Jake Lockley, en vez de permitir el desenlace y derrota del villano al dúo protagonista de Steven y Marc. Esto habría sido lo más sensato y, a la vez, lo más esperado por el público, dejando hueco de sobra para la desvelación de esa sorpresa en una escena final.

Sin embargo, este error no viene sino de una marcha apresurada de múltiples producciones centradas en crear diferentes historias bajo un mismo género y estructura narrativa, lo que genera defectos comunes y acumulados que no se puede evitar comparar con lo que ocurrió hace décadas con el western. Un género que, a pesar de que experimenta cierto renacer desde hace unos años (Django desencadenado, 2012; Godless, 2017) hasta ahora (El poder del perro, 2021), no parece sino responder a algo episódico o, como casi todo en la industria norteamericana actual, ser fruto de la carnaza nostálgica.

Así pues, todo esto nos lleva a la inevitable pregunta de cuánta vida le queda al mundo del superhéroe en las pantallas. Lo que parece claro es que la respuesta la marcarán las audiencias y la posible saturación que puedan mostrar ante una narración estática basada únicamente, como intentó expresar Martin Scorsese hace unos años, en un evento, en el entretenimiento anodino y, además, en la forzosa necesidad de conocer una historia ya demasiado larga. Sin embargo, lo que es indudablemente necesario es que cualquier saga, película o serie marvelita debe ser capaz de contar una historia por sí misma, de la misma manera que una cinta independiente se esfuerza por desarrollar guiones con buenos personajes e historias bien realizadas que transmitan un mensaje y entretengan a una audiencia sin que tengan que traer el contexto aprendido de casa.

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Un comentario

  1. ¿No son afirmaciones un poco categóricas y, aún diría, apresuradas? Estoy de acuerdo que en la tensión interés/legibilidad está uno de los problemas «a futuro» del MCU, pero decir que es un problema ya manifiesto me parece un poco sin sentido teniendo en cuenta los últimos resultados comerciales. ¿La gente se cansará? seguramente pero ¿está cansada ya? no lo parece.

    Juzgar la continuidad solo como un «problema», cuando ha sido parte fundamental del éxito original del concepto me parece una actitud tan errada… que grabamos un podcast larguísimo defendiendo la continuidad (en el cómic) https://www.ivoox.com/continuidad-comics-audios-mp3_rf_83611401_1.html

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