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Cinefórum CCI: Siete mujeres

La semana pasada tuvimos la oportunidad de viajar al desierto australiano de la mano de La prouesta, una película que en el fondo se puede entender como netamente australiana, pero que se disfraza de western. La idea de la frontera, de los forajidos, de esos tiroteos descarnados que nacieron del western crepuscular… todo hace referencia a un género que nació en los Estados Unidos, pero que ha ido extendiendo sus tentáculos por diferentes geografías. Esto, sin embargo, no lo han hecho solamente los directores nativos de los nuevos territorios por conquistar, sino que incluso desde el Hollywood más clásico han ido naciendo diferentes propuestas. Como muestra, vamos a visitar hoy la última película firmada por el gran John Ford, que es curiosamente un western ambientado en China y con un elenco protagonista casi totalmente femenino.

Siete mujeres es una cinta que debió resultar ya un recuerdo de tiempos pasados en lo formal cuando se estrenó en 1966. John Ford emplea en ella todos los trucos que había acumulado en su arsenal como director, aprovechando un escenario cerrado que se nos presenta de manera magistral. La misión religiosa parece existir en un vacío que se denomina como China, pero que bien podría ser la frontera americana, el espacio exterior o cualquier otro lugar en el que lo de fuera resulte terrorífico. Allí vive un grupo de personajes, mayormente mujeres, que se dedica a tratar de mejorar la vida de los locales sin saber muy bien si lo están logrando realmente o, simplemente, están tratando de llevar sus creencias a un nuevo terreno. El choque entre la supuesta civilización occidental y el mundo oriental es un elemento importante en la película, que ciertamente no duda en presentar a los villanos chinos como salvajes encuadrados en la tradición de los indios clásicos del western, pero que guarda una mirada diferente para aquellos chinos que se alían con los protagonistas.

Pero, si su revisión de la frontera es interesante, lo mejor de Siete mujeres es su tratamiento de los personajes femeninos. La película se construye, en realidad, como el choque y el enfrentamiento entre los personajes interpretados por Anne Bancroft y Margaret Leighton. La segunda es la estricta y piadosa cabeza visible de la misión, que en realidad oculta una culpa inconfesable a causa del deseo que le despierta la más joven de las misioneras. La primera es una mujer moderna, que fuma y bebe, habla abiertamente de sus relaciones amorosas y hasta duda de la religión. Es curioso que inicialmente Ford no quisiera a Anne Bancroft y solamente la aceptara después de que Patricia Neal sufriese un infarto cerebral. Porque, a pesar de ese difícil comienzo, Bancroft se apodera del personaje desde la primera escena, creando una suerte de John Wayne en versión femenina que se enfrenta a la fatalidad que la rodea y está dispuesta a todo para salvar a sus compañeras.

La Dra. Cartwright interpretada por Bancroft es un personaje de acción, que toma decisiones difíciles y está dispuesta a sacrificarse por sus compañeras, del mismo modo que el único personaje masculino que transmite valores positivos en la cinta, el profesor Charles Pether, de cuya entrega sabemos a través de un fuera de cámara muy efectivo. Los dos, pero sobre todo ella, son la personificación del héroe fordiano, capaz de enfrentarse a todo lo que le envíe la vida sin perder nunca la compostura; dispuesto a la muerte si es necesario, sabedor de que el bien común es más importante que el personal. La verdadera lección que nos da John Ford en esta película, y es una lección que no deberíamos olvidar nunca, es que esos personajes suelen ser masculinos por convención, nunca por necesidad.

Ismael Rodríguez Gómez
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