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Cinefórum CCLXXXVIII: «Summer of Soul (…Or, When the Revolution Could Not Be Televised)»

Relacionar El Sur de Víctor Erice con un documental de música negra como Summer of Soul puede resultar un tanto acrobático. Sin embargo, la pirueta es más fácil de lo que parece cuando vislumbramos los puntos en común de ambas cintas: no nos referimos solo a ese misterioso Sur que guarda enigmas insoslayables, sino al enquistamiento de problemas ideológicos irresueltos. Decía el personaje de Rafaela Aparicio en una secuencia inolvidable de la película de Erice: «Cuántas cosas han pasao y cuántos muertos (…), los dos se han metío en un túnel que no tiene salida, y ahí siguen, encerraos». Algo parecido le pudo rondar la cabeza a Tony Lawrence, cantante y gestor cultural, cuando en el caluroso verano 1969, ante la situación límite en que se encontraba la comunidad negra norteamericana, decidió crear el Festival Cultural de Harlem. La década de los sesenta resultó especialmente ominosa para la lucha por los derechos raciales. A los asesinatos de Martin Luther King, Malcom X o JFK, entre otros, se sumaban los continuos abusos policiales hacia la población negra, la violación de derechos y el racismo imbricado en cada engranaje del sistema, desde la educación hasta la guerra de Vietnam.

Ante esta situación, Tony Lawrence puso su grano de arena con un evento que serviría no sólo para reivindicar la energía, la riqueza y la fuerza y los orígnes de la música y la cultura negras, sino para provocar suerte de catarsis colectiva con la que canalizar toda la frustración, rabia e ira derivada de los problemas irresueltos. La puesta en marcha de este festival y su desarrollo es el tema del documental que nos ocupa esta semana: Summer of Soul (…Or, When the Revolution Could Not Be Televised).

Dirigido por el productor Questlove, la cinta apareció por sorpresa en 2021 como si de un hallazgo arqueológico se tratase. Y, en cierta manera, así fue. Enterrado por un lado en la memoria de quienes lo vivieron y, por otro, oculto en la conciencia colectiva (en esto tuvo mucho que ver el hecho de que coincidió con el festival de Woodstock), la aparición de Summer of Soul resultó ser una sorpresa para propios y extraños.

Durante dos horas vemos pasar por aquel escenario que se convirtió en el centro de Harlem a artistas de la talla de Stevie Wonder, B.B King o Nina Simone. Sorprenden otros que, al menos para mí, pasaron bajo el radar como Mahalia Jackson o David Ruffin. Asistimos también a los sermones del reverendo Jesse Jackson, que había estado cerca de Martin Luther King cuando fue asesinado. Pronto apreciamos que aquel festival no fue solo una serie de conciertos, sino que sirvió como lugar de reunión y de oración, como púlpito de reivindicación social; como un lugar y un momento en que la comunidad negra pudo purgar, siquiera un poco, toda la pena acumulada en aquellos años.

La vigencia que emana de este documental, que hace las veces de documento histórico, radica en lo bien restauradas que están las imágenes y, sobre todo, en las buenas tomas de sonido que escuchamos. Esta es sin duda una de las grandes virtudes de la cinta. Frente a ello y a pesar de que se intentan aliviar las largas intervenciones musicales con contextualizaciones históricas, el documental termina siendo una secuencia de videoclips en directo y, sin bien puede hacer las delicias de cualquier melómano de la música negra, puede hacer perder la atención del espectador medio en algún momento.

Por otro lado y aunque en Asturias, desde donde escribo, tenemos esa fama de ser muy grandonos (como nosotros mismos decimos), no puede sino hacerme gracia la capacidad de los yanquis para envolver de la máxima epicidad y grandilocuencia cualquier capítulo de su historia, cualquier personaje que haya participado en ella, por mundano que sea.

Otro aspecto que se toca solo someramente, pero resultaría interesante para otro reportaje, es la historia que llevó todas estas horas de contenido audiovisual a estar guardadas en un cajón, durante décadas, hasta el día de hoy: ¿por qué manos pasaron? ¿Quién tomó la decisión de que no se publicaran? ¿Quién sentenció que salieran ahora a la luz?

Summer of SoulAunque, al terminar, el espectador queda abrumado por algunas de las actuaciones que muestra, Summer of Soul deja un poso agridulce, como si de un vacuo ejercicio de nostalgia se tratara. Y es que, aunque la conexión con la situación actual de la comunidad negra norteamericana es palpable, se echa de menos su enlace con el universo sonoro actual, seguir la senda trazada por iniciativas como la de aquel festival de Harlem. Quién sabe, quizá sea un punto de partida para una segunda parte…

Acabo haciendo mención de nuevo al creador de aquel microcosmos: Tony Lawrence, un tipo al que, como dicen en el documental, era difícil negarle nada; un tipo que haciendo malabarismos consiguió crear un festival irrepetible para luego difuminarse poco a poco de la escena pública. Lawrence se ha ocultado en la nube del anonimato hasta el punto que su muerte no ha sido confirmada. Si siguiera vivo, tendría ahora 96 años. Y nada me complacería más que tomarme una cerveza con él para hablar de lo divino, lo humano… y de música. Sobre todo de música.

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