China: revolución y troyanos – 2 de octubre

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China celebra setenta años de comunismo izando la bandera de la patria. Mao Tse-Tung fundó la República Popular un 1 de octubre y trescientos mil compatriotas han desfilado en Pekín. Soldados y civiles, precisión: las coreografías asiáticas deslumbran al ojo occidental perdido entre individuos. China también asusta a los viejos modernos poderes porque gasta hoz y martillo con capitalismo global. China es la amenaza del ciberespionaje del 5G en un mundo escrutado por la CIA, la NSA y todas esas otras agencias y departamentos que Occidente olvidó en un cajón cuando creyó que había ganado la Guerra Fría. China combate guerras eternas.

Los manifestantes de Hong Kong han buscado el ojo de la cámara con una jornada de luto el 1 de octubre. Han conseguido un disparo. El negro sangre es un color tan televisivo como el naranja de Ucrania o el verde de Irán. En la antigua colonia británica, los descolonizados agitan con aparente espontaneidad cualquier bandera menos la China. Prefieren Union Jacks, o barras y estrellas. «Paisajes florido», prometió Helmut Kohl a los alemanes del Este cuando los devoró la OTAN. No se sabe quién promete qué en Hong Kong, pero Pekín sabe desde Troya que debe temer a los griegos cuando traen regalos.

Virgilio hizo versos sobre el fin de Troya cuando Roma florecía como imperio y tal vez intuía que su monstruo estaba dentro. Entonces China era territorio Han: la dinastía del papel. Dicen los historiadores que ambos imperios, el romano y el chino, eran conscientes de sus respectivas existencias. Estados Unidos lleva estudiando la decadencia del imperio romano desde que los Padres Fundadores crearon un Capitolio y un Senado a imagen de Roma. Quizás eran conscientes de su decadencia congénita. O pensaban que la gloria de un imperio es necesariamente la destrucción del contrario. El sueño de Mao era un pueblo despierto y en la vigilia crecen los enemigos.

«El chino bueno está más cerca de mí que el español malo», dijo García Lorca en su última entrevista, junio del 36. Enseguida bramarían los cañones patriotas que no cantaban a España como el poeta Federico, «antes hombre de mundo y hermano de todos». El cine de China (otra poética) es un arte patriótico. El Hollywood chino tiene sede en Qingdao, a orillas del mar Amarillo. En los mayores estudios del mundo ya se ruedan blockbusters interno o global. Pero en China solo pueden estrenarse treinta y cuatro películas extranjeras al año. La revolución será televisada; la contrarrevolución, también. Todos los días, hasta en la eternidad de Pekín.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

 

 

 

Víctor García Guerrero

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