Delhi: aire irrespirable para pobres – 20 de noviembre

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En Nueva Delhi han abierto un bar que despacha oxígeno puro. El aire se ofrece en seis sabores: lavanda, limón, naranja, canela, eucalipto y dos variedades de menta. Se puede inhalar en espray o por medio de gafas nasales, como las que usan en los hospitales. «Te da energía y te relaja al mismo tiempo», explica el dueño del negocio. El sabio capitalismo ha descubierto que con el aire también se liberan mercados: entre 4 y 7 dólares cuestan las dosis. El salario medio en la India es de 45 dólares. El chute de aire puro es un lujo para ricos en la ciudad más contaminada del mundo.

«El juego vence siempre al jugador, y el barco a su tripulación», escribió Kipling. El poeta colonial habló cuando el aire de la India todavía se podía respirar. Pero no todos los barcos son iguales, ni todos los jugadores disponen de las mismas cartas. En Delhi han repartido mascarillas entre los niños que van a la escuela. Pero los miles que mendigan sus calles se han quedado sin ellas. «No dejo de toser y me arden los ojos», cuenta a Reuters un niño que vende globos entre el tráfico. Diez millones de coches en marcha garantizan clientes al bar del aire y un final temprano a las vidas de la miseria.

La economía de la India crece a buen ritmo desde hace más de quince años: siete por ciento cada doce meses, ricos más ricos al llegar Divali. La navidad hindú suele caer en noviembre, y los fuegos artificiales de las fiestas llenan de pólvora el aire otoñal. La India respira mal, y entre el millón y medio de muertos anual por enfermedades respiratorias es muy probable que haya miembros de las castas superiores. Pero seguramente sean más los cadáveres entre los quinientos millones de personas que carecen de cobertura sanitaria en este campeón del crecimiento. El PIB no es la vida.

«¡Soy el dolor y la amargura de los bosques!», clama el enloquecido doctor Woodrue en los primeros números que hizo Alan Moore para resucitar La Cosa del Pantano. El villano quiere acabar con todos los seres vivos del planeta para que solo reinen las plantas. Pero cae en la realidad cuando descubre que el oxígeno puro, sin filtrar por los pulmones animales, también acabará con el reino vegetal. La Cosa del Pantano ve el mundo desde las ciénagas de Luisiana, esos lugares que nadie vigila. Como los pulmones de la pobreza, infantil y radiante entre los coches mientras Delhi crece hacia una riqueza irrespirable.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

Víctor García Guerrero

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