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Cinefórum CCXCIII: «La última lección»

El potencial de niños y adolescentes como generadores de lo turbio es algo patente y vigente en el imaginario colectivo. Es abundante la bibliografía y la filmografía relacionada con este tema: lo encontramos en clásicos como ¿Quién puede matar a un niño?, películas de culto como Los chicos del maíz y también en The Innocents, la ya penúltima película de nuestro cinefórum. Esta semana volvemos a tirar de este hilo para descubrir una cinta reciente, La última lección, que nos sitúa en un instituto francés en el que un joven maestro llega a un aula de adolescentes con altas capacidades y cuyo anterior profesor se lanzó inesperadamente por la ventana. Y lo hizo en medio de una de las clases.

Con este punto de partida, Sébastien Marnier, director y co-guionista junto con Elise Griffon, adapta la novela de Christophe Dufossé y nos sumerge en un thriller psicológico en el que el profesor (Laurent Lafitte) va cayendo, día tras día, en el oscuro pozo de la paranoia. El mismo al que se ve abocado también el espectador.

La efectividad de la dirección se ve reflejada en el magnetismo de la historia, que nos mantiene a la espera de saber por donde desembocarán los acontecimientos, con la duda de si nos encontramos ante una historia de lo paranormal, o ante algo más prosaico. El papel de los adolescentes, liderados por Apolline (Luàna Bajrami) y Dimitri (Victor Bonnel), importante en la trama, puede resultar forzado en algunas escenas siniestras, pero termina siendo solvente y creíble en los momentos finales.

La última lecciónCon todo, aunque pasable y entretenida, la película no termina de brillar, quizá por la mezcla de géneros en que se termina convirtiendo y que no acaba de cuajar: thriller psicológico, sí, pero con tintes de cine social, filosófico e inclinaciones medioambientales.

Desde la avanzada treintena, me planteo la duda de cómo responderían, en general, los espectadores adolescentes de un aula actual al visionado de esta película. Esa atribución a la niñez y la adolescencia de una cercanía al mundo de lo paranormal, de la fantasía o de la oscuridad siniestra, no deja de representar la incomprensión mutua, esa lejanía inexorable entre sus códigos y los coordenadas del mundo adulto; nuestro mundo, aquel en el que, con el paso del tiempo, echamos la mirada atrás para ver nuestro logros y fracasos, haberes y carencias. Quizá es una añoranza o un reproche, mas, concretamente en esta película, es un grito de auxilio.

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